La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los grandes debates de nuestro tiempo, una discusión avivada por los recientes discursos del Papa León XIV en su visita a España y su última encíclica.
Para analizar las aristas de esta revolución tecnológica, el programa 'Lo que viene' ha ofrecido una sección especial con el presentador José Ángel Cuadrado, el colaborador Fernando Díez y el experto en humanismo e inteligencia artificial, Juan Merodio.
El Papa ha colocado a la inteligencia artificial en el centro de la escena para recordar que su potencial debe ser empleado sin que las personas dejen de estar en el centro. Según se ha comentado en el programa, para León XIV la elección no es entre un sí o un no a la tecnología, sino entre construir la torre de Babel o reconstruir Jerusalén; es decir, usarla para levantar muros de poder o ponerla al servicio de una comunidad más humana.
Para Juan Merodio, la sociedad está dando pasos rápidos, pero no necesariamente correctos. El experto advierte de una sensación de angustia tecnológica permanente en la que se corre mucho en lo tecnológico, pero poco en lo humano. En este sentido, señala la importancia de no dejar de lado el pensamiento crítico.
Merodio ilustra esta tendencia con una anécdota personal sobre cómo se usa la IA para tareas triviales, como calcular el número de pizzas para una cena de amigos. Este hecho demuestra que se está delegando el pensamiento hasta puntos superbestias, fomentando una creciente pereza cognitiva.
Durante la conversación también se ha abordado el riesgo del llamado 'paradigma tecnocrático', donde la lógica de la eficiencia y el beneficio gobierna las decisiones. Merodio insiste en que la solución está en nosotros y en aplicar el pensamiento crítico, ya que la IA puede ser una gran mentirosa y los usuarios tienden a buscar lo fácil.
El experto es tajante sobre los límites éticos que no se deben cruzar. Afirma que todo lo que afecte a la dignidad, libertad o el futuro de una persona necesita que la última decisión la tome una persona al mando.
Merodio enumera decisiones como contratar o despedir personas, conceder un crédito, dictar una sentencia o emitir un diagnóstico final. En su opinión, la IA puede actuar como un tutor, pero nunca como un referente, porque los valores humanos no se descargan de ningún software.
Otro de los riesgos analizados es la posibilidad de sustituir vínculos humanos por relaciones artificiales. Merodio recuerda el caso de un japonés que se casó con un avatar holográfico y señala que, a día de hoy, muchas personas tienen novias por 20 euros al mes que son inteligencias artificiales, lo que plantea un debate complejo sobre la soledad y la conexión humana.
El experto también alerta sobre la creación de una falsa productividad. Aunque la IA promete ahorrar tiempo, Merodio lanza una pregunta al aire: ¿cuántos habéis recuperado de verdad 2 horas al día para estar con vuestra familia o hacer un hobby?. Explica que la dopamina generada por estas herramientas crea una sensación de productividad que no siempre es real.
Pese a los riesgos, la conversación subraya que la tecnología no es buena ni mala, depende de cómo la usamos. Merodio destaca proyectos con un gran impacto positivo, como un asistente de IA personalizado para personas con síndrome de Down, desarrollado por Down España con la infraestructura de Amazon Web Services, o un brazo robótico de bajo coste creado por un adolescente.
Con la vista puesta en el futuro, Merodio considera que el mayor error que se podría cometer en esta década sería preocuparse tanto por lo que la IA podría hacer que nos olvidemos de pensar en lo que nosotros hemos dejado de hacer. Y sentencia: nadie nos va a preguntar qué hizo la IA, sino qué hicimos nosotros mientras tanto.
Por el contrario, el mayor acierto es la democratización de la tecnología. Poner una herramienta tan potente en manos de todo el mundo, con acceso gratuito, es una oportunidad histórica para limitar brechas y unir mucho más a la sociedad.
Finalmente, Merodio identifica la educación como el sector transversal que vivirá una de las mayores transformaciones. La IA permitirá crear rutas de aprendizaje totalmente personalizadas, lo que dará lugar a una sociedad con personas muchísimo más competentes, felices y adaptables a un mercado laboral en constante cambio.