La segunda de sus cinco chicas tenía 19 años cuando falleció víctima de la masacre de Cromañón, hace casi dos décadas. Con cientos de muertos y miles de heridos, el incendio del 30 de diciembre de 2004 en el barrio porteño de Once es el peor desastre del rock en el mundo. La cifra oficial de fallecidos es 194, pero la voz del testimonio cree que la cifra verdadera alcanza 317.
"Marianela era la segunda madre en mi casa; yo fui mamá y papá; viví distintas experiencias; la más chiquita [Iara] tenía dos años y medio; estaban Sole de 17, Leonela de 15, Mari de 19 y Claudia de 23, que había formado su hogar; ella era la más centrada, mi mano derecha; yo me podía ir a trabajar porque sabía que las otras estaban cuidadas; era excelente persona; a 20 años hay amigos que vienen, me abrazan y me dicen la Flaca siempre en mi corazón; un orgullo para mí; cuando pasó esto fue un derrumbe en la familia; fue como que nos sacaron todo; mi mano derecha, la hermana, la compañera, la amiga".
Mónica Gabriela Schildt habita aún la misma casa del barrio de Texalar, partido de Morón. De ese domicilio salió su hija Marianela Rojas la tarde del 30 de diciembre de 2004 desbordante de felicidad, aunque con destino aciago. A las 21.30, al cabo de un rato de travesía a bordo del Ferrocarril Sarmiento, la chica y algunos amigos ingresaron al boliche República de Cromañón para ver un show de la banda Callejeros. Más de un día después, a las 20 del día siguiente, tras recorrer desesperada la ciudad buscando noticias, la madre leerá su nombre en la lista de muertos puesta en la entrada de la Morgue Judicial.
"En el afán de hacer justicia una cazaba la foto y la bandera y las demás hijas quedaban a la deriva; gracias a Dios, si bien hubo muchos bajones, disminuyeron las notas en la escuela, no llegaron a querer lastimarse o una cosa así; hay algo que nos mantuvo unidos, que fue permanecer en el santuario; ese sitio para nosotros es tenerla a ella; sentarnos ahí es una caricia; una de mis otras hijas hace murales y mi yerno tatúa; el pintó el mural grande que está en la puerta [de Cromañón; un cielo con ángeles, una cadena, un candado y la frase: Pudieron apartarlos de nuestro lado, jamás de nuestros corazones]".