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La mamá de Cecilia Gisela Basaldúa, la escritora y mochilera porteña asesinada en 2020 en Capilla del Monte, Córdoba, lideró junto a Daniel, el papá de la víctima, una agenda de movidas para denunciar los cinco años de impunidad. La secretaria provincial de la Mujer los recibió en su despacho y renovó el apoyo para que continúen la lucha por memoria, verdad y justicia.
La abogada de la familia de Cecilia Basaldúa, la escritora y mochilera porteña asesinada en 2020 en Capilla del Monte, Córdoba, participó en la marcha realizada para denunciar cinco años de impunidad. Junto a Susana y Daniel, los padres de la víctima, habló en la vereda de la sede policial. El sumario carece de procesados, fiscal cierto e investigación efectiva.
"Invitamos a la abogada que nos acompaña", anuncia Alberto Daniel Basaldúa, que junto a su mujer Susana Reyes acaba de hablar a la multitud, parados ambos en la vereda de lajas mirando hacia la calle. "Bueno, gracias a todos", interviene Daniela Pavón, ubicándose a mano izquierda del hombre, el lado opuesto que la esposa. "Comisaría Capilla del Monte", puede leerse a espaldas de los tres un cartel de madera artesanal, en caracteres blancos sobre fondo barnizado. El letrero tiene un metro de altura y se encuentra a cierta distancia, erguido sobre dos troncos enterrados en la gramilla.
"Básicamente, estar acá es como lo que representa para nosotros toda esta causa", escruta la representante legal (su voz abarca los minutos 14 a 19 del audio de esta nota); "porque de acá surgió todo lo que pasó, las irregularidades, lo que como familia ellos han tenido que pasar". Es el atardecer del 26 de abril. Dos policías, una mujer y un hombre, observan parados cerca de un portón azul. Los ciudadanos enfrentados a los oradores suman un par de centenares y permanecen detrás de una pancarta blanca con el rostro de la víctima que parece discutir con el aviso de madera: "Verdad y justicia; Cecilia Gisela Basaldúa".
Como ciudadana comprometida de Capilla del Monte, provincia de Córdoba, acompaña a la familia de Cecilia Gisela Basaldúa, la escritora, deportista y mochilera porteña asesinada en 2020. Su voz se hizo escuchar en el quinto aniversario del horror impune, que incluyó varias movidas protagonizadas por Susana y Daniel, los padres de la víctima.
«La frase hacer realidad un mundo de amor requiere nunca dejar de soñarlo, aparte de poesía tiene todo un contenido; porque Cecilia en sus relatos deja documentos de la desigualdad que decíamos y que ella en esa oración sintetiza; tenemos derecho al buen vivir, a un mundo más humano; vamos a escuchar algunos extractos que constituyen el legado que queremos compartir; nos comprometemos solidariamente con la familia en que esta memoria va a seguir activa, va a seguir presente; queremos que la familia sepa la verdad de lo que le pasó; tiene derecho a conocer lo que le hicieron y a la justicia».
Graciela Olmos es, igual que Cecilia Gisela Basaldúa, porteña de nacimiento. La primera estaba radicada en Capilla del Monte cuando la ciudad erigida a tres kilómetros y medio del cerro Uritorco fue escenario del femicidio de la escritora, un crimen de considerables implicancias que al cabo de un lustro permanece impune. Demasiada agua ha corrido bajo el célebre puente colgante del río Calabalumba, uno de los cursos fluviales de la zona. Cerca de un codo de ese afluente, en una zona rural, fue hallado el cuerpo el 25 de abril de 2020, con signos de violencia salvaje, después de casi tres semanas de búsqueda.
Es periodista investigadora, integrante del movimiento feminista y experta en el crimen de Cecilia Gisela Basaldúa, la mochilera porteña muerta en 2020. Al cumplirse cinco años de impunidad, sintetizó el caso y sus implicancias durante un homenaje que compartió entre otros con Susana y Daniel, los padres de la víctima, en la Plaza San Martín, la neurálgica de la ciudad cordobesa.
"Invitamos a dejar una ofrenda en memoria de Cecilia; a que se vayan acercando a este altar a ofrendar lo que sientan, lo que trajeron; una palabra, el silencio; a conjurar entre todas y todos este momento, esta memoria, este día de recuerdo; porque nunca más en Capilla del Monte el 25 de abril va a ser un día más; en medio de este caldero caliente el humo abre el cielo y una memoria se desprende, una vida que cambia de idioma y brota debajo de la piel", intenta descifrar; "Cecilia Gisela Basaldua...", proclama; "¡presente!", le contestan; "ahora...", propone; "¡y siempre!", escucha; "ahora...", reitera; "¡y siempre!"
María Mugenia Marengo lee una hoja de papel de pie en el micrófono debajo del toldo improvisado a un costado del Jardín de la Memoria, mientras el olor a sahumerio que proviene del altar decorado de manera alusiva impregna la atmósfera. Sus palabras abren el tributo para denunciar cinco años de impunidad que se desarrolla en ese espacio emblemático de la Plaza San Martín, la neurálgica de Capilla del Monte. A su lado se encuentra Susana Reyes, mamá de la escritora, deportista y mochilera porteña asesinada en 2020; después de esta hablará el padre de la víctima, Alberto Daniel Basaldúa.
"Nos encontramos a cinco años del femicidio de Cecilia", continúa el exordio del homenaje; "en nuestra localidad, Capilla del Monte, como decimos siempre, hay asesinos libres y el sistema judicial se empecina en dilatar los tiempos con burocracias y nombramientos de fiscales que no terminan de emprender una investigación seria y con compromiso; como cada año, abrazamos a su familia, que tiene un corazón tan enorme que se convirtió en la nuestra; desde Buenos Aires hasta Cruz del Eje, el pedido de justicia que recorren se hizo un camino recurrente de 868 kilómetros para llegar a la verdad".
El papá de Cecilia Gisela, la escritora, deportista y mochilera porteña asesinada en 2020 en Capilla del Monte, provincia de Córdoba, marchó junto a Susana, la mamá de la víctima, y una multitud al cumplirse cinco años del femicidio. Fabricio Díaz, el jefe comunal, que ya ocupaba el cargo en la época del crimen, es uno de los que la familia considera en deuda.
«Invito a Fabricio, el intendente, a que nos acompañe en la marcha, estaría bueno», comenta Alberto Daniel Basaldúa en diálogo telefónico con Una Radio (FM 98.1) de Capilla del Monte. Para dar la entrevista se ha detenido a mitad del viaje de 800 kilómetros desde la Capital Federal hacia la ciudad donde fue asesinada la mayor de sus cuatro hijos. Es la tarde del 25 de abril, aniversario número cinco del hallazgo del cuerpo luego de tres semanas de búsqueda. El padre habla al manubrio de su camioneta mientras Susana, mamá de la víctima, le ceba el mate amargo desde el asiento del acompañante.
Cecilia Gisela Basaldúa, escritora, deportista y mochilera porteña, tenía 36 años cuando el 5 de abril de 2020 desapareció en la ciudad aledaña al cerro Uritorco, provincia de Córdoba, adonde había llegado con la intención de inspirarse para pasar en limpio un libro sobre su reciente viaje por Latinoamérica. Lucas Adrián Bustos, un peón de albañil de 23 años, hasta hoy único detenido, fue acusado de violarla y asesinarla. Pero un juicio realizado en 2022 en los Tribunales del Cruz del Eje absolvió al muchacho después de quedar demostrado que nunca hubo, ni remotamente, pruebas que lo incriminaran.
Suma casi dos décadas y media mendigando justicia junto al resto de la familia. Su hermana menor tenía 14 años cuando fue secuestrada, torturada, violada y muerta por policías bonaerenses el 4 de febrero de 2001 en Miramar. Está pendiente identificar y condenar al quinto hombre que dejó evidencia genética en el cuerpo. Los otros cuatro recibieron perpetua.
Suma casi dos décadas y media mendigando justicia. La tercera de sus cuatro hijos tenía 14 años cuando fue secuestrada, torturada, violada y muerta por policías bonaerenses el 4 de febrero de 2001 en la ciudad de Miramar. Está pendiente identificar y condenar al quinto hombre que dejó evidencia genética en el cuerpo. Los otros cuatro recibieron cadena perpetua.
Suma casi dos décadas y media mendigando justicia. La tercera de sus cuatro hijos tenía 14 años cuando fue secuestrada, torturada, violada y muerta por policías bonaerenses el 4 de febrero de 2001 en la ciudad de Miramar. Está pendiente identificar y condenar al quinto hombre que dejó evidencia genética en el cuerpo. Los otros cuatro recibieron cadena perpetua.
Recibió el Premio Luchemos por la Vida en nombre de la Asociación Estrellas Honrar la Vida de la ciudad de Junín. Es mamá de Patricio Toledo, que tenía 18 años cuando perdió la vida en un hecho vial. La acompañó Mónica Rustici, presidenta del proyecto, cuyo hijo Emanuel Apodaca sumaba 21 al convertirse en otra víctima de la violencia automotor.
Acogió la estatuilla de Luchemos por la Vida en nombre de la Asociación Estrellas Honrar la Vida de la ciudad de Junín. Es mamá de Emanuel Apodaca, que tenía 21 años cuando perdió la vida en un hecho vial. La acompañó Sandra Silvera, también miembro del proyecto, cuyo hijo Patricio Toledo sumaba 18 al convertirse en otra víctima de la violencia automotor.
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