Las imágenes han dado la vuelta al mundo. En ellas se ve cómo María Eduard Rodríguez de Freitas, una joven de 21 años, es lanzada al vacío desde un puente de 40 metros de altura cerca de Limeira (Sao Paulo, Brasil).
Los monitores se olvidaron de atarle la cuerda de seguridad, provocando que la joven muriera en el acto.
El trágico suceso ha terminado con tres monitores en prisión incondicional por homicidio imprudente y otras tres personas detenidas, que se habían dado a la fuga inicialmente.
En el vídeo se escucha a los asistentes gritar "¡la cuerda, la cuerda!" justo cuando la joven ya se precipita sin ninguna sujeción.
Para analizar esta tragedia, en 'La Tarde' de COPE, con Pilar García Muñiz, ha entrevistado a José Carlos de Santiago, gerente de Asdon Aventura e instructor de puenting desde hace 35 años.
El experto confiesa que, al ver las imágenes, pensó que se trataba de un montaje con inteligencia artificial: "No pensé que era de verdad".
De Santiago es tajante al afirmar que lo ocurrido "no es un accidente, porque un accidente es algo imprevisto".
Según explica, el puenting es una actividad muy controlada y lo que se aprecia en el vídeo es la ausencia total de un protocolo de seguridad correcto.
La clave del fallo, según su análisis, es que "había tres monitores y que todos hacían las mismas cosas y que no había una función determinada para cada uno de ellos".
Esta falta de roles definidos provoca que "no supervisa nadie a nadie", y si los tres trabajan de forma arbitraria, "ese protocolo ya no existe".
Un protocolo de seguridad riguroso, explica el instructor, no se aplica solo al puenting, sino a "cualquier deporte de aventura".
Implica que el material homologado sea revisado antes de la actividad y que "cada maniobra que hacemos, hay que revisarla al menos dos veces".
En el caso de Brasil, "no hubo ninguna revisión, eso es lo peor de todo".
En una operación segura, hay roles claros: la persona que recibe al saltador, el que vigila las cuerdas y su tensión, y el jefe de salto.
"Entre las tres personas nos vigilamos unos a otros, entonces, se da el ok para que se pueda saltar", detalla De Santiago.
La responsabilidad principal, añade, recae en la empresa, que "es la que tiene que establecer los protocolos de seguridad".
José Carlos de Santiago también aclara que la actividad de Brasil era 'bungee jumping' y no puenting. El puenting, explica, es "un péndulo, como un columpio a lo bestia", lo que la convierte en una actividad "muchísimo más controlada".
El 'bungee jumping' puede realizarse desde otras plataformas e "intervienen otros factores".
A pesar del riesgo inherente, el experto defiende la seguridad de estas prácticas cuando se realizan profesionalmente.
"Es mucho más peligroso venir en coche a hacer la actividad que hacer la actividad de puenting", asegura.
En su empresa, por ejemplo, utilizan tres cuerdas, dos arneses de cintura, uno de pecho y tres frenos dinámicos para garantizar la seguridad "al 100%".
El perfil de quienes buscan esta descarga de adrenalina es muy variado.
De Santiago cuenta que saltan desde padres con sus hijos mayores de 14 años (siempre con los progenitores presentes) hasta personas que buscan superar el vértigo.
Lejos de ser solo una experiencia extrema, el puenting puede tener beneficios como "generar una autoconfianza muy grande" que ayuda a enfrentarse a otros miedos de la vida.