Un alma en Cristo https://unalmaencristo.my.canva.site/redessociales
📘 Libro I Un alma en Cristo
Es Jueves Santo. Estoy en la Iglesia de Nuestra Señora de Montealegre, y he asistido a la Hora Santa. Jesús me ha pedido que escriba. Son las 9:20 de la noche
Ya quedan pocas horas para empezar mi Calvario. En estos momentos me hallaba en el huerto de los Olivos.
Mis discípulos, como también tú, se dormían y Yo, con tristeza, contemplaba cómo aquellos hombres que me habían seguido a todas partes, que decían que me amaban, pronto se iban a dispersar. Su debilidad y su miedo los llevarían a unos a huir y, a Pedro a negarme. Y Yo me encontraría solo ante tanto tormento y tantos dolores.
Hoy, cuando ha pasado tanto tiempo, estoy solo igual que entonces. Estoy solo ante tanto sufrimiento y dolores, y veo a mis hijos como se traicionan unos a otros. La envidia, como entonces, anida en sus corazones...𝗘𝗻 𝘃𝗮𝗻𝗼 𝘀𝘂𝗳𝗿í 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗻𝘀𝗲ñ𝗮𝗿𝗹𝗲𝘀 𝗲𝗹 𝗰𝗮𝗺𝗶𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝘀𝗮𝗻𝘁𝗶𝗱𝗮𝗱.
El Caifás de los tiempos actuales me juzga también tan severa y duramente como entonces. Él es esa parte de mis hijos que no creen en Mí, ni en mi casa la Iglesia. Los azotes, las burlas y los ultrajes se multiplican en las calles entre ellos mismos, y Yo los recibo en pleno rostro. 𝗠𝗮ñ𝗮𝗻𝗮 𝘀𝗲𝗿é 𝗱𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗼 𝗰𝗿𝘂𝗰𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗱𝗼. 𝗖𝗼𝗺𝗼 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗮ñ𝗼 𝘃𝗲𝗿é 𝗹𝗮𝘀 𝘁𝘂𝗿𝗯𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲𝘀 𝗲𝗻𝗳𝘂𝗿𝗲𝗰𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗵𝗮𝗰𝗶𝗮 𝗠í 𝘆 𝗺𝗶 𝗦𝗮𝗻𝘁𝗮 𝗖𝗿𝘂𝘇. 𝗦𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿é 𝘀𝘂𝗳𝗿𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗶𝗿𝗿𝗲𝗺𝗲𝗱𝗶𝗮𝗯𝗹𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗽𝗼𝗿 𝗮𝗺𝗼𝗿 𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲𝘀; 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿é 𝗽𝗶𝗱𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗮𝗹 𝗣𝗮𝗱𝗿𝗲 𝗠𝗶𝘀𝗲𝗿𝗶𝗰𝗼𝗿𝗱𝗶𝗼𝘀𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝗺𝗶𝘀 𝗱𝗲𝘀𝘃𝗲𝗻𝘁𝘂𝗿𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗵𝗶𝗷𝗼𝘀.
Hija mía, quiero que, como cada año, mañana estés en la Iglesia a la hora de mi muerte. 𝗤𝘂𝗶𝗲𝗿𝗼 𝘃𝗲𝗿𝘁𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗖𝗿𝘂𝘇. Deseo mirar a mi pequeña que me contempla con dulzura. Verte entre las mujeres que me siguieron por Jerusalén hasta el Calvario. Es como tú me pediste hace algunos años, y Yo te concedí. Me seguirás toda tu vida hasta tu muerte y, cuando esto suceda, verás como todos los años, sucesivamente, has estado entre las santas mujeres a mis pies, bajo mi Cruz. Es, por eso, que quiero que estés mañana a esa hora en la Iglesia y en mi Presencia, amor mío.
Padre, ¡cómo me gustaría quedarme esta noche aquí, a tu lado!
Hija mía, no debes hacerlo pues tu marido no lo entendería. Si hubiese venido tu hermana, él estaría más conforme, pero no es conveniente que pongas a tu familia en contra de Mí. Es mejor que te vayas ahora y que mañana vengas más pronto. Así todos estarán más contentos.
𝗠𝗶𝘀 𝗺𝗮𝗻𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗼𝗻𝘁𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗿á𝗻 𝗮𝘁𝗿𝗮𝘃𝗲𝘀𝗮𝗱𝗮𝘀, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗻𝗼 𝗺𝗲 𝗵𝗮𝗿á𝗻 𝗲𝗹 𝗱𝗮ñ𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗲 𝗵𝗶𝗰𝗶𝗲𝗿𝗼𝗻 𝘆 𝗺𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲𝘀 𝗶𝗻𝗱𝗶𝗳𝗲𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀, 𝗹𝗼𝘀 𝘁𝗶𝗯𝗶𝗼𝘀, 𝗹𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝗮𝗺𝗮𝗻 𝗻𝗶 𝗮 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝗻𝗶 𝗮 𝘀𝘂 𝗽𝗿ó𝗷𝗶𝗺𝗼.
Ayúdame; entrégame tu corazón. En mis manos parece una rosa encendida de amor palpitando con timidez. Mi pobre niña, desvalida y temerosa, ¡cuánto necesito decirte cuanto te amo!, ¡𝗰𝘂á𝗻𝘁𝗼 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗻𝗼𝗰𝗵𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗲 𝗱𝗶𝗴𝗮𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗲 𝗮𝗺𝗮𝗻, 𝘆 𝘃𝗲𝗿 𝗮 𝗺𝗶𝘀 𝗵𝗶𝗷𝗼𝘀 𝗺𝗶𝗿𝗮𝗿𝗺𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗮𝗺𝗼𝗿! 𝗦𝗶𝗻 𝗲𝗺𝗯𝗮𝗿𝗴𝗼, ¡𝗾𝘂é 𝗽𝗼𝗰𝗼𝘀 𝘀𝗼𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀 𝗵𝗶𝗷𝗼𝘀! ¡Ea, vamos ya; debes marcharte!. No te duela dejarme, pues no me dejas, ya que Yo voy contigo. Esta noche dime a menudo cuánto me amas. Yo estaré escuchando a mi pequeña.
𝑮𝒓𝒖𝒑𝒐 𝑴𝒂𝒓í𝒂 𝑨𝒖𝒙𝒊𝒍𝒊𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 (1987) 𝑼𝒏 𝒂𝒍𝒎𝒂 𝒆𝒏 𝑪𝒓𝒊𝒔𝒕𝒐. 𝑳𝒊𝒃𝒓𝒐 𝑰