La corrupción no es un mal exclusivo del siglo XXI, sino una constante a lo largo de la historia. Así lo ha explicado la historiadora y experta en Historia del Arte, Ana Velasco, en la sección 'Curiosidades de la Historia' del programa 'Herrera en COPE'. Al ser preguntada por el mayor ladrón de la historia de España, Velasco no duda: "el duque de Lerma".
Francisco de Sandoval y Rojas, conocido como el duque de Lerma, fue el valido del rey Felipe III, una figura que, según Velasco, equivaldría al actual presidente del gobierno. "El rey era un poder casi representativo", explica la historiadora, ya que a Felipe III no le interesaba gobernar, a diferencia de su padre, Felipe II, que era un "rey de despacho". Esta falta de interés permitió a Lerma, amigo del monarca desde la infancia, convertirse en el hombre más poderoso de España entre 1598 y 1618.
El episodio que mejor define su poder y su ingenio para la corrupción fue el traslado de la corte de Madrid a Valladolid en 1601. Previamente, el duque había comprado una gran cantidad de terrenos a bajo precio en la ciudad castellana. Con la llegada de la corte, el valor de sus propiedades se disparó, consolidando una fortuna a través de la especulación inmobiliaria.
La operación no terminó ahí. Mientras Madrid se había vaciado y los precios de los inmuebles habían caído, el duque de Lerma aprovechó para comprar propiedades baratas en la capital. Cinco años después, en 1606, convenció al rey para que la corte regresara a Madrid, generando un segundo pelotazo urbanístico. Para Ana Velasco, no hay duda: "el duque de Lerma se inventa el concepto del pelotazo urbanístico".
A pesar de su inmenso poder, la caída del duque de Lerma fue provocada por una conspiración de su propio hijo, quien ambicionaba su puesto. Para evitar acabar en el patíbulo como su hombre de confianza, Rodrigo de Calderón, quien sí fue ejecutado por corrupción, Lerma utilizó su última carta: hacerse cardenal. Una coplilla de la época resumía su jugada: "Para no acabar colgado, el mayor ladrón de España, se ha vestido de colorado".
La trama de corrupción fue destapada por Juan de Tassis y Peralta, un noble y poeta que, según Velasco, seducía a la reina. Su galantería provocó un famoso comentario del rey Felipe III, quien al verle torear dijo: "Pica bien, pero pica alto". Curiosamente, el apellido de su familia, Tassis, que ostentaba el monopolio del correo real, dio origen a la palabra 'taxi'.
A pesar de su riqueza familiar, Tassis murió endeudado y fue asesinado por orden del Conde-Duque de Olivares por destapar la corrupción. Con Olivares, la corrupción continuó, institucionalizada a través de la "venta de cargos públicos". Según Velasco, quien compraba un cargo, "lo primero que hacía era amortizarlo" robando.
La corrupción no ha sido un fenómeno exclusivamente español. Velasco recuerda casos internacionales como el de Ferdinand e Imelda Marcos en Filipinas, quienes llegaron al poder en los años 60. Se estima que la pareja robó cerca de 10.000 millones de dólares, de los que solo se ha podido recuperar una pequeña parte.
Otro caso paradigmático es el de Mobutu Sese Seko en el Zaire, el antiguo Congo belga. Tras la descolonización, Mobutu convirtió el país en su "patio de juegos". Se calcula que su fortuna personal ascendió a más de 15.000 millones de dólares extraídos directamente de los ingresos del estado, ricos en minas y diamantes.
La historiadora concluye que la preocupación por la corrupción es muy antigua. Prueba de ello es la primera huelga de constructores de la historia, registrada en el antiguo Egipto en el 1500 a.C., cuando los obreros de las tumbas reales protestaron porque los suministros se perdían en "mordidas". También existieron legislaciones contra la corrupción en la antigua Esparta, demostrando que este es un problema tan antiguo como la propia civilización.