Un alma en Cristo https://unalmaencristo.my.canva.site/redessociales
📘 Libro I Un alma en Cristo
En la Misa yo le decía: «Amigo mío».
Sí, llámame amigo tuyo porque no tienes un amigo mejor que Yo.
Llámame amante, porque no tendrás un amante más fiel que Yo.
Llámame hermano, porque soy tu hermano fiel.
𝗟𝗹á𝗺𝗮𝗺𝗲 𝘁𝘂 𝗗𝗶𝗼𝘀, 𝗽𝗼𝗿𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗼𝘆 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗰𝗶𝗲𝗹𝗼 𝘆 𝘁𝗶𝗲𝗿𝗿𝗮, 𝗽𝗿𝗶𝗻𝗰𝗶𝗽𝗶𝗼 𝘆 𝗳𝗶𝗻.
Hija mía, Yo, Jesús, dije en el Evangelio: «𝗗𝗲𝗷𝗮𝗱 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗻𝗶ñ𝗼𝘀 𝘀𝗲 𝗮𝗰𝗲𝗿𝗾𝘂𝗲𝗻 𝗮 𝗠í.» 𝗘𝘀𝘁𝗮 𝗳𝗿𝗮𝘀𝗲 𝘁𝗮𝗻 𝗰𝗼𝗿𝘁𝗮 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝘂𝗻 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝗻𝗶𝗱𝗼 𝗶𝗻𝗰𝗮𝗹𝗰𝘂𝗹𝗮𝗯𝗹𝗲. «Niño», palabra corta; pero cuando pensamos en ellos, nuestros corazones se estremecen de ternura. 𝗬𝗼, 𝗝𝗲𝘀ú𝘀, 𝗱𝗶𝗷𝗲: «𝗦𝗶 𝗻𝗼 𝗼𝘀 𝗵𝗮𝗰é𝗶𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗻𝗶ñ𝗼𝘀 𝗽𝗲𝗾𝘂𝗲ñ𝗼𝘀 𝗻𝗼 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗿é𝗶𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗥𝗲𝗶𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗶𝗲𝗹𝗼𝘀.»
En estos días, en los que hacen la Primera Comunión tantos pequeños, 𝗦𝗼𝘆 𝗺𝘂𝘆 𝗳𝗲𝗹𝗶𝘇 𝗮𝗹 𝘃𝗲𝗿 𝗹𝗹𝗲𝗴𝗮𝗿 𝗮 𝗺𝗶 𝗮𝗹𝘁𝗮𝗿 𝗮 𝘁𝗮𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗮𝗹𝗺𝗮𝘀 𝗶𝗻𝗼𝗰𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀, 𝗰𝗼𝗻 𝗺𝗶𝗿𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗹𝗶𝗺𝗽𝗶𝗮𝘀 𝘆 𝗰𝗮𝗻𝗱𝗼𝗿𝗼𝘀𝗮𝘀. 𝗘𝗹𝗹𝗼𝘀 𝗺𝗲 𝗺𝘂𝗲𝘃𝗲𝗻 𝗮 𝗹𝗮 𝗠𝗶𝘀𝗲𝗿𝗶𝗰𝗼𝗿𝗱𝗶𝗮 𝗺á𝘀 𝗮𝗯𝘀𝗼𝗹𝘂𝘁𝗮 𝘆 𝗱𝗲𝗿𝗿𝗮𝗺𝗼 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗮𝗯𝗲𝗰𝗶𝘁𝗮𝘀 𝗿𝗮𝘂𝗱𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮𝘀.
Hija mía, no debes entristecerte cuando veas el poco respeto que en la ceremonia de las Primeras Comuniones la gente tiene hacia mi Santa Misa. Son normalmente personas no practicantes, que creen en algo pero que no se han definido en la fe. Hay otras que no creen en absoluto y que vienen como el que va al teatro, a ver una representación. Finalmente hay otros que, por el contrario, ven en estos niños posibles fieles creyentes, adoradores de su Dios, y me ofrecen sus almitas para que las dirija con amor y caridad hacia la Santísima Trinidad.
Con esta diversidad de personas, no puede haber una ceremonia como tendría que ser, pero debes entender que Yo, Jesús, por una parte, derramo raudales de gracias sobre todos los asistentes, y, por otra, en estas situaciones de barullo y desconcierto, aprovecho también para llamar a muchos a la verdadera conversión.
Les digo: «𝗘𝘀𝘁𝗼𝘆 𝗮𝗾𝘂í, 𝗵𝗶𝗷𝗼 𝗺í𝗼: ¡𝗰𝘂á𝗻𝘁𝗼 𝗵𝗮𝘀 𝘁𝗮𝗿𝗱𝗮𝗱𝗼! 𝗖𝘂á𝗻𝘁𝗼 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼 𝗵𝗮𝗰𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝘁ú, 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀 𝗻𝗶ñ𝗼𝘀, 𝗺𝗲 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝗴𝗮𝘀𝘁𝗲 𝘁𝘂 𝗽𝗲𝗾𝘂𝗲ñ𝗼 𝗰𝗼𝗿𝗮𝘇ó𝗻, 𝘆 𝗮𝗵𝗼𝗿𝗮 ¡𝗾𝘂é 𝗮𝗽𝗮𝗿𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗲𝘀𝘁á𝘀! 𝗡𝗶 𝘀𝗶𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗺𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝘁𝗶.
𝗬𝗼 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗲 𝗮𝗯𝗿𝗮𝘀 𝘁𝘂 𝗰𝗼𝗿𝗮𝘇ó𝗻 𝗱𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗼; 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗲 𝗵𝗮𝗴𝗮𝘀 𝗻𝗶ñ𝗼 𝗽𝗲𝗾𝘂𝗲ñ𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿 𝗮𝘀í 𝘀𝗮𝗹𝘃𝗮𝗿 𝘁𝘂 𝗮𝗹𝗺𝗮.»
Hija mía, pequeña mía, cuando vayas a esas ceremonias, 𝗼𝗿𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗼𝘀 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗶𝗲𝗿𝘁𝗮𝗻, 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝘂 «𝗕𝘂𝗲𝗻 𝗔𝗺𝗶𝗴𝗼» 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗰𝗼𝗿𝗮𝘇𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗮𝗯𝗿𝗮𝗻 𝗮 𝗹𝗮 𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮 𝘆 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗮 𝗮𝗻𝗶𝗱𝗮𝗿 𝗲𝗻 𝗲𝗹𝗹𝗼𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲.
𝑮𝒓𝒖𝒑𝒐 𝑴𝒂𝒓í𝒂 𝑨𝒖𝒙𝒊𝒍𝒊𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 (1988) 𝑼𝒏 𝒂𝒍𝒎𝒂 𝒆𝒏 𝑪𝒓𝒊𝒔𝒕𝒐. 𝑳𝒊𝒃𝒓𝒐 𝑰