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En Ezequiel 1–3, Dios revela su gloria al profeta antes de enviarlo a hablar a un pueblo rebelde. Ezequiel aprende que Dios sigue sentado en el trono, que su Palabra debe transformar primero al mensajero y que nuestra responsabilidad es hablar fielmente, aun cuando otros no quieran escuchar.
En Mateo 13:24–16:28, Jesús revela la naturaleza de su reino y, cada vez con mayor claridad, su verdadera identidad. Entre parábolas, milagros, confrontaciones y actos de compasión, todo conduce a la pregunta decisiva: “¿Quién decís que soy yo?” Pedro confiesa que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, y Jesús muestra que reconocerlo como Mesías implica también negarnos a nosotros mismos, tomar nuestra cruz y seguirlo.
Ezequiel: Verso a verso es un recorrido por este libro profético que nos muestra la gloria y santidad de Dios, la seriedad del pecado y su promesa de restauración, esperanza y nueva vida. A través de sus visiones y profecías descubriremos a un Dios fiel que llama a su pueblo al arrepentimiento y revela su propósito redentor.
En Mateo 11–13:23, Jesús responde a las dudas de Juan el Bautista, confronta la incredulidad y ofrece descanso a quienes acuden a Él. Por medio de sus enseñanzas y de la parábola del sembrador, revela los misterios del reino de los cielos y muestra las distintas respuestas del corazón ante la Palabra de Dios.
En esta enseñanza de la serie Hechos 2:42: Fundamentos para la vida de la iglesia, el pastor Iber Cruz nos lleva a considerar el significado del partimiento del pan y la importancia de perseverar en la Cena del Señor.
A partir de Hechos 2:42 y 1 Corintios 11, descubrimos que la Cena del Señor no es un rito vacío, sino un recordatorio que vuelve a colocar a Jesucristo en el centro de la iglesia. El pan representa su cuerpo entregado en nuestro lugar y la copa anuncia su sangre derramada para establecer el nuevo pacto.
La Cena dirige nuestra mirada hacia el pasado, al recordar el sacrificio de Cristo; hacia el presente, al anunciar su muerte y la esperanza del evangelio; y hacia el futuro, al esperar su regreso. También nos llama a examinarnos, reconocer nuestra condición de pecadores y acercarnos confiando en la gracia del Salvador.
Con esta enseñanza concluye la serie Hechos 2:42: Fundamentos para la vida de la iglesia. El pastor Fermín IV nos lleva desde la aparición de Jesús resucitado en Lucas 24 hasta la vida de oración de la iglesia en el libro de los Hechos.
La perseverancia de los primeros creyentes no surgió de una obligación religiosa, sino de haber conocido al Cristo vivo y experimentado el poder del Espíritu Santo. Por eso permanecían en la doctrina de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones.
A partir de la oración registrada en Hechos 4, descubrimos que la iglesia oraba reconociendo que Dios es el Creador y Señor soberano, respondiendo a su Palabra y pidiendo valor para cumplir su voluntad. En lugar de permitir que las circunstancias gobernaran sus peticiones, confiaron en Dios y dependieron del Espíritu Santo para continuar anunciando a Cristo.
En Mateo 8–10, Jesús desciende del monte y comienza a manifestar mediante sus obras el poder del reino que había anunciado con sus palabras. Sana enfermos, limpia a personas consideradas impuras, libera endemoniados, calma una tormenta, perdona pecados y resucita a una niña. Cada milagro revela su compasión, pero también su autoridad divina sobre la creación, el pecado, los demonios, la enfermedad y la muerte.
Estos capítulos también muestran que contemplar el poder de Jesús exige una respuesta. El Rey llama a personas marginadas, como Mateo, y recibe a quienes se acercan a Él con fe, como el centurión. Sin embargo, seguirlo implica una lealtad completa, participar en su misión y estar dispuestos a enfrentar oposición, rechazo y persecución.
En esta enseñanza de la serie Hechos 2:42: Fundamentos para la vida de la iglesia, el pastor Iber Cruz nos lleva a considerar el significado del partimiento del pan y la importancia de perseverar en la Cena del Señor.
A partir de Hechos 2:42 y 1 Corintios 11, descubrimos que la Cena del Señor no es un rito vacío, sino un recordatorio que vuelve a colocar a Jesucristo en el centro de la iglesia. El pan representa su cuerpo entregado en nuestro lugar y la copa anuncia su sangre derramada para establecer el nuevo pacto.
La Cena dirige nuestra mirada hacia el pasado, al recordar el sacrificio de Cristo; hacia el presente, al anunciar su muerte y la esperanza del evangelio; y hacia el futuro, al esperar su regreso. También nos llama a examinarnos, reconocer nuestra condición de pecadores y acercarnos confiando en la gracia del Salvador.
Jesús continúa el Sermón del Monte mostrando que la justicia del Reino nace de un corazón transformado y no de una religión externa. Aprendemos qué significa buscar primero el Reino de Dios, vivir para agradar al Padre y edificar nuestra vida sobre la roca que es Cristo.
En la segunda enseñanza de la serie Hechos 2:42: Fundamentos para la vida de la iglesia, el pastor Sergio Rugerio, de Semilla de Mostaza Toluca, nos guía a considerar la comunión como uno de los pilares esenciales de la iglesia.
La comunión bíblica es mucho más que asistir juntos a una reunión. Nace del evangelio: Cristo nos reconcilia con Dios y nos incorpora a una nueva familia. Por eso, la iglesia no es solamente un lugar al que asistimos, sino un cuerpo al que pertenecemos y en el que aprendemos a compartir la vida, llevar las cargas, atender las necesidades, perdonar, servir y perseverar juntos.
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