El programa 'Herrera en COPE' ha descubierto de la mano de Carlos Herrera y María José Navarro, en su 'Historia del Día', la historia de Fernando Agudo, gerente del Museo del Melonero en Villaconejos (Comunidad de Madrid). Un espacio que, contrariamente a lo que se podría pensar, no exhibe la fruta, sino que rinde homenaje a sus artífices. Agudo, fundador del museo, aclara la confusión: "En el museo no hay melones, en el museo lo que hay es la historia de los meloneros de Villaconejos".
El vínculo de Villaconejos con el melón es profundo y antiguo. Fernando Agudo, cuya familia se ha dedicado al cultivo de esta fruta, recuerda las difíciles condiciones de vida de los productores. Según ha relatado, sus propias investigaciones confirman la longevidad de esta tradición. "Hemos encontrado que un historiador de Madrid, a finales del siglo XVI aproximadamente, o XVII, dice en uno de sus libros que en la Plaza de la Cebada se vendían en uno de sus laterales gallinejas, mantas y melones de Villaconejos", explica.
La domesticación del melón en la zona tiene un origen singular, ligado a un episodio bélico. Agudo narra cómo un soldado destinado en África durante la guerra se fijó en unas variedades locales. "Vio unos melones diferentes a los nuestros, eran melones negros y alargados", detalla. Aquel militar se trajo unas pocas semillas que, al multiplicarse, dieron lugar a unos melones que "cogieron mucha fama en Madrid".
Aunque hoy el melón de Villaconejos se asocia a la variedad piel de sapo, Fernando Agudo matiza que el original era muy distinto al actual. "El sapo nuestro es diferente, era un melón de unos 2 kilos y medio, aproximadamente, con una semilla muy chiquitita, y era un melón muy dulce, y era un melón autóctono", afirma con rotundidad.
Frente a esa variedad original, Agudo se muestra crítico con los melones que se comercializan en la actualidad bajo el mismo nombre. "Los que hay ahora, que son, dicen que son piel de sapo, que no lo son, son todos híbridos", sentencia. Para él, la excelencia se encuentra en otra variedad casi desaparecida: los 'mochuelos'. "Los buenos son mochuelos, es la mejor variedad de melones, que se siembran muy pocos, porque son muy delicados", concluye.
José Manuel Ruiz, agricultor de Villaconejos, lo desvelaba con Cristina López Schlichting en 'Fin de Semana'. Apuntó que, en el caso de las sandías, lo importante es que "tenga peso" pero recuerda que "cuando le des un toque, suene a macizo". Eso significa que esa sandía está buena y pide que recordemos que al golpe, la sandía no puede sonar "a cartón". Cuando suena a macizo significa que "está buena, está llena y es buena".
Sobre el color, el agricultor explicó que debe ser de un color "verde fuerte; que esté vivo" y sobre esa famosa mancha amarilla de la que tanto se habla, recuerda que debe estar. "Esa es la zona que está tocando la tierra; eso lo tienen todas las frutas que se cría en la tierra".
Por lo tanto, y a modo de resumen en el caso de las sandías: la sandía debe ser oscura y pesada y que al dar un golpe, suene como si fuera cartón, si no a macizo. Puedes escuchar aquí más detalles.