El número de ricos no deja de crecer, incluso de manera exponencial, en todo el planeta como reflejo del desinterés de los poderosos por el resto de los humanos, los pobres y empobrecidos, que corren el riesgo de caer o perpetuarse en la situación de exclusión social. Ricos que parecen olvidar o no querer ver que cuando se estira mucho, cuando se polariza en los extremos las clases sociales y se exprime a las clases medias, se está provocando el estallido social que cada vez se presenta más agresivo y violento y que una vez se suelta, nunca se sabe cómo puede terminar. Nos engañaron durante la crisis bancaria con aquello de que se iba a reformar el capitalismo. Hoy, una década después, los datos oficiales demuestran que la desigualdad aumenta, lo que exige una revisión del sistema porque nadie aguanta que le pisen el cuello hasta la asfixia.