Una gran mayoría de usuarios utiliza la inteligencia artificial para realizar consultas sin ser conscientes de que esas conversaciones no son privadas. Un reciente estudio del investigador Narseo Ballina, del instituto IMDEA Networks, ha demostrado que los principales chatbots de inteligencia artificial envían la información de los usuarios a multinacionales de publicidad online como Meta, Google o TikTok.
Ballina advierte que el problema es estructural y afecta a los modelos de negocio y a los aspectos legales sobre el consentimiento de los usuarios. "Hemos visto que muchos de estos datos permiten reidentificar a los usuarios de forma bastante efectiva", señala el investigador. Además, en algunos casos se filtra la URL de la conversación, permitiendo a terceros acceder palabra a palabra a datos sensibles.
En el programa 'Herrera en COPE', el economista Fernando Trías de Bes ha analizado junto a Alberto Herrera el uso de esta información para el marketing online. Trías de Bes explica que los algoritmos lo "pillan todo": cada clic, cada búsqueda o una conversación con una app de IA. "Toda esa información está en manos de los dueños", afirma, incluyendo datos de WhatsApp.
Según el economista, un algoritmo es un sistema matemático que observa el comportamiento digital del usuario, generando muchos más datos de lo que se puede imaginar. No es solo lo que se escribe, sino también "el tiempo que te pasas mirando algo, desde dónde te has conectado, a qué hora te conectas, te puede llegar a mirar qué cosas escribes más rápido", detalla Trías de Bes.
El sistema no se interesa por la identidad del usuario, sino por su información para transformarla en una "probabilidad de comprar algo más". "Los algoritmos no les interesa saber quiénes somos y qué hacemos, les interesa eso para algo, para vendernos algo más", sentencia el experto. El objetivo es saber qué le puede interesar comprar a esa persona en cada momento.
El modelo de negocio es claro, como explica Trías de Bes: "Yo te doy un servicio que para ti tú crees que es gratuito, pero con tu información yo voy a obtener un negocio". Al final, la conclusión es contundente: "El producto, Alberto, somos nosotros". Los usuarios ceden sus datos gratis sin ser conscientes del valor que tienen.
Trías de Bes señala que el problema reside en la aceptación de los términos de servicio. "Cuando nos bajamos una aplicación que nos interesa mucho (...) te pone, aceptas, da la protección de datos, da no sé qué, nos acepta para servicios a terceros", explica. El usuario se encuentra ante una disyuntiva: o acepta la "parrafada de 27.000 folios que nadie nos leemos" o se queda sin la aplicación.
El economista insiste en que el problema principal no es el intercambio de datos en sí, sino la falta de transparencia. "El problema es que no sabemos lo que estamos entregando, no sabemos para qué se usa, o sea, no podemos decidir libremente, no tenemos alternativa", lamenta. Esta situación provoca que el consentimiento sea "muy complicado", ya que no es verdaderamente informado.
Este flujo de información ha transformado la publicidad. Trías de Bes lo contrapone al modelo tradicional, que consistía en "disparar contra cientos de millones de personas esperando acertar con algunas". Ahora, en el mundo digital, se puede segmentar con una precisión milimétrica: "Quiero una mujer de entre 35 o 45, que viva en Barcelona, que ha buscado zapatillas deportivas esta semana".
Cuando un usuario con un perfil de alta probabilidad de compra se conecta, se subastan anuncios en tiempo real para impactarle. Este nivel de predicción llega a tal extremo que, como ejemplifica Herrera, algunas empresas de paquetería tienen "furgonetas dando vueltas por barrios con los productos que estiman que le van a pedir" para poder realizar entregas en 5 minutos. Todo se ha convertido en una "economía de los datos", concluye Trías de Bes.