El diestro Román Collado ha sido uno de los nombres destacados en los primeros días de la Feria de San Isidro. Tras cortar una oreja este domingo a un buen toro de la ganadería del Conde de Mayalde, el torero ha compartido esta semana sus sensaciones en el programa El Albero de COPE, mostrándose "feliz" y "muy contento" por el respaldo de los aficionados.
Para el valenciano, el trofeo tiene un valor especial. "Al final, cortar una oreja en Las Ventas es muy difícil", ha confesado, destacando la dificultad de poner a todo el mundo de acuerdo con un toro "tan exigente". Además, ha descrito como una "sensación brutal" el poder sentir los olés del público madrileño en el centro del ruedo.
Román no ha dudado en calificar Madrid como "una de mis plazas, sin lugar a dudas", a la altura de otras como Valencia o Manizales. Según el torero, la plaza de Las Ventas tiene algo especial porque "reconoce mucho cuando los toreros están entregados".
El diestro considera que la afición madrileña "sabe reconocer de verdad el el esfuerzo de de los toreros, y el compromiso real". Ha explicado que ese compromiso se demuestra cuando un torero se expone sin saber qué hará el toro y decide dejársela puesta, algo que, en su opinión, el público de Las Ventas valora enormemente.
Sobre la faena del domingo, Román ha revelado que no vio claro al toro de Conde de Mayalde desde el principio. De hecho, su principal preocupación era que venía "muy, muy, muy por dentro", tanto con el capote como con la muleta, lo que dificultaba una lidia limpia. "El miedo que me daba era que que lo veía demasiado por dentro", ha admitido.
La clave para resolver la faena fue su decisión de "doblarme con el toro un poco como para para abrirle ahí un poco", para enseñarle el camino. Tras ver que el animal respondía bien, se fue "de lejos" y el toro se entregó. "Yo creo que la clave fue ponérselo fácil, entre comillas, al toro", ha sentenciado.
Mirando atrás, Román ve una clara evolución en su tauromaquia desde que abrió la Puerta Grande de Madrid en 2017. "Veo que estoy evolucionando, que en en mi toreo cada vez me sirven más toros", ha afirmado. Considera que ahora hay una mayor construcción en sus faenas, un asentamiento que antes no existía y que, en definitiva, "siento que hay más toreo en lo que estoy haciendo".
A pesar de su crecimiento, se define con humildad: "Yo no soy ningún 10 en nada, pues soy un torero bastante mediocre". Sin embargo, ha añadido que nota su propia evolución. En contraposición, ha sido tajante sobre las cornadas, asegurando que no le han aportado nada positivo: "A mí las cornadas no me han traído nada bueno, la verdad".
El torero ha explicado que una oreja en Madrid no es un fin en sí mismo, sino parte de "un poco la trayectoria" que incluye plazas como Valencia y Sevilla. Lo importante, según él, es "que la gente no siga viendo techo". Ya tiene la mente puesta en su próximo compromiso, el 6 de junio con toros de Victorino Martín, una corrida que le "encanta".
Finalmente, Román ha valorado el auge de la tauromaquia entre los jóvenes, un fenómeno que percibe como una realidad. "Estamos de moda y hay que aprovecharlo", ha concluido, mostrándose orgulloso del trabajo que se está haciendo desde el sector para atraer a nuevo público.