Acudir a terapia se está normalizando cada vez más, y con esto, la presencia de muchas nomenclaturas que nos permiten saber el nombre de lo que engloba a eso que nos está ocurriendo. Así es como los diagnósticos tienen la función de aclarar la situación actual y permiten trazar una ruta de tratamiento y proceso adecuado, pero ¿qué pasa si los diagnósticos, en vez de aclarar, terminan por opacar o dificultar el proceso?