Roma, Historia Eterna

Roma, Historia Eterna

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Roma, Historia Eterna episodes

  • A069 Roma, Historia Eterna - República XLV (538 a.u.c. 2ª parte)
    Río Ebro.
    Los romanos comenzaron el asedio de una pequeña ciudad aliada de Cartago llamada Hibera, la más rica ciudad de aquel país.
    Sin embargo, Asdrúbal Barca no cruzó el río para saquear las posesiones romanas al otro lado ni tampoco acudió en ayuda de la ciudad de Hibera, sino que optó por asediar una ciudad aliada de los romanos, Dertosa (actual Tortosa).
    Comenzó la batalla de Dertosa (Tortosa).
    La infantería romana contó con las legiones 5ª y 6ª romanas (unos 10.000 soldados), más otros 18.000 combatientes itálicos aliados, mientras que la caballería sumó 600 jinetes romanos y 1.800 itálicos, y, además, ambas fueron auxiliadas por un contingente de tropas hispanas compuesto por 2.000 hombres de infantería y 400 de caballería pesada.
    Asdrúbal Barca tuvo 15.000 infantes libios-fenicios, 1.000 mercenarios (en su mayoría ligures procedentes de Italia) y 8.000 soldados hispanos de infantería, mientras que la caballería la formaron 450 soldados libios-fenicios, 1.200 soldados de caballería pesada hispanos y 2.300 jinetes númidas, y, además, se valió de 20 elefantes de guerra y 1.000 honderos baleares.
    El peso de la lucha cayó ahora sobre las alas, pues los elefantes cartagineses ubicados en las alas cargaron contra la caballería romana itálica, sin obtener ventaja alguna, puesto que la caballería romana logró mantener la formación y los elefantes dejaron de ser relevantes durante la batalla.
    La infantería cartaginesa presionó por la derecha y la infantería africana por la izquierda a la infantería romana, y lentamente ambas alas giraron para desbancar a la infantería romana por sus flancos.
    Los romanos, puesto en fuga el centro de Asdrúbal Barca, obtuvieron ventaja tanto en número como en fortaleza y se mostraron superiores tanto en caballería como en infantería.
    La caballería cartaginesa, desalentada por la huida de la infantería hispana, dejó de luchar contra los romanos y abandonó el campo de batalla, y ambas alas del frente cartaginés.
    Los romanos consiguieron apoderarse del campamento cartaginés poco después de que Asdrúbal Barca evacuara del mismo a sus soldados a toda prisa.
    El despacho del procónsul romano en Hispania, enviado al Senado romano, produjo en Roma una confortable satisfacción no tanto por la victoria sino por el fin de la marcha de Asdrúbal Barca hacia Italia, impidiendo el paso de los refuerzos deseados y esperados por Aníbal.
    Italia.
    Sur de Italia.
    Una flota de 24 buques el Senado romano le asignó a Quinto Fulvio Flaco, el pretor urbano, para la defensa de la costa cercana a Roma. Quinto Fulvio Flaco, el pretor urbano, designó comandante de la referida legión a Tito Manlio Torcuato, que partió para Cerdeña.
    Macedonia.
    Desembarazándose de esa escolta romana, Jenófanes cruzó Campania y llegó al campamento de Aníbal.
    Una vez terminada la guerra, toda Italia, incluyendo la propia Roma y el botín quedarían en poder de los cartagineses y de Aníbal, y sometida completamente Italia, los cartagineses irían navegando hasta Grecia y harían la guerra a cuantas naciones desease el rey, quedando en poder del reino de Filipo 5º las ciudades de tierra firme y las islas fuera de Macedonia.
    Los embajadores tanto macedonios como cartagineses fueron apresados y trasladados a Roma.
    Cerdeña.
    El pretor, Quinto Mucio Escévola, fue destinado a Cerdeña.
    Compuso un ejército de 22.000 infantes y 1.200 jinetes y atacó al enemigo.
    Tras la batalla murieron 3.000 sardos.
    La flota cartaginesa llegó a Cerdeña y Tito Manlio Torcuato se retiró a Carales (Cagliari).
    Aquella batalla fue gloriosa y memorable por la captura del general en jefe, Asdrúbal el Calvo, y también la de Hannón y Magón, dos nobles cartagineses.
    Sicilia.
    El pretor, Apio Claudio Pulcro, fue enviado a Sicilia, donde ejerció su gobierno poco eficazmente.
    Italia.
    El Brucio.
    Esta fue la única vez que Aníbal recibió refuerzos de Cartago en tierras itálicas.
    Sin embargo, los locros cerraron las puertas de la ciudad a los romanos.
    A la llegada del otoño fue devuelto Hannón el viejo y su ejército al Brucio.
    Italia.
    Campania.
    El cónsul, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, cruzó el río Volturno y atacó ciudades campanas, cuyas guarniciones redujo.
    Se ha reseñado que las fuerzas cartaginesas en Italia recibieron de Cartago el envío de 6.000 infantes, 4.000 jinetes y 20 elefantes, trasladados por Bomílcar.
    Aníbal primeramente propuso al Senado de la ciudad de Nola abrir las puertas a cambio de no tomar la ciudad por la fuerza.
    Al ser rechazada su propuesta rodeó la ciudad preparándose para un ataque general.
    Al tercer día, viendo el procónsul, Marco Claudio Marcelo que una parte de los cartagineses salieron a forrajear, sacó a sus tropas, presentando batalla y marchando hacia el campamento cartaginés.
    Aníbal mandó a llamar a los que están forrajeando mientras el resto de su ejército salió a dar batalla.
    Se inició la segunda batalla de Nola.
    Entonces el procónsul, Marco Claudio Marcelo, formó su línea de batalla y se enfrentó a Aníbal, que no rehusó.
    Murieron más de 5.000 cartagineses, 600 fueron hechos prisioneros y se capturaron dos elefantes.
    Los romanos tuvieron menos de 1.000 muertos.
    Aníbal abandonó la zona y se dirigió a Apulia y acampó en la ciudad de Arpi, ordenando a Hannón el viejo que regresara al Brucio con las tropas que trajo.
    África.
    Asdrúbal Barca, que fue llamado por Cartago, acudió desde Hispania al norte de África para hacer levas y recomponer su diezmado ejército.
    Hispania.
    Cuando llegaron los suministros solicitados por el procónsul romano a Hispania, la ciudad de Iliturgi, aliada de Roma, fue atacada por los cartagineses, porque sembró un peligro inminente para la causa púnica en la Península Ibérica.
    Asdrúbal, el hijo de Giscón, denominado, Asdrúbal Giscón para no confundirlo con Asdrúbal Barca, quedó al frente de las tropas cartaginesas en Hispania, secundado por Magón Barca y Aníbal, el hijo de Bomílcar.
    Los nuevos refuerzos de reestructuraron en tres cuerpos de ejército al mando respectivamente de los generales cartagineses mencionados anteriormente.
    Asdrúbal Giscón, atacó con los recientes refuerzos venidos de Cartago, bajo el mando de Magón Barca.
    Se enfrentaron aquel día 60.000 cartagineses y cerca de 16.000 romanos.
    Los romanos vencieron y, tras levantar así el sitio de Iliturgi, los ejércitos cartagineses marcharon hacia Intibilis.
    Italia.
    El Brucio.
    Los brucios, se quejaron ante los cartagineses de que las ciudades de Rhegium (Reggio) y Locres (Locri), cuyo botín se les prometió, permanecieron intactas.
    Sicilia.
    Siracusa.
    Triunfó en la ciudad la facción pro cartaginesa y, forzado por sus consejeros, el joven rey firmó una alianza con Cartago.
    Roma.
    36 min
  • A068 Roma, Historia Eterna - República XLIV (538 a.u.c. 1ª parte)
    1ª parte
    215 antes de Cristo o 538 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Lucio Postumio Albino, por 3ª vez, y Tiberio Sempronio Graco.
    Son nombrados procónsules Cayo Terencio Varrón, Publio Cornelio Escipión, Cneo Cornelio Escipión Calvo y Marco Claudio Marcelo.
    Son nombrados pretores Marco Valerio Levino, por 2ª vez, Apio Claudio Pulcro, Quinto Fulvio Flaco y Quinto Mucio Escévola.
    Son nombrados propretores Manio Pomponio Matón y Marco Claudio Marcelo.
    Es nombrado edil curul Quinto Fabio Máximo.
    A continuación, se eligió a los pretores que fueron Marco Valerio Levino (pretor peregrino), por 2ª vez, Apio Claudio Pulcro, Quinto Fulvio Flaco (pretor urbano) y Quinto Mucio Escévola.
    El hijo de Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, Quinto Fabio Máximo, fue nombrado edil curul.
    El jefe de la caballería y nuevo cónsul electo, Tiberio Sempronio Graco, se quedó en Roma, porque en pocos días tomaría posesión del cargo consular, y prefirió consultar al Senado sobre el alistamiento y equipamiento de los ejércitos futuros. El propretor, Marco Claudio Marcelo, fue el alma de esta nueva guerra.
    Aníbal, durante el invierno, consiguió reclutar 14.000 campanos y 15.000 brucios, con lo que sus fuerzas alcanzaron los 60.000 efectivos. Evidentemente el ejército principal de Aníbal campañeó en Campania tras haber invernado en Capua.
    Aníbal se retiró ahora a su campamento en los montes Tifata, sobre Capua.
    Macedonia.
    Galia.
    Galia Cisalpina.
    La mayor parte de su ejército fue aniquilado.
    Fue allí donde cayó el cónsul, Lucio Postumio Albino, mientras luchaba desesperadamente para evitar ser capturado.
    Se informó de que Lucio Postumio Albino, el cónsul electo, y su ejército fue aniquilado en la Galia.
    Roma.
    Cuando llegó la noticia del desastre de la Galia cisalpina, el cónsul, Tiberio Sempronio Graco, convocó al Senado, que decidió suspender la campaña militar en el territorio galo durante aquel año y asignar el ejército del dictador, Marco Junio Pera, al cónsul citado.
    Las tropas del propretor, Marco Claudio Marcelo, que escaparon de la muerte en Cannas y los menos aptos del ejército del dictador, se destinaron a Sicilia para servir allí el tiempo que la guerra durase en Italia.
    Pero Marco Claudio Marcelo regresó a Roma, porque el Senado dio aviso de la celebración de elección de un cónsul en sustitución de Lucio Postumio Albino.
    Marco Claudio Marcelo fue el cónsul elegido por unanimidad, y aprestado a tomar posesión de su magistratura en seguida.
    Marco Claudio Marcelo renunció a su elección como cónsul sufecto y, en su lugar, fue nombrado Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, por 3ª vez, como cónsul sufecto de Lucio Postumio Albino.
    Los cónsules dividieron los ejércitos consulares entre ellos.
    El ejército ubicado en Teanum Sidicinum (Teano), bajo el mando del dictador, Marco Junio Pera, pasó a manos del nuevo cónsul, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, y, su colega, Tiberio Sempronio Graco, se hizo cargo de las legiones conformadas por los esclavos voluntarios de allí y de 25.000 soldados auxiliares, proporcionados por los aliados.
    Por otra parte, las legiones venidas desde Sicilia se asignaron al pretor Marco Valerio Levino y al ahora procónsul, Marco Claudio Marcelo, se le envió con el ejército acampado en Suessula (Arienzo) para proteger Nola.
    África.
    Cartago.
    Nefastas noticias sobre Hispania llegaron a Cartago.
    Magón Barca fue enviado con su flota y el ejército mencionado a Hispania.
    Italia.
    El Brucio.
    Sometida la ciudad de Strongoli, Aníbal trasladó su ejército ubicado en los montes Tifata, cercanos a la ciudad de Capua, a Cosentia (Cosenza).
    Italia
    Campania.
    La lucha tomó otro aspecto: el procónsul, Marco Claudio Marcelo, excelente militar, y los cónsules Tiberio Sempronio Graco, que se distinguió, en la campaña anterior, como jefe de caballería a las órdenes del ex dictador, Marco Junio Pera, y el viejo Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator se pusieron a la cabeza de tres ejércitos cuya misión fue envolver a Capua y a Aníbal.
    El procónsul, Marco Claudio Marcelo, apostó su ejército en Nola y en Suessula (Arienzo); los cónsules, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, en Cales (Calvi Risorta), en la ribera derecha del Volturno, y Tiberio Sempronio Graco, en Liternum (Literno) en la costa, desde donde cubrió Nápoles y Cumas.
    Sin más reparos, los cumanos alertaron al cónsul, Tiberio Sempronio Graco, detallándole el lugar del encuentro.
    Los campanos por su parte estaban acampados junto a Hamas, pero secretamente escondieron un ejército de 14.000 hombres al mando de su jefe Mario Alfio.
    La misma noche del ritual del acto religioso el cónsul romano ordenó el asalto del campamento enemigo, consiguiendo tomarlo, dando muerte a 2.000 hombres incluidos su jefe.
    Luego se dirigió a Cumas, temiendo la reacción de Aníbal que acampaba con su ejército en los montes Tifata, cerca de Capua.
    Reorganizado el ejército cartaginés, Tiberio Sempronio Graco replegó rápidamente a sus soldados para evitar un contraataque refugiándose tras la muralla de la ciudad.
    Finalmente Aníbal retornó a los montes Tifata.
    Tiberio Sempronio Graco volvió a Cumas después de la batalla.
    Italia.
    Apulia.
    Fijó su residencia en Luceria (Lucera) en Apulia un ejército romano a las órdenes del pretor, Marco Valerio Levino.
    29 min
  • A067 Roma, Historia Eterna - República XLIII (537 a.u.c. 2ª parte)
    ROMA
    Período republicano (del 509 al 27 antes de Cristo
    o del 244 al 726 ab urbe condita).
    Galia Cisalpina.
    Dirigió su ejército, compuesto por dos legiones más los refuerzos de los aliados (socii), contra los galos boyos, que se levantaron contra Roma y se declararon aliados de Aníbal.
    Italia.
    Apulia.
    Con la derrota romana en Cannas, Roma quedó expedita para conquistarla, pues solo contó con dos legiones urbanas para su defensa.
    Maharbal, hijo de Himilcón, uno de los generales preferidos de Amílcar Barca y amigo y compañero de armas de Aníbal, desde las guerras hispanas, y el mejor jefe de su caballería, quedó consternado, después de conocer la negativa del general cartaginés a trasladarse a las puertas de Roma para subyugarla.
    Italia.
    Campania.
    La otra parte del ejército cartaginés la dirigió hacia la ciudad de Nápoles por ser una ciudad con acceso al mar, pero las grandes murallas napolitanas desalentaron a los púnicos iniciar el asedio.
    Capua, entregada a Aníbal, no solo fue la principal ciudad de la Campania, sino que, ahora, que el poder de Roma quedó destrozado en Cannas, fue también la capital de Italia. Italia.
    Magón Barca, al mando de una parte del ejército púnico, vencedor de Cannas, avanzó desde Apulia hasta el Brucio (Bruttium), donde moró durante algunos días para recibir en alianza a los pueblos brucios que se rebelaron con éxito contra Roma.
    África.
    Cartago.
    Magón Barca le respondió negativamente.
    También se destinó a Bóstar junto a Magón Barca a Hispania para alistar 20.000 hombres de infantería y 4.000 de caballería para compensar las pérdidas de los ejércitos de Italia e Hispania.
    Hispania.
    En Hispania, la guerra favorecía a los procónsules romanos Publio Cornelio Escipión, que operó por mar, y Cneo Cornelio Escipión Calvo, por tierra.
    Justo después de esta batalla Asdrúbal Barca recibió una orden de Cartago para que llevase su ejército, tan pronto como pudiera, a Italia.
    Italia.
    Sur de Italia.
    Enterados de que el cónsul, Cayo Terencio Varrón, vivía, enviaron un mensajero para ponerse bajo sus órdenes.
    Italia.
    Apulia.
    Unos 4.500 soldados de infantería y caballería acudieron a Venusia (Venosa) para reunirse con el cónsul.
    Después de aquella batalla, la célebre batalla de Cannas, gran parte del Samnio y muchas ciudades de Apulia y algunos centros de Campania, entre ellos Capua, ciudad que arrastró a Atella y a Calatia, sus vecinas, se ofrecieron a Aníbal, quien desplegó una intensa labor diplomática en el sur de Italia aprovechando el efecto de su victoria. Los adversarios de Aníbal en Cartago no dejaron de hacer ver en pleno Senado cartaginés que no se pasaron a su bando ningún ciudadano romano y ninguna ciudad latina. Roma.
    Apulia, el Samnio y casi toda Italia sucumbieron al prestigio de Aníbal.
    Publio Furio Filo, pretor urbano, y Manio Pomponio Matón, pretor peregrino, convocaron una reunión del Senado en la curia Hostilia para tomar medidas respecto a la defensa de Roma.
    Llegó finalmente un despacho del cónsul, Cayo Terencio Varrón, informando a groso modo todo lo ocurrido desde la batalla de Cannas hasta ahora.
    El pretor, Marco Claudio Marcelo, destinado en Ostia para preparar una flota, por orden senatorial, envió desde Ostia a 1.500 hombres pertenecientes a dicha flota y, por adelantado, la 3ª legión, al mando de tribunos militares a Teanum Sidicinum (Teano).
    Por la autoridad de los patres (padres), se nombró dictador a Marco Junio Pera y jefe de la caballería a Tiberio Sempronio Graco.
    Llegó a Roma Cartalón, un noble cartaginés, que fue enviado por Aníbal para sondear el sentir de los senadores y, si se inclinaban por la paz, proponer los términos.
    No obstante, el dictador, Marco Junio Pera, admitió a los delegados de los prisioneros a una audiencia del Senado.
    Pero el Senado insistió en oponerse al rescate porque no deseaba enriquecer a Aníbal que, según los rumores, estaba particularmente necesitado de dinero.
    El dictador Marco Junio Pera partió así de Roma con 25.000 hombres.
    Italia.
    Aníbal, después de hacerse cargo de Capua y de fracasar en sus intentos contra Nápoles, ocupado por un prefecto romano, Marco Junio Silano, invitado por los napolitanos para que los auxiliase, marchó hacia el territorio de Nola, donde parte del Senado y sus líderes continuaban siendo fieles aliados de Roma, mientras que la plebe ansiaba abrazar la alianza con Aníbal.
    El pretor, Marco Claudio Marcelo, al mando del destruido ejército consular ubicado en Casilinum (Casilino), la Campania, marchó hacia Suessula (Arienzo) dirección a Nola.
    Aníbal abandonó Nola y marchó a Nuceria (Nocera Superior), ciudad que arrasó y, para mantener su fama, ofertó a los rendidos formar parte de sus filas.
    El pretor, Marco Claudio Marcelo mantuvo su posición en Nola y Aníbal apareció antes sus puertas.
    Ambos ejércitos empezaron a formar para la batalla, la primera batalla de Nola.
    Aníbal marchó después a Casilinum (Casilino) como consecuencia de la información que recibió sobre la marcha del dictador, Marco Junio Pera, hacia Capua con sus legiones.
    Tiberio Sempronio Graco, el jefe de la caballería, ejerció el mando en el campamento romano, cerca de Canusium (Canosa di Plegia), pues el dictador, Marco Junio Pera, tuvo que partir hacia Roma para tomar nuevos auspicios.
    La ciudad de Casilinum (Casilino) fue devuelta a los campanos, y se estableció en la misma una guarnición de setecientos hombres del ejército de Aníbal, por si los romanos la atacaban tras la partida del cartaginés, y marchó con su ejército a su cuartel de invierno en Capua.
    Roma.
    Se leyó en el Senado que Publio Furio Filo llegó a Lilibeo (Marsala), enviado por Tito Otacilio Craso, el propretor al mando en Sicilia que estaba gravemente herido y que su vida corría gran peligro.
    Los hombres designados fueron triumviri mensarii: Lucio Emilio Papo, que había sido cónsul y censor, Marco Atilio Régulo, que había sido dos veces cónsul, y Lucio Escribonio Libón, uno de los tribunos de la plebe, Marco y Cayo Atilio Régulo, dos hermanos, fueron designados para dedicar el templo de la Concordia que Lucio Manlio Torcuato había prometido durante su pretura.
    Se eligieron también tres nuevos pontífices: Quinto Cecilio Metelo, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator y Quinto Fulvio Flaco, en sustitución de Publio Escantinio, que había muerto y de Lucio Emilio Paulo, el cónsul, y de Quinto Elio Peto, ambos caídos en Cannas. Dando cumplimiento al deseo unánime, el asunto fue presentado por el pretor, Marco Emilio Lépido, en ausencia del dictador, Marco Junio Pera, que marchó a reunirse con el ejército tras la pérdida de Casilinum (Casilino).
    Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator se opuso a llenar con latinos las vacantes que la guerra había dejado en el Senado.
    El cónsul, Cayo Terencio Varrón, que dejó una guarnición en Apulia, regresó a Roma a marchas forzadas.
    Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator dio gracias al cónsul por su regreso y le aconsejó las medidas defensivas que el Senado aprobó para afrontar los ataques de Aníbal. Fue propuesto para el cargo por el cónsul, Cayo Terencio Varrón, y, junto con Marco Junio Pera, el otro dictador.
    Marco Fabio Buteón fue nombrado dictador, legendo senatui, sin un jefe de la caballería, magister equitum, con el propósito específico de cubrir las vacantes que se produjeron en el Senado tras la batalla de Cannas.
    Acompañado por sus lictores, Marco Fabio Buteón pronunció un discurso:
    Después de haber leído los nombres del antiguo Senado, Marco Fabio Buteón empezó su selección. Nombró 177 nuevos miembros para el Senado.
    La noche siguiente, el cónsul, Cayo Terencio Varrón, regresó de nuevo junto al ejército, sin permitir que el Senado lo supiera, ya que no quería ser detenido en la Ciudad por las elecciones.
    Sicilia.
    Siracusa.
    Cartago.
    Las arcas del general cartaginés empezaron a vaciarse.
    42 min
  • A066 Roma, Historia Eterna - República XLII (537 a.u.c. 1ª parte)
    Son nombrados cónsules Lucio Emilio Paulo y Marco Terencio Varrón.
    Es nombrado dictador Marco Junio Pera.
    Es nombrado dictador Marco Fabio Buteón.
    Es elegido pontífice máximo Quinto Cecilio Metelo.
    Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, miembro del colegio augural, fue elegido pontífice.
    Son nombrados pretores Marco Claudio Marcelo, Lucio Postumio Albino, Publio Furio Filo y Manio Pomponio Matón.
    Son nombrados tribunos de la plebe Lucio Escribonio Libón, Marco Minucio y Quinto Bebio Herenio.
    El aristócrata Lucio Emilio Paulo y el homo novus y enfebrecido belicista, Marco Terencio Varrón, ocuparon la principal magistratura: el consulado.
    Apulia.
    El ejército de Aníbal ascendió a diez mil caballos; pero su infantería apenas llegaba a cuarenta mil hombres.
    El cónsul, Lucio Emilio Paulo, partió de Roma acompañado por los más notables hombres de entre los patricios y el cónsul plebeyo, Cayo Terencio Varrón, marchó de la ciudad romana, asistido por sus plebeyos amigos, más notables por su número que por la calidad.
    Su unión elevó el ejército romano a ochenta mil hombres de a pie, la mitad ciudadanos romanos y la otra mitad confederados, y a seis mil caballos, pertenecientes una tercera parte a los romanos y las otras dos a la confederación; a saber, 8 legiones (la 1ª, 2ª, 12ª, 13ª, 14ª, 15ª, 16ª y 17ª) 40.000 legionarios y otros 40.000 aliados y confederados, 2.000 jinetes romanos y 4.800 itálicos.
    Los cónsules ejercieron el mando en días alternos y un día, cuyo turno correspondió a Lucio Emilio Paulo, unas partidas de romanos ahuyentaron a unos forrajeadores púnicos, librándose un confuso combate sin un plan previo ni órdenes concretas, donde las pérdidas púnicas ascendieron a 1.700 mientras que los romanos fueron solo cien hombres.
    El cónsul, Lucio Emilio Paulo, retuvo a los vencedores romanos, que perseguían al enemigo en gran desorden, pues temió una emboscada. Unos exploradores romanos reconocieron el campamento abandonado de Aníbal e informaron a los cónsules que el enemigo huyó, pero abandonó muchas de sus pertenencias.
    El cónsul, Cayo Terencio Varrón, exigió que se diera la orden de avanzar y su colega, Lucio Emilio Paulo, pidió a los exaltados legionarios ser cautos y prudentes.
    También llegaron a Cannas los cónsules romanos con un ejército de unos 88.000 soldados, unas 16 legiones, y establecieron campamentos uno en cada una de las orilla del río Aufidus (actual Ofando).
    Los romanos no siguieron los deseos del general cartaginés, que finalmente retiró el grueso de su ejército a su campamento, mientras los númidas atacaron a un grupo de aguadores romanos, que se pusieron en fuga hacia su campamento.
    Como este día, 1 de agosto, el mando lo ostentaba el cónsul Lucio Emilio Paulo, el ejército romano mantuvo la compostura y no atacó al enemigo.
    Al día siguiente, 2 de Agosto, a orillas del río Ofando, se dio la célebre batalla de Cannas, en la Apulia meridional, cuando el mando correspondió al cónsul, Cayo Terencio Varrón, cuyas tropas romanas, ubicadas en el campamento mayor, cruzaron el río en formación de combate.
    Luego, las tropas del campamento menor romano completaron el frente de combate, unos 78.000 soldados, pues 10.000 quedaron repartidos entre ambos campamentos para su defensa.
    A la derecha del avance romano quedó la orilla del río Aufidus (Ofando), situando allí la caballería romana, al mando del cónsul, Lucio Emilio Paulo, unos 2.400 jinete romanos y, luego, en el centro la infantería, unos 72.000 hombres entre romanos y aliados, formado por dos bloques en líneas cerradas, el de la primera línea, la infantería ligera delante, vélites y lanzadores de jabalinas, y el de la segunda línea, la infantería pesada detrás, hastados, príncipes y triarios, que solo la mitad tenían experiencia de otras batalla, todos al mando del procónsul, Cneo Servilio Gémino, y en el extremo izquierdo, la caballería aliada, unos 3.600 jinetes itálicos, al mando del cónsul, Cayo Terencio Varrón.
    Los romanos quisieron que las legiones tuvieran la profundidad necesaria para perforar la infantería pesada cartaginesa.
    Las dos líneas principales de infantería estuvieron protegidas por la caballería en las alas, los jinetes romanos en el ala derecha y la caballería italiana aliada en el ala izquierda.
    Los cartagineses, que dejaron 8.000 galos protegiendo el campamento, colocaron sus tropas del modo siguiente: a la izquierda de la orilla del río Aufidus (Ofando), la caballería pesada de galos e hispanos, al mando de Asdrúbal (no confundir con su hermano Asdrúbal Barca), frente a la caballería del cónsul, Cayo Terencio Varrón, en el centro, a la infantería menos aguerrida de hispanos y galos, flanqueada a derecha e izquierda por los infantes veteranos libios, al mando del propio Aníbal y de su hermano Magón Barca, y a la derecha, la caballería ligera de númidas, al mando de Maharbal, frente a la caballería del cónsul, Lucio Emilio Paulo.
    Acto seguido, los romanos atacaron la línea cóncava del centro cartaginés, que, poco a poco, fue cediendo terreno, curvándose hacia atrás.
    Los romanos se adueñaron del espacio central que los cartagineses desocuparon, retrocediendo.
    La presión del centro romano, la infantería romana, configuró ahora un frente de combate compuesto por dos líneas paralelas curvas, una la romana, empujando, y otra la del centro cartaginés, que abandonó su posición inicial, conteniendo.
    La caballería de galos e hispanos del ala izquierda cartaginesa, ubicada junto a la orilla del río, al mando de Asdrúbal, se enfrentaron a la caballería romana del cónsul, Lucio Emilio Paulo, que quedó rápidamente derrotada y puesta en fuga.
    La caballería númida del ala derecha cartaginesa encontró fuerte resistencia en la caballería de los aliados itálicos del cónsul, Cayo Terencio Varrón.
    Ahora la caballería cartaginesa de Asdrúbal y Maharbal, que puso en fuga a la romana del cónsul, Cayo Terencio Varrón, tuvo el campo libre para dirigirse a cerrar el cerco y atacar la espalda de la infantería romana.
    El cónsul, Cayo Terencio Varrón, escapó junto con 50 jinetes a Venusia (Venosa).
    En la batalla, estratégicamente perfecta por parte cartaginesa, según Tito Livio, pereció el cónsul, Lucio Emilio Paulo, y 45.500 soldados de infantería y 2.700 de caballería, casi en la misma proporción romanos que aliados itálicos y los prisioneros ascendieron a 3.000 infantes y 1.500 jinetes.
    34 min
  • A065 Roma, Historia Eterna - República XLI (536 a.u.c. 3ª parte)
    3ª parte
    217 antes de Cristo o 536 ab urbe condita.
    Ambos ejércitos partieron desde Cartago Nova hacia el Ebro. Con treinta y cinco barcos navegó al encuentro del enemigo que, según exploradores romanos, tenía la flota anclada en la desembocadura del río Ebro.
    Desde aquí, la flota romana navegó de regreso y todos los pueblos de la zona del Ebro reconocieron la supremacía de Roma y entregaron rehenes.
    El encuentro no decidió la situación, puesto que, si bien en el mar, Cneo Cornelio Escipión Calvo pudo ahora moverse libremente, el poderoso ejército púnico siguió intacto. Sicilia.
    Mientras sucedían durante el verano estos acontecimientos, el cónsul, Cneo Servicio Gémino, que dejó el mando de su ejército consular en manos del dictador, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, asumió el mando de la flota romana, supervisando la defensa costera y las batallas navales en Sicilia, Córcega y la costa norteafricana.
    Italia.
    Campania.
    Aníbal, en respuesta, se trasladó cerca del campamento romano con dos tercios de su ejército, y construyó un campamento temporal, ocupando una colina, situada encima del campamento romano y apostando allí 2.000 lanceros.
    Marco Minucio Rufo atacó y expulsó a los lanceros cartagineses y estableció su nuevo campamento en lo alto de la colina. Marco Minucio Rufo decidió retirarse a su campamento, logrando con esta pequeña batalla infligir muchas bajas a los cartagineses, y consiguiendo que Aníbal abandonase el campamento temporal para retirarse al original de Geronium.
    Ambos ejércitos tuvieron considerables pérdidas: los romanos 5.000 y los cartagineses 6.000.
    Fue la primera vez que Aníbal se retiró en una escaramuza de importancia, y la primera vez también que se vio obligado a ceder la iniciativa a su enemigo desde que empezó la segunda guerra púnica.
    Roma.
    Según unas fuentes, un tribuno de la plebe, Marco Metilio o, según otras, el ex pretor mencionado, Cayo Terencio Varrón, propusieron nombrar dictador a Marco Minucio Rufo.
    El citado proyecto de ley se convirtió rápidamente en ley, sucediendo por primera vez en la República romana que dos personas al mismo tiempo ostentaran el rango de dictador romano; a saber, el magister equitum, Marco Minucio Rufo, como reciente dictador, y el ya dictador, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator.
    Italia. En la Campania, el dictador, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, al retornar al lugar donde acampaba su ejército, opinó que Marco Minucio Rufo y él alternasen en el mando en días alternativos, o que se dividiese el ejército en dos mandos independientes.
    El reciente dictador, Marco Minucio Rufo, eligió dividir el ejército, haciéndose él cargo de las legiones número II y III y de otras dos legiones conformadas por aliados.
    Acampó a una milla y media al sur del campamento de su colega, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, posiblemente en el mismo lugar en el que situó Aníbal su campamento temporal.
    Cuando Aníbal fue informado de la división del ejército romano, planeó atrapar y destruir al comandado por el dictador, Marco Minucio Rufo.
    Excitado por la distinción recibida, Marco Minucio Rufo aceptó con entusiasmo una batalla que le ofreció Aníbal.
    El dictador vio a los cartagineses desplegados en la colina y envió rápidamente a sus vélites (infantería ligera) para expulsarles de allí.
    Aníbal aguantó el empuje romano, hasta que Marco Minucio Rufo dio la orden a la caballería romana e italiana ascender la colina.
    Marco Minucio Rufo envió a sus cuatro legiones.
    Los dos ejércitos romanos se reagruparon y los cartagineses, entre ambos frentes, comenzaron a retirarse.
    Aníbal ordenó retirarse de la batalla hacia su campamento, porque luchar contra un enemigo superior es sufrir un desgaste innecesario.
    Si bien, los cartagineses lograron infligir duras pérdidas a los romanos, que solo la rápida salida del campamento y la pronta llegada al combate del dictador, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, les salvó de un nuevo desastre militar. Aníbal invernó en la fértil provincia de Apulia.
    Cuando el mandato de Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator como dictador expiró en noviembre, el ejército quedó de nuevo al mando de los dos cónsules anuales, Cneo Servilio Gémino y Marco Atilio Régulo, Aníbal de nuevo demostró su gran capacidad en entender el carácter de sus oponentes y preparó un nuevo plan táctico para tomar ventaja de la nueva situación. Roma.
    Además, otra legión al mando del pretor.
    Ante esta aseveración fue imposible nombrar a un nuevo dictador.
    El Senado pensó que era mejor que un cónsul nombrase un dictador con el propósito de celebrar lsa deseadas elecciones.
    25 min
  • A064 Roma, Historia Eterna - República XL (536 a.u.c. 2ª parte)
    ROMA
    Período republicano (del 509 al 27 antes de Cristo
    o del 244 al 726 ab urbe condita).
    Nuevos hechos destacados del año:
    Roma.
    En Roma se prepararon para una lucha desesperada.
    Aunque Aníbal logró su propósito y estuvo a tan solo tres días de Roma, se percató de que la ciudad romana no podía ser destruida de un solo golpe, defendida por un formidable recinto amurallado de 11 kms.
    El mismo día de su toma de posesión, el dictador convocó una reunión del Senado, dirigida a tratar asuntos religiosos.
    Para superar el pesimismo del momento, el dictador Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, pagando tributo a la superstición popular con ceremonias religiosas y aprestándose a la lucha con el reclutamiento de las dos nuevas legiones mencionadas, se decretó que él debía hacerse cargo del ejército del cónsul, Cneo Servilio Gémino, y que, además, podría alistar de entre los ciudadanos y los aliados tanta caballería e infantería como considerase necesaria.
    Luego, añadió dos legiones al ejército del referido cónsul, alistadas por el jefe de la caballería.
    Marco Atilio Régulo fue nombrado cónsul sufecto (consul suffectus), por 2ª vez, en sustitución de Cayo Flaminio Nepote, tras su muerte en la batalla del Lago Trasimeno.
    Continuó la guerra contra Aníbal, junto con su colega, Cneo Servilio Gémino, en los principios de la dictadura de Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator.
    Italia.
    Aníbal llegó, pues, a Spoletum en la Umbría, y, tras devastar la comarca, atacó la ciudad, cuyo asalto fue repelido con grandes pérdidas, circunstancia que le hizo conjeturar sobre las dificultades que la toma de Roma acarrearía.
    El dictador, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, marchó por la vía Flaminia para encontrarse con el cónsul, Cneo Servilio Gémino.
    Desde Tibur (Tívoli) avanzó a Praeneste (Palestrina) y, tomando una ruta campo a través, salió a la vía Latina hacia Apulia, en seguimiento de Aníbal.
    El general samnita, Numerio Decimio, se unió al ejército del dictador, aportando 8.000 infantes y 500 jinetes.
    El problema de avituallamiento se agudizó y debilitó la posición del caudillo púnico en la zona, porque el dictador, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, daba ánimos a las ciudades a cerrar las puertas a Aníbal y éste no contó con almacenes suficientes para el abastecimiento del ejército.
    Aníbal sacó a sus hombres en orden de combate para ofrecerle batalla, pero, una vez más, el enemigo romano se mantuvo completamente tranquilo sin mostrar signos de inquietud en su campamento.
    Aníbal regresó al campamento, alarmado por la prudencia y la falta de determinación del dictador.
    Así el dictador realizó pequeños combates que envalentonaron a sus hombres y elevaron su moral.
    Aníbal hizo todo lo posible para provocar al dictador romano y para arrastrarlo a un enfrentamiento en campo abierto, conmovido por los insultos y los sufrimientos infligidos a sus aliados italianos.
    Como la política del dictador, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, comenzó a dar sus frutos, y el invierno llegó, Aníbal necesitó salir de Campania, donde el grano escaseaba y las ciudades fortificadas dificultaban la obtención de recursos, y adentrarse en otras regiones, donde sus movimientos fueran más operativos.
    El propio dictador custodió el paso entre Teanum (Teano) y Cales, por donde Aníbal entró a Campania, mientras que su magister equitum, Marco Minucio Rufo, se situó en Lautulae, sobre la vía Latina.
    Entonces, Aníbal acampó, finalmente, en el territorio daunio, cerca de Geronium, cuya ciudad se usó como un gran granero en el que almacenar el grano y dar cobijo al ganado, creando un campamento militar en el exterior para el ejército, y rodeando la ciudad y el campamento con una trinchera y una empalizada.
    El dictador, acto seguido, estableció su campamento en Larinum (actual Larino), 20 millas al sur.
    La credibilidad que pudiera suscitar la política de prudencia y acecho del dictador, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, se vino abajo.
    El dictador dejó a Marco Minucio Rufo, su magister equitum, al mando del ejército con las instrucciones de continuar con la estrategia habitual, porque tuvo que viajar a Roma, bajo pretextos religiosos, para atender una serie de deberes rituales así como, posiblemente, justificar políticamente su estrategia, que no favorecía su cargo y comenzaba a ser muy impopular.
    23 min
  • A063 Roma, Historia Eterna - República XXXIX (536 a.u.c. 1ª parte)
    ROMA
    Período republicano (del 509 al 27 antes de Cristo
    o del 244 al 726 ab urbe condita).
    Son nombrados cónsules Cayo Flaminio Nepote, por 2ª vez, y Cneo Servilio Gémino.
    Es nombrado dictador, Quinto Fabio Máximo Verrucoso Cunctator, por 2ª vez.
    Es nombrado dictador, Marco Minucio Rufo.
    Es designado jefe de la caballería, magister equitum, Marco Pomponio Matón.
    Es nombrado pretor, Marco Pomponio.
    El candidato a cónsul, Cayo Flaminio Nepote, celebró su elección bajo el cónsul Tiberio Sempronio Longo, que llegó a Roma tras la batalla del Trebia para oficiar las elecciones consulares y, tras hacerlo, volvió junto a su ejército en los cuarteles de invierno, con el cargo de procónsul. Se cuenta, que en lugar de someterse a los auspicios, el rito solemne, que se oficiaba en el Capitolio, el cónsul, Cayo Flaminio Nepote, escapó de Roma como un particular.
    Por otra parte, Publio Cornelio Escipión fue enviado a Hispania como procónsul, donde estaba su hermano Cneo Cornelio Escipión Calvo.
    Cronología de otros hechos históricos:
    Italia.
    Los dos cónsules, Cayo Flaminio Nepote y Gneo Servilio, obtuvieron los soldados necesarios para completar las cuatro legiones consulares, y recibieron un relativo aumento de jinetes para conformar la caballería.
    El cónsul, Cneo Servilio Gémino, comenzó a dirigir las operaciones militares contra Aníbal desde Ariminum (Rímini), para bloquear la marcha cartaginesa hacia la costa adriática, e impedir así el avance ulterior hacia Italia central por la vía Flaminia.
    El cónsul, Cayo Flaminio Nepote, vigiló la primera, la de Arretium (Arezzo) y su colega, Gneo Servilio Gémino, custodió la segunda, la de Ariminum (Rímini).
    Cayo Flaminio Nepote se hizo cargo de las dos legiones de Tiberio Sempronio Longo, el último cónsul, y de las dos de Cayo Atilio Régulo, el pretor, y comenzó su marcha hacia Etruria por los pasos de los Apeninos.
    Los historiadores difieren sobre el itinerario que realizaron tanto Aníbal como el cónsul, Cayo Flaminio Nepote.
    Según Zonaras, éste llegó a Ariminum, cuando Aníbal inició su marcha, mientras que Tito Livio señala que el cónsul procedió de Ariminum a Arretium (Arezzo) antes de que Aníbal comenzase a moverse, y, finalmente, Polibio añade que Cayo Flaminio Nepote partió desde Roma directamente a Arretium (Arezzo), y no menciona a Ariminum.
    Sin embargo, se puede conjeturar que Aníbal avanzó más al sur que el cónsul, Cayo Flaminio Nepote, que estuvo en Arretium (Arezzo), para cerrar los pasos del Apenino, que desembocaban en la costa tirrena, y, desde allí, salió en persecución del enemigo cartaginés, tal vez más imprudente que sabiamente.
    El cónsul, Cayo Flaminio Nepote, con el ejército de Etruria, continuaba aún en Arretium, pensando en partir en cuanto la estación lo permitiese, para ir a cubrir el valle del río Arno y bloquear la salida de los desfiladeros del Apenino por la parte de la actual Lucca, a orilla del río Auser (actual Serchio).
    Mientras el cónsul, Cayo Flaminio Nepote, dormitaba todavía muy tranquilo en Arretium, esperando que las vías del Apenino fuesen transitables para ir a cerrar los accesos, Aníbal se dedicó a investigar el estado de ánimo del jefe romano, sus planes y los recursos del país.
    El cartaginés descubrió que el cónsul evitaba el consejo tanto de los dioses como de los hombres y hacía gala de un carácter impetuoso y terco.
    Aníbal, dispuesto a irritarle y molestarle, dejó el campamento y saqueó ciertos distritos de Etruria.
    Pero el cónsul romano olvidó, como ya sucedió en sus campañas contra los galos ínsubros, seis años atrás, que los buenos soldados reparan muchas veces las faltas de sus generales.
    Aníbal, resuelto a desesperar al cónsul romano e incrementar su odio, realizó correrías entre Cortona y el lago Trasimeno y acampó con sus africanos e hispanos en un llano, cerca del lago, mientras que los baleares y el resto de la infantería ligera se ocultaron tras unas colinas y la caballería quedó apostada en la entrada de un desfiladero y tapada por otras colinas más bajas, a la espera de que el ejército del cónsul cruzara la angostura y permaneciera rodeado por la caballería púnica, el propio lago y las colinas referidas.
    Sin utilizar los exploradores para revisar el trayecto, el ejército del cónsul, Cayo Flaminio Nepote, pasó el desfiladero que conducía a la llanura anterior a las inmediaciones del lago Trasimeno y comenzó a desplegarse en orden de combate al comprobar que enfrente estaba el ejército púnico, desconociendo que el resto permanecía oculto a su retaguardia.
    En medio del pánico general, el cónsul animó a sus hombres y les ordenó aguantar y combatir.
    El cónsul, Cayo Flaminio Nepote, que destacaba por su armadura, fue avistado por un jinete galo ínsubro, que le hundió su lanza en el pecho.
    A la muerte del cónsul siguió una huida general, donde armas y hombres del ejército romano cayeron en desorden.
    Aníbal mantuvo esta promesa con su fidelidad púnica y encadenó a los romanos y despidió sin rescate a los prisioneros pertenecientes a los aliados romanos.
    Después del desenlace de la batalla de Trasimeno, los partidarios de Cayo Flaminio Nepote en el Senado comenzaron a perder influencia y los romanos principiaron temer una invasión de Roma por Aníbal.
    La famosa batalla del Trasimeno fue un desastre memorable como pocos para Roma.
    El anuncio de un nuevo desastre de la pérdida de cuatro mil jinetes de caballería, acontecido bajo el mando del propretor Cayo Centenio, enviados por el cónsul, Cneo Servilio Gémino, en auxilio de su colega, el cónsul fallecido, aceleró los temores de los romanos.
    Este humillante suceso se produjo, cuando el cónsul, Cneo Servilio Gémino, informado de la derrota de la batalla del lago Trasimeno, mandó a los citados jinetes romanos a la Umbría, donde fueron rodeados y capturados por Aníbal.
    31 min
  • A062 Roma, Historia Eterna - República XXXVIII (535 a.u.c. 3ª Parte)
    Norte de Italia.
    Cuando el cónsul, Publio Cornelio Escipión, regresó a Italia, tras el fracasado intento de detener a Aníbal en el Ródano, atravesó, sin esperar a su colega Tiberio Sempronio Longo, el río Po, la defensa más segura. El cónsul romano estableció su campamento en la margen derecha de uno de los afluentes del Po, el río Ticinus (Tesino).
    Estas fueron las únicas fuerzas romanas que encontró Aníbal después de cruzar los Alpes.
    El cónsul colocó a los lanzadores de jabalinas y a la caballería gala al frente, mientras que la caballería romana y la caballería pesada de los aliados quedaron como reserva.
    Aníbal formó su centro con su caballería con frenos y puso a los númidas en los flancos.
    El cónsul romano aceptó el combate sin temor y, a pesar de su inferioridad numérica.
    Los lanzadores de jabalina, su infantería ligera, colocada delante de la caballería romana, fueron los primeros en ser atacados por los jinetes númidas, conducidos por Aníbal y, tras el choque violento de la caballería pesada púnica, huyeron en desorden.
    El resto de las fuerzas romanas, con la caballería cerrada en torno al cónsul, protegiéndolo tanto con sus personas como con sus armas, fue envuelto por la caballería númida por el flanco y la espalda.
    La superioridad de la caballería púnica, en terreno favorable, no tardó en decidir el resultado de la batalla a favor de Aníbal.
    Ante el triunfo cartaginés, los restantes romanos se retiraron en orden al campamento.
    Los romanos fueron derrotados en la Batalla de Ticinus (Tesino), lo que llevó a todos los galos, excepto los cenómanos, a unirse a la insurgencia contra Roma.
    Además de derrotado junto al río Ticinus (Tesino), el cónsul, Publio Cornelio Escipión, fue también herido en dicha batalla. Las pérdidas de los romanos fueron considerables.
    Mientras Aníbal se preparó para dar una gran batalla a los osados enemigos, el cónsul romano pasó a la orilla derecha del Po, que nunca debió haber abandonado, mediante una marcha rápidamente concebida y ejecutada con gran acierto a la noche siguiente.
    Los soldados romanos recibieron la orden de recoger su impedimenta en silencio, alejarse del río Ticinus (Tesino) y dirigirse rápidamente al valle del Po hasta Plasencia (Piacenza), cruzando el puente de barcas que todavía estaba intacto, en perfecto orden y sin ser molestados por el enemigo púnico.
    Aníbal, que desconocía la huida del ejército romano, sorprendió a un destacamento de seiscientos hombres, que desmontaban uno de los extremos del puente de barcas, que unía ambas orillas del río Po.
    Luego levantó un campamento cerca del cuartel romano en las inmediaciones del río Trebia.
    Por otra parte, Aníbal no pudo avanzar más, y se vio obligado a acampar frente al ejército romano. Sicilia.
    Preferían que fuese más una batalla de naves que de soldados, porque su flota estuvo dotada de marineros, más que de soldados. La escuadra cartaginesa fue batida en las cercanías del puerto por la flota romana. Inmediatamente después de esta batalla, Tiberio Sempronio Longo, el cónsul destinado a Sicilia, llegó a Messana (Mesina).
    El cónsul navegó hacia Lilibeo, acompañado con su flota por el rey, Hierón 2º de Siracusa.
    El cónsul puso rumbo a Melita (Malta), isla en manos de los cartagineses.
    Habiendo quedado satisfecho al asegurar aquella parte de Sicilia, el cónsul navegó hasta la isla Vulcano, enterado de que la flota cartaginesa estaba anclada allí, pero no encontró al enemigo que ya partió hacia Italia.
    Italia.
    Sur de Italia, Lucania.
    Dicho territorio fue asolado por la flota cartaginesa.
    Galia Cisalpina.
    El cónsul, Tiberio Sempronio Longo, encargado del mando del ejército, mientras su colega, Publio Cornelio Escipión, se curaba de sus heridas, aunque, barajó la posibilidad de poder obtener la victoria para la República romana, no presentó orden de batalla, pues, además, estaba próximo a expirar el tiempo de su magistratura.
    El territorio entre el Trebia y el Po estuvo habitado por galos.
    El deseo de enriquecer a sus soldados con el botín, impulsaron a Aníbal a enviar dos mil soldados de infantería y mil de caballería, compuesta por galos y númidas, sobre todo por estos últimos, con órdenes de devastar todo el país, comarca tras comarca, hasta las mismas orillas del Po.
    Arrasó las aldeas de los galos que permanecieron fieles a los romanos.
    Aníbal estuvo ansioso por no perder tiempo para combatir a un ejército novato, sabiendo, además, que uno de sus dos mejores jefes romanos estaba incapacitado por su herida.
    Dispuso sus fuerzas en la llanura frente al río y envió la caballería númida para lanzar sus proyectiles sobre los puestos de vigilancia e incitar a los romanos, acuartelados en la otra orilla en inexpugnables posiciones, al combate. Por último, un día muy lluvioso, los romanos decidieron presentar resueltamente la batalla, comenzando así la batalla del Trebia.
    El cónsul, Tiberio Sempronio Longo, sacó toda su caballería para cubrir el ataque númida, porque confiaba en ella.
    Finalmente las tropas del cónsul, Tiberio Sempronio Longo, llegaron fatigadas, hambrientas y mojadas y se situaron precipitadamente en orden de batalla, la caballería en las alas, según costumbre, y la infantería en el centro.
    Las tropas ligeras, ubicadas en la vanguardia de ambos ejércitos, comenzaron el combate, iniciándose la batalla de Trebia.
    Lo mismo hizo la caballería romana en las alas, oprimida de frente por los elefantes, y atacada de flanco por la caballería de Aníbal, mucho más numerosa.
    Con todo, la infantería romana se mostró digna de su nombre, combatiendo contra la infantería enemiga con marcada superioridad, aun después de que su caballería derrotada cediese el campo a las tropas ligeras de Aníbal y a sus númidas.
    Débilmente perseguido, este pequeño ejército de valientes pudo llegar hasta Plasencia (Piacenza).
    Solo algunos caballeros y algunas secciones de infantería romana pudieron llegar al campamento, y, como ya no los perseguían los cartagineses, entumecidos por el frío, los romanos entraron a su vez en Plasencia (Piacenza).
    La batalla del Trebia finalizó con la completa derrota de los romanos, que sufrieron cuantiosas pérdidas, y con los dos cónsules refugiándose en Plasencia (Piacenza) tras sus murallas, aunque, luego, el cónsul, Publio Cornelio Escipión, para que una sola colonia no se viese abrumada con el suministro de los cuarteles de invierno de dos ejércitos, cruzando el Po, llegó a Cremona.
    Publio Cornelio Escipión (futuro Africano Maior) participó en la batalla.
    El combate que enfrentó a Aníbal con las tropas de ambos cónsules en Trebia fue el primer gran desastre bélico romano.
    Aníbal se retiró al territorio aliado de los galos para preparar la siguiente campaña.
    36 min
  • A061 Roma, Historia Eterna - República XXXVII (535 a.u.c. 2ª Parte)
    2ª Parte
    218 antes de Cristo o 535 ab urbe condita.
    A su hermano Asdrúbal también le encomendó la región al sur del Ebro y le asignó un ejército, compuesto principalmente por tropas africanas, con cerca de 11.850 soldados africanos, 300 ligures y 500 baleares, que formaron la infantería, 450 jinetes libio-púnicos, 300 jinetes ilergetes hispanos y 1.800 jinetes númidas, que conformaron la caballería, 21 elefantes y una flota, que quedó estacionada en la costa, compuesta por 50 quinquerremes, 2 cuadrirremes y 5 trirremes de las que 32 quinquerremes y 5 trirremes estuvieron bien pertrechadas y dispuestas para un combate naval. Aún en Hispania, hizo, sin trabajo, nuevos reclutamientos, aseguró suficientemente sus espaldas y no dejó más que un fuerte núcleo de infantería, con buena caballería y elefantes, que constituyó la fuerza del ejército cartaginés.
    Al mismo tiempo tomó eficacísimas medidas para tener siempre fáciles comunicaciones entre Hispania y África, estableciendo una escuadra en la costa y un cuerpo de ejército numeroso en el África occidental. Cartago, por su parte, debía mandar veinte galeras y 1.000 soldados con la misión de desembarcar en la costa occidental de Italia y hacer en ella correrías.
    El citado plan romano, de doble ataque sobre Hispania y África por los cónsules electos, quedó sin efecto ante la sorprendente ofensiva de Aníbal, que envió a África, como se ha referido anteriormente, un ejército para su defensa y partió en la primavera con otro ejército, compuesto por 50.000 hombres, cuyas dos terceras partes fueron africanos y una tercera parte íberos, 9.000 caballos y 37 elefantes, desde Cartago Nova hacia Roma.
    (Otros cifraron este ejército púnico en 90.000 hombres de infantería y 12.000 de caballería).
    La falta de barcos obligó a Aníbal a realizar esta acción por tierra.
    Cuando su ejército inició el paso de los Pirineos, ciertos nativos descubrieron que el general cartaginés los conducía a Roma, y quebraron su voluntad y determinación a seguirle, desertando 3.000 carpetanos. Galia.
    Estos galos, luego, ganados mediante sobornos, permitieron el paso del ejército cartaginés por su territorio.
    A pasos agigantados, Aníbal se dirigió hacia el Ródano, enviando delante mensajeros para ganar el ánimo de los galos de la zona.
    El cónsul romano consideró que lo más fácil y seguro sería enfrentarse con Aníbal en suelo itálico, una vez que descendiera de los Alpes.
    Ante tal adversidad, decidió regresar a Massilia y, de allí, navegó hasta Genua (actual Génova) con una muy pequeña fuerza, con intención de defender Italia con el ejército de los pretores romanos, estacionado en el valle del Po y esperar en la Galia cisalpina la llegada de Aníbal.
    Fiel a su plan, ya ordenó a su hermano y legado, Cneo Cornelio Escipión Calvo, embarcar con el grueso del ejército (dos legiones y sesenta naves) rumbo a la Península Ibérica.
    El plan romano de invasión de África quedó, pues, pospuesto ante la necesidad de realizar un nuevo reclutamiento para reforzar la defensa del Po.
    Aníbal, encaminado a cruzar los Alpes, convocó y pasó una gran revista a sus tropas para participarles sus proyectos.
    Entonces, ascendió y marchó por la orilla izquierda del río Ródano, y se encontró con que Aníbal ya había avanzado hacia el interior de la Galia Cisalpina.
    El cónsul romano consideró que lo más fácil y seguro sería enfrentarse con Aníbal en suelo itálico, una vez que descendiera de los Alpes.
    De Massilia (Marsella) navegó hasta Genua (actual Génova) con una muy pequeña fuerza, con intención de defender Italia con el ejército de los pretores romanos, estacionado en el valle del Po.
    El gran ejército cartaginés marchó directamente hacia el valle del alto Isar, que, después de cuatro días de caminatas, llegó a la altura de "la isla de los alóbroges", lugar delimitado por la unión de los cauces de los ríos Isar y Ródano, siendo una tierra rica y poblada muy fértil.
    Tras resolver la disputa entre los alóbroges, Aníbal reanudó su marcha y, tres días después, Aníbal había dejado atrás las orillas del Ródano.
    La presencia cercana de las tropas romanas obligó a Aníbal a entrar en la Galia Cisalpina, atravesando los Alpes con ayuda de guías indígenas.
    Mientras esto acontecía, el senado romano ordenó al cónsul, Tiberio Sempronio Longo, regresar de Sicilia a Italia y acudir al norte, a la Galia Cisalpina, para unir su ejército al de su colega.
    Los romanos contaron ya con un ejército de 25.000 hombres allí, bajo el mando de dos pretores.
    Después de que el cónsul, Publio Cornelio Escipión, desde Genua (Génova) desembarcó en Pisa, inmediatamente se apresuró en buscar a Aníbal.
    Sicilia.
    Italia.
    Costa del sur de Italia.
    Luego, el cónsul, Tiberio Sempronio Longo, regresó a Lilibeo (Marsala) con su ejército y su escuadra.
    Hispania.
    Noreste de Hispania, actual Cataluña.
    En Hispania, Cneo Cornelio Escipión Calvo, legado de su hermano, el cónsul, Publio Cornelio Escipión, después de haber luchado contra los galos cisalpinos, desembarcó, a finales de verano, en Emporión, en griego, o Emporiae, en latín (actual Ampurias) dos legiones y los correspondientes auxiliares itálicos para atacar la base de abastecimiento del ejército de Aníbal (hombres y dinero) y evitar que le enviaran refuerzos.
    28 min
  • A060 Roma, Historia Eterna - República XXXVI (535 a.u.c. 1ª Parte)
    ROMA
    Período republicano (del 509 al 27 antes de Cristo
    o del 244 al 726 ab urbe condita).
    1ª Parte
    218 antes de Cristo o 535 ab urbe condita.
    Son nombrados cónsules Publio Cornelio Escipión y Tiberio Sempronio Longo.
    Son nombrados pretores, Lucio Manlio Vulsón y Lucio Atilio Régulo.
    El Senado ofreció una flota al cónsul Publio Cornelio Escipión y se le destinó a Hispania al mando de dos legiones.
    Su colega, Tiberio Sempronio Longo, fue enviado a Sicilia al mando de dos legiones.
    Una quinta legión fue comandada por el pretor, Lucio Manlio Vulsón en la Galia Cisalpina.
    Sirva como inciso decir que la Península ibérica para Amílcar Barca, Aníbal y Roma, esta península occidental fue ispanija, tierra de conejos, o Hispania, como la denominaron los romanos, cuyo nombre es usado en la actualidad. Espoleado el general por estos errores, dejó bien claro con su dirección de la guerra africana, que siguió después de la paz con Roma, perdida la primera guerra púnica por Cartago, durante los nueve años de guerra en Hispania, que él siempre estuvo pensando en un conflicto aún mayor que al que se enfrentaba, soñando con una invasión cartaginesa de Italia bajo su mando.
    Esto significó comenzar la guerra contra la República romana, porque este asedio fue esgrimido como cassus belli, motivo de guerra, por los romanos, que estaban furiosamente indignados, porque los vencidos en Sicilia, en la primera guerra púnica, se atrevieron a tomar la ofensiva en contra de sus conquistadores, mientras que los cartagineses estaban amargados y resentidos porque consideraron que la conquista siciliana fue un comportamiento tiránico y rapaz por parte de Roma.
    Sagunto se defendió de la manera en que solo supieron hacerlo las ciudades hispanas, porque los romanos no la auxiliaron.
    El asedio de Sagunto prosiguió con el mayor vigor.
    Aníbal atacó la ciudad desde tres puntos distintos.
    En el tumulto de estos choques los cartagineses perdieron casi tantos hombres como los saguntinos.
    Los cartagineses, tras aquel derrumbe, consideraron la ciudad tomada, y ambos bandos se precipitaron por la brecha.
    Los cartagineses creyeron que, con un poco de esfuerzo por su parte, la ciudad sería suya.
    Los saguntinos opusieron sus cuerpos como un escudo para su patria, despojada ahora de sus murallas; ni un hombre cedió un palmo, por miedo a dejar entrar al enemigo.
    Entre tanto, se anunció que habían llegado embajadores desde Roma, cuyos representantes fueron Lucio Valerio Flaco, junto con Quinto Bebio Tánfilo, para protestar ante Aníbal por asediar esta ciudad.
    Ambos embajadores viajaron a Cartago para comunicar a los dirigentes de las intenciones de Aníbal al que invitaron a desistir del asedio.
    Aníbal se anticipó a la llegada de la embajada romana, remitiendo inmensos tesoros a Cartago.
    Cuando Hannón el Grande se sentó nadie consideró necesario dar ninguna respuesta, pues el Senado estuvo del lado de Aníbal.
    La respuesta que se decidió dar a las demandas romanas fue que la guerra había sido iniciada por los saguntinos, no por Aníbal, y que el pueblo romano cometería un acto de injusticia si tomaba parte por los saguntinos contra sus antiguos aliados, los cartagineses.
    Mientras que los romanos perdieron el tiempo enviando embajadores, las cosas permanecieron tranquilas alrededor de Sagunto. Empleó este intervalo en animar el valor de sus hombres, incitándoles contra el enemigo y encendiéndoles con la perspectiva de recompensas, si capturaban el botín que ocultaba la ciudad.
    Aníbal alentó a sus hombres.
    El ataque contra Sagunto no se debilitó.
    El ejército cartaginés fue llevado en seguida al asalto de la ciudadela, dando comienzo un desesperado combate, con grandes pérdidas por ambas partes, y capturando una porción de la ciudadela saguntina.
    Una multitud de saguntinos rechazó las condiciones.
    Algunos autores afirmaron que Sagunto, sin que llegara la ayuda romana prometida, fue tomada al octavo mes de asedio y que Aníbal llevó a su fuerza desde Sagunto hasta Cartago Nova (Cartagena) para invernar.
    África.
    Cartago.
    La embajada estuvo formada por hombres de edad y experiencia: Quinto Fabio Buteón, Marco Livio Salinátor, Lucio Emilio Paulo, Cayo Licinio Varo y Quinto Bebio Tánfilo.
    Los cartagineses engreídos con ese éxito y animados por el rico botín, que Aníbal les remitió después de la victoria, decidieron rechazar las exigencias de los embajadores romanos: la devolución y la entrega de Aníbal.
    El embajador optó por la guerra, y, aceptado el reto, sin vacilar, ante la negativa de Cartago de entregar los responsables de la toma de Sagunto, Roma declaró la celebérrima segunda guerra púnica.
    Roma.
    Estas levantarían a las distintas tribus galas, que siempre estaban dispuestas a tomar las armas y los romanos tendrían que luchar contra todo el mundo y combatir ante las murallas de Roma.
    Con el fin de dominar la insurrección de los galos, en completa conflagración desde antes de la llegada de Aníbal, en respuesta, desde Ariminum (Rímini), Roma envió una expedición dirigida por el pretor, Lucio Manlio Vulsón, al mando de la quinta legión, cuyo destino fue el valle del Po.
    Ante tal contratiempo, el Senado ordenó al cónsul, Publio Cornelio Escipión, con una fuerza adicional, brindar apoyo al pretor.
    Massilia.
    El cónsul, Publio Cornelio Escipión, habiendo recibido Hispania como su provincia, salió con su flota a la mar, transportando su ejército, compuesto por dos legiones, desde Pisa a Massilia (actual Marsella), la fiel aliada ciudad griega, para alcanzar desde allí la Península ibérica, base principal de los recursos materiales y humanos del ejército púnico.
    Sicilia.
    30 min

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