La gestión de la llegada del crucero Hondius al puerto de Granadilla (Tenerife) ha provocado un conflicto institucional entre el Gobierno de Canarias y el Gobierno central.
La intervención de la Marina Mercante, que ha asumido el control de la operativa, ha desplazado a la Autoridad Portuaria de Tenerife, generando una situación de tensión sin precedentes.
Así lo ha explicado el presidente de la Autoridad Portuaria, Pedro Suárez, en 'La Mañana Fin de Semana', donde ha detallado las claves del enfrentamiento y de la compleja maniobra de desembarco.
El conflicto se desató en la madrugada del domingo, cuando la Autoridad Portuaria de Tenerife recibió una carta del presidente canario, Fernando Clavijo, en la que "indicaba o sugería" no autorizar el fondeo del buque.
Según Suárez, aunque la última palabra la tiene la propia autoridad portuaria, este tipo de decisiones se someten a un consejo de administración con presencia mayoritaria del Gobierno de Canarias.
Sin embargo, la decisión no llegó a tomarse en ese ámbito. Apenas "20 minutos, media hora después" de que el capitán marítimo autorizara la maniobra tras recibir el informe favorable de Sanidad, la Marina Mercante comunicó que asumía "bajo su responsabilidad" toda la operación.
En ese momento, explica Suárez, la competencia deja de ser de la Autoridad Portuaria: "La responsabilidad no es mía, la asume directamente la Marina Mercante, y yo ahí ya no tengo, salvo poner la infraestructura y que salga todo bien".
Pedro Suárez ha confesado no haber "vivido una situación como esta, de tensión, sobre todo", que ha atribuido a "un poco de descoordinación y falta de consenso". Aunque ha considerado que el Gobierno de Canarias "estaba en su derecho en exigir lo que estaba exigiendo", algo que parecía "lógico y técnicamente posible", ha lamentado que se haya puesto a la sociedad "en una situación un poco extraña".
La intervención del Estado se ha producido activando un mecanismo legal que no es habitual. Según ha detallado el presidente de la Autoridad Portuaria, "se han esgrimido artículos de la ley que hacen que la autoridad portuaria de de Tenerife deje de tener la responsabilidad de lo que allí ocurra, y pasa a ser la responsabilidad de Marina Mercante".
Esta maniobra supone, en la práctica, una "intervención para tomar el control de la operación".
Con este cambio, el rol de la Autoridad Portuaria ha quedado relegado a "poner la infraestructura y los apoyos logísticos que nos requiera" el mando de la operación, que ahora está en manos de la Marina Mercante y Sanidad Exterior. Suárez ha insistido en que esta situación "no es nada habitual", ya que las autoridades portuarias gozan de autonomía en la mayoría de las materias.
La maniobra de fondeo del Hondius ha sido "muy bien estudiada por el capitán marítimo" y cuenta con "condicionantes no habituales". El practicaje se realiza "en remoto", sin que ningún práctico suba a bordo, y un remolcador acompaña al buque por prudencia.
Además, la Guardia Civil ha "encapsulado todo el puerto" para que ninguna otra nave pueda circular en las inmediaciones.
El Hondius es un barco de crucero "muy exclusivo" que realiza viajes a la Antártida y el Atlántico, por lo que está "muy bien equipado" con hélices de proa y popa que le otorgan gran estabilidad y facilitan la maniobra. De hecho, Suárez ha apuntado que es probable que no necesite al remolcador para mantenerse estabilizado durante el desembarco.
El desembarco de los pasajeros solo comenzará cuando el avión destinado a su evacuación esté en tierra. En ese momento, unas barcazas los trasladarán por grupos al puerto, donde pasarán un control de Sanidad Exterior y de aduanas.
Posteriormente, un autobús los llevará directamente al aeropuerto, en un trayecto de apenas 10 minutos, para dejarlos "a pie de pista".
Toda la operación se está realizando en una "ventana de domingo a lunes" para aprovechar la meteorología favorable, ya que a partir del martes se espera la llegada de los vientos alisios que podrían complicar la situación.
El barco zarpará previsiblemente en la tarde-noche del lunes, una vez que todos los pasajeros hayan sido evacuados, un proceso condicionado por la disponibilidad de los aviones.