La vida de Endika, un cocinero vizcaíno de 64 años, cambió por completo en mayo de 2023. Tras tres décadas entre fogones, un diagnóstico de cáncer de pulmón escamoso con metástasis le apartó de su trabajo y, con el tiempo, de su hogar. Su historia, contada por Paloma Serrano en el programa 'La Linterna' de COPE, es la de un desplome vital que encontró un salvavidas inesperado en los valores de su antiguo equipo de rugby.
Tras una operación de urgencia en la que le extirparon medio pulmón y un duro proceso de quimioterapia, el covid le asestó un golpe definitivo en diciembre de 2023, dejándole graves secuelas como pérdida de equilibrio, dolores musculares y fatiga extrema. Esta situación derivó en la concesión de la baja médica. “Estás cobrando el 100% de tu sueldo”, recordaba Endika. Sin embargo, la decisión de un tribunal médico lo cambió todo.
El tribunal le concedió la incapacidad permanente total, lo que en la práctica supuso una drástica reducción de sus ingresos. “Me dan la incapacidad permanente total, y eso quiere decir que solamente me queda, pues, el 55% del sueldo”, explica. Un recorte que marcó el inicio de su calvario.
Con su nueva pensión de 818 euros, Endika no podía seguir pagando los 700 euros de su alquiler. Se vio obligado a abandonar su casa y, tras meter sus pertenencias en una mochila, buscó refugio en la calle. A pesar de su lucha con las instituciones, no obtuvo respuesta y se enfrentó a una situación límite.
Su día a día se volvió “muy difícil, hasta tal punto que al final me vi en la calle”. Su refugio nocturno eran las sillas de la sala de espera del hospital de Basurto, en Bilbao. “Salía a la mañana prontito, cogía el primer tren, y decía, bueno, dos horas y media que tarda en ir, dos horas y media que vuelve, alguna cabezada y a la hora de relajar el cuerpo y la mente”, relata sobre su estrategia para sobrevivir.
Cuando tenía 17 años, Endika cogió por primera vez un balón de rugby en el Sarriko Rugby Taldea, donde jugó durante 17 años. Nunca imaginó que la lealtad y la camaradería de este deporte se convertirían en su pilar fundamental décadas después. Al conocer su situación, sus excompañeros no dudaron en actuar.
La ayuda se movilizó gracias a Kepa Elejoste, uno de los veteranos del equipo. Aunque no coincidió con Endika en el campo, la camiseta naranja y negra del Sarrico les unía. En una comida para conmemorar los 75 años del club, Kepa intuyó que algo no iba bien. “En marzo puse en situación a mis compañeros a través del grupo de WhatsApp de lo que estaba pasando a Endika y había que ayudarle”, cuenta el veterano.
La respuesta del equipo fue unánime. Organizaron una recaudación de dinero y buscaron un lugar para que Endika pudiera dormir bajo un techo. Finalmente, encontraron un albergue a las afueras de Bilbao y, entre todos, pagan los 800 euros mensuales del alojamiento.
Endika no puede ocultar su emoción al hablar de ellos. “Para mí, son mi familia, mi familia son esas rico. Mis hermanos. Gracias a ellos, aquí estoy en un albergue, en el cual, pues bueno, tengo mi ducha, tengo mi cuarto de baño, mi cocina, y gracias a ellos, si no, pues no sé dónde estaría realmente”, confiesa.
La solidaridad de la "familia" del rugby fue incluso más allá. Cuando el albergue tuvo una reserva previa, Endika se enfrentaba a volver a la calle por dos días. Fue entonces cuando Juan Carlos Pérez Isasi, otro compañero, le abrió las puertas de su casa. “La tesitura era cero que se quede en la calle como estuvo”, afirma Juan Carlos. “A mí me salió del alma, oye, que se venga a casa. Estuvo conmigo, estuvo en casa, de lo más bien”.
Mientras espera que las instituciones le ofrezcan una solución definitiva para no tener que vivir con la mochila a cuestas, Endika ha encontrado en sus compañeros del Sarrico Rugby Taldea mucho más que un techo. Como destacaron Ángel Expósito y Paloma Serrano, le han devuelto el calor y el cariño de una familia muy peculiar.