En la sección de 'Noticias tecnológicas' del programa 'Lo que viene', presentado por José Ángel Cuadrado y con la colaboración de Jesús Tobarra, se ha analizado la reciente presentación de la nueva Siri por parte de Apple. Tras dos años de promesas, la compañía ha desvelado una renovación que representa un cambio estructural en cómo entiende la inteligencia artificial en sus dispositivos.
La nueva arquitectura no se limita a ser una ventana a aplicaciones de terceros, sino que se basa en una optimización local. Para ello, Apple paga una cifra estimada de 1.000 millones de dólares anuales para licenciar una versión personalizada de Gemini, el modelo de lenguaje de Google.
Apple toma este modelo de lenguaje y lo reduce para que pueda ejecutarse de forma eficiente en los procesadores de los iPhone y los Macs, garantizando así que la información sensible no salga del ecosistema de la compañía.
Para gestionar las peticiones, el sistema utiliza un enrutamiento inteligente de tres niveles. El primero es el procesamiento en local para tareas cotidianas, que se resuelven en el chip del dispositivo sin que los datos viajen por la red. Si la consulta requiere más potencia, se envía a servidores propios de Apple con chips Apple Silicon, que destruyen la información tras procesarla. Finalmente, y solo si el usuario lo permite, Siri puede derivar la petición a servicios externos como ChatGPT.
El gran salto de esta Siri AI es que deja de ser una simple “barra de búsqueda que habla” para convertirse en “un agente con conciencia de contexto” y con capacidad de acción entre aplicaciones.
Aún así, según las primeras informaciones, esta IA de Apple no llegaría a los dispositivos que se usan en Europa por un supuesto veto de Bruselas. La UE le pide a la compañía tecnológica que abra su sistema operativo al resto de actores y Apple se niega. Así que, de momento, esta innovación no estará disponible para los usuarios de la empresa de la manzana en el Viejo Continente.
Otra de las noticias destacadas es la colaboración entre Prada y la empresa aeroespacial Axiom Space para diseñar una prenda destinada a los astronautas de las próximas misiones Artemis. Lejos de ser una excentricidad, se trata de una pieza de ingeniería de alta costura fundamental para la supervivencia en el espacio.
La prenda, cuyo nombre técnico es LCVG (prenda de ventilación y refrigeración líquida), se lleva pegada a la piel bajo el traje espacial. Su objetivo es mantener con vida a los humanos que pisen el polo sur lunar, combatiendo no solo el frío o la radiación, sino el propio calor que genera el cuerpo.
Para controlar la temperatura, una complejísima red de tubos microscópicos hace circular agua fría de forma continua, absorbiendo el sudor y el calor. El sistema es tan crítico que cuenta con un segundo circuito de emergencia y, además, inyecta oxígeno limpio en el rostro del astronauta.
Finalmente, se ha abordado el último movimiento de Bruselas en su búsqueda de la soberanía digital. La Unión Europea, que gasta 264.000 millones de euros anuales en servicios digitales externos, ha decidido usar ese músculo financiero como un escudo.
El plan de la Comisión Europea es tajante: en los próximos concursos públicos, todo el software y hardware deberá ser desarrollado íntegramente dentro de la Unión. Esto supone un veto directo a gigantes como Amazon o Google, que actualmente dominan el 60% del mercado de almacenamiento de datos.
El objetivo es blindar infraestructuras críticas de normativas como la Cloud Act de Estados Unidos. Para ello, Bruselas planea triplicar la capacidad de sus centros de datos en cinco años, fabricar sus propios microchips y crear gigafactorías de inteligencia artificial con datos europeos.
Sin embargo, este plan choca con la realidad de inversiones millonarias de estas empresas en Europa, como la de Amazon en España. Surgen preguntas sobre si la iniciativa llega tarde y si es posible “crear un Google o un Amazon europeo a base de talonario público” sin aislarse de los líderes tecnológicos.
Este movimiento estratégico sugiere que, como se comentó en el programa, “el pulso digital entre Europa y Silicon Valley no ha hecho más que empezar”.