El vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, ha advertido sobre las consecuencias del shock energético provocado por la guerra en Irán. En el programa La Linterna de COPE, con Ángel Expósito, se han analizado las consecuencias económicas que este conflicto puede acarrear para países como España. Guindos ha calificado la situación como un "shock de oferta", que describe como "el peor shock en el cual se puede encontrar una economía", ya que provoca simultáneamente una caída de la actividad y un incremento de la inflación.
En este contexto, la experta económica y subdirectora de ABC, Yolanda Gómez, ha explicado en las Clases de Economía de La Linterna que los efectos ya se perciben en el día a día. "Lo hemos empezado a notar en las gasolinas, pero lógicamente, al encarecerse los combustibles, pues esto se traslada a todos los precios", ha afirmado. Gómez ha advertido que este encarecimiento se verá reflejado "en los alimentos" y en prácticamente todos los productos, lo que a su vez se traduce en "menos crecimiento" y una desaceleración en el mercado de trabajo, describiéndolo como "el pescado que se muerde la cola".
La amenaza de una desaceleración económica en España para este año se intensifica. Funcas admitió esta semana que si el conflicto persiste, el crecimiento del PIB español se reduciría en cuatro décimas, hasta el 1,8% para el conjunto del año. Raymond Torres, director de coyuntura económica de Funcas, ha señalado que este escenario podría llevar a "algún trimestre con un estancamiento del PIB" o un "crecimiento diminuto" en la segunda mitad del año, mientras que para la eurozona el crecimiento "posiblemente sería negativo".
Varios sectores ya sufren las consecuencias directas. La Asociación Nacional Española de Fabricantes de Hormigón Preparado ha alertado de que el sector se encuentra ante un escenario crítico. El encarecimiento del combustible está aumentando los costes en toda la cadena, desde el transporte de materiales hasta la fabricación y distribución del hormigón. Muchas empresas denuncian que no pueden repercutir esta subida en el precio final, lo que reduce sus beneficios y pone en riesgo su viabilidad, una situación que podría traducirse en pisos más caros y retrasos en las obras.
Sobre el sector de la vivienda, Yolanda Gómez ha recordado que los precios ya están muy elevados en España. "Estamos viendo ya en los últimos meses, como creo que son ya 5 meses consecutivos en los que la la venta de viviendas ha bajado", ha comentado, subrayando que un mayor encarecimiento de los costes de construcción agravaría la situación para los ciudadanos que no pueden permitirse comprar una vivienda.
Las aerolíneas son otro de los sectores especialmente afectados por la crisis del queroseno, el combustible para aviones, que ha provocado numerosas cancelaciones. Ante esta situación, Bruselas ha advertido a las compañías de que no pueden incrementar el precio del billete a los consumidores que ya lo hayan comprado y que están obligadas a pagar una compensación si deciden cancelar los vuelos.
Mientras los mercados parecen mirar hacia otro lado, la economía global se enfrenta a una crisis energética que empieza a ser tangible más allá de los surtidores. Aunque la reciente bajada en los futuros del petróleo ha sido un alivio, los fundamentales del mercado indican que el problema es profundo. Las reservas mundiales de petróleo, acumuladas durante una época de sobreoferta, se están desplomando a un ritmo récord, con una caída de casi 200 millones de barriles en abril, según S&P Global Energy.
Este desplome erosiona el poder adquisitivo de los consumidores y obliga a los gobiernos a endeudarse para amortiguar el impacto. Christof Rühl, del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia, advierte que el consumo de petróleo está ahora concentrado en usos de alto valor sin sustitutos, como el transporte terrestre o aéreo, por lo que cualquier interrupción podría generar efectos en cascada en toda la economía.
Jim Burkhard, jefe de investigación de crudo en S&P, califica la situación como algo "enorme, está muy por encima del rango habitual" y asegura que "se avecina un ajuste inevitable del mercado". Según sus datos, el mercado petrolero ha perdido 1.000 millones de barriles de crudo debido a la guerra, y aunque la demanda cae, está siendo "superada por la pérdida de oferta", por lo que anticipa que "los precios del crudo seguirán subiendo".
La clave, según Pedro Santa Cruz, director de Freedom24 Iberia, es el Estrecho de Ormuz. "Mientras siga parcialmente cerrado, el mercado va a seguir tensionado", afirma, y no descarta un barril por encima de los 200 dólares si el bloqueo se prolonga. En este contexto, aunque la industria del combustible en España se considera bien preparada, la tensión es máxima.
El informe de BCA Research, elaborado por su estratega jefe Peter Berezin, advierte que "el riesgo de recesión aumentará de forma significativa si el estrecho de Ormuz permanece cerrado hasta junio". Históricamente, el impacto de los shocks petroleros es retardado, y el mercado sobrevive ahora gracias a amortiguadores como las reservas y a que empresas y consumidores actúan como si la crisis fuera pasajera. El transporte de mercancías, donde el combustible representa el 40% de los costes, es uno de los más expuestos.
La historia económica, como recuerda Berezin, muestra que los mercados tienden a reaccionar con retraso. Tanto en el embargo árabe de 1973 como tras la Revolución iraní de 1979, las bolsas se desplomaron meses después del alza del petróleo, cuando la recesión se hizo evidente. El mensaje es claro: lo peor podría estar por llegar si el shock energético se percibe como duradero, lo que podría cambiar bruscamente el comportamiento económico y disparar el riesgo de recesión, una situación que ya provoca dificultades para llenar el depósito en algunos lugares.