La periodista y escritora Isabel San Sebastián presenta su última novela histórica, “La venganza del apóstol” (Plaza y Janés), una obra que se sumerge en uno de los episodios más determinantes de la historia de España: la batalla de las Navas de Tolosa. En una entrevista en el programa “La Linterna” con Ángel Expósito, San Sebastián desentraña las claves de una gesta que cambió el rumbo de la cristiandad y reivindica el orgullo por un pasado repleto de episodios "maravillosos que desconocemos".
Según la autora, el gran proyecto cohesionador de España fue la Reconquista, una idea que vertebra su obra novelística desde hace veinte años. San Sebastián afirma que, aunque la nación española con su concepto moderno no existía entonces, sí había una "voluntad compartida de crear una unidad bajo una misma fe". Sostiene que "desde el siglo noveno, todos los reyes cristianos de León, de Asturias, de Aragón o de donde fuera, todos tuvieron el empeño común de reconquistar la tierra que había sido el reino visigodo de España".
La novela narra cómo Alfonso VIII de Castilla buscó la redención tras la "derrota absolutamente vergonzante" en la batalla de Alarcos. Marcado por aquel desastre, el monarca se decidió a buscar el enfrentamiento directo con los almohades, a quienes San Sebastián describe como "el ISIS actual", unas "auténticas fieras venidas del norte de África que querían abrevar a sus monturas en las fuentes del Vaticano". Por primera vez, los cristianos buscaron voluntariamente la batalla en campo abierto, con una determinación clara: "Ellos fueron a las Navas a vencer o morir, y vencieron a costa de un sacrificio inmenso".
En la contienda, que tuvo lugar el 16 de julio de 1212, se unieron los reyes Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, junto a voluntarios de León, Portugal, Italia y francos. A pesar de que el ejército cristiano, con unos 12.000 hombres, era muy inferior al almohade, que superaba los 20.000, "vencieron porque echaron más valor que el enemigo". La escritora destaca que en la batalla lucharon "todo tipo de extracciones sociales, todos juntos, todos a una", desde los grandes maestres de las órdenes militares hasta las milicias de las ciudades fronterizas.
Un personaje clave en la contienda fue el arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada, quien, además de cronista, luchó junto al rey. San Sebastián relata un momento crítico de la batalla en el que Alfonso VIII, viéndose superado, le dijo al arzobispo: "Vos y yo aquí muramos". La respuesta de Jiménez de Rada fue de una fe inquebrantable: "No, no, señor, vos y yo aquí vivamos, puesto que vamos a ganar". Ante la insistencia del rey, el arzobispo sentenció: "Si dios quiere coronarnos, lo hará con una victoria".
Uno de los hechos históricos que la autora destaca con más vehemencia es el papel de las Cortes de León como cuna del parlamentarismo. San Sebastián es tajante: "Para los que creen que el parlamentarismo nació en Inglaterra o en Cataluña, no, no, nació en León". Explica que el rey de León quiso sumarse a la batalla, pero "las Cortes de León no se lo permitieron porque Castilla le había quitado unos castillos que no le devolvía". Este hecho, ocurrido a principios del siglo XIII, demuestra que las cortes leonesas "eran lo suficientemente poderosas como para impedir al rey ir a la guerra".
La escritora también desmitifica el papel de los navarros en la batalla, cuya aportación de 200 caballeros fue muy inferior a los 4.000 de Castilla. "El grueso del ejército lo sostuvo Castilla, que además pagó todo", subraya San Sebastián, destacando la labor de intendencia de la reina Berenguela, "un personaje decisivo de nuestra historia". La leyenda de que los navarros rompieron las cadenas del palenque del Miramamolín es, según la autora, una hipótesis que ella matiza en su novela, sugiriendo que allí habría caballeros de los tres reinos.
“La venganza del apóstol” también explora el mundo del espionaje medieval. San Sebastián revela que en el siglo XIII ya existían espías, conocidos como “barruntes” o “escuchas”, cuyo papel estaba tan reconocido que "cobraban el mismo porcentaje del botín que los soldados que luchaban en el campo de batalla". Su trabajo, aunque secreto y poco lucido, era fundamental para el esfuerzo de guerra.
El protagonista de la novela, Beltrán López de Cazorla, es un personaje de ficción, hijo de un héroe de las Navas, que se infiltra como espía en Córdoba. A través de sus ojos, el lector descubre la historia de la reconquista de Córdoba y la trama de intriga y aventuras que la rodea. En la vanguardia del ejército cristiano real se encontraba Don Diego López de Haro, señor de Vizcaya, protagonista de una de las anécdotas más crudas de la batalla.
Justo antes de la carga, el hijo de Don Diego López de Haro le pidió a su padre que actuara de tal modo que no le llamaran "hijo de traidor", pues el señor de Vizcaya había negociado la rendición en Alarcos. La contundente respuesta de su padre, recogida por Jiménez de Rada y citada por San Sebastián, fue: "Os llamarán hijo de puta, pero no de traidor", en alusión a que su mujer le había abandonado por otro.
Otro elemento central de la novela es el regreso de las campanas de Santiago, robadas por Almanzor y llevadas a Córdoba para ser usadas como lámparas en la mezquita, "para vergüenza del pueblo cristiano". La crónica cuenta que, tras la reconquista de la ciudad, el rey Fernando III ordenó que fueran devueltas a Compostela "a hombros de cautivos sarracenos", revirtiendo la humillación sufrida.
San Sebastián concluye con una reflexión sobre la necesidad de recuperar el orgullo por la historia de España. Critica la tendencia actual a "pedir perdón por todo lo bueno que hemos hecho", como la Transición, la lucha contra ETA o la propia Reconquista. "La historia demuestra que cuando estamos divididos somos débiles y cuando estamos juntos somos fuertes", afirma, y advierte que "la paz que se compra a cambio de tributos es efímera e indigna".