Un alma en Cristo https://unalmaencristo.my.canva.site/redessociale
📘 Libro I Un alma en Cristo
He recitado el Santo Rosario y la Oración de la Luz. Me he puesto agua bendita en la cabeza. He pedido ayuda al Espíritu Santo.
El temor de un alma, el miedo por lo desconocido es algo de lo cual el ser humano no ha podido despojarse. A lo largo de los tiempos han surgido innumerables almas santas y verdaderos Apóstoles y todos, absolutamente todos, han sentido el miedo y el temor al ridículo. Lo que hace santa un alma no son los temores precisamente, sino más bien que, a pesar de sentirlos, ella siga caminando con la vista fija en su Dios.
Hija mía, no debes culparte por esos sentimientos que atenazan tu pobre corazón; los comprendo y no te culpo por sentirlos. Mi pequeña tiene miedo, miedo al qué dirán, miedo a las dimensiones que pueda abarcar su misión. Pero, hija mía: Yo, Jesús, tu Dios, sudé sangre en el monte de los olivos; sentí el ridículo en mi cuerpo cuando me llevaron a Caifás. El miedo hacía torpes mis pies, pero mi mente era clara: debía entregarme, debía cumplir lo que había venido a hacer, debía salvar a la humanidad. Yo te comprendo, hija mía, y te amo. Créeme, pequeña, jamás he estado tan cerca de ti ni te he mirado con tanta ternura. 𝗬𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗼𝘆 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗶𝗴𝗼; 𝗹𝘂𝗰𝗵𝗮 𝗽𝗼𝗿 𝗺𝗶 𝗥𝗲𝗶𝗻𝗼. 𝗬𝗼 𝘁𝗲 𝗰𝘂𝗶𝗱𝗮𝗿é; cuidaré tu casa y tus hijos. Te daré en cada momento aquello que necesites, no has de tener miedo.
Esta semana pasada, en la cual mi pequeña ha sufrido mucho, han sido unos días de prueba. Te estaba fortaleciendo en el dolor, pero ahora, más calmada, 𝗲𝗺𝗽𝗲𝘇𝗮𝗿𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗷𝘂𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗹𝗮 𝗹𝘂𝗰𝗵𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗮𝗹𝗲𝗴𝗿í𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗮𝗯𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲 𝗹𝗮 𝗩𝗼𝗹𝘂𝗻𝘁𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗖𝗿𝗲𝗮𝗱𝗼𝗿.
No sufras, hija mía, y 𝘃𝗲𝗻, 𝘃𝗲𝗻 𝗮 𝗯𝗲𝗯𝗲𝗿 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗳𝘂𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝗱𝗼𝗻𝗱𝗲 𝗺𝗮𝗻𝗮 𝗹𝗮 𝘀𝗮𝗯𝗶𝗱𝘂𝗿í𝗮, 𝗲𝗹 𝗮𝗺𝗼𝗿, 𝗹𝗮 𝗽𝗮𝘇 𝘆 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗻𝗰𝗼𝗿𝗱𝗶𝗮. 𝗩𝗲𝗻, 𝗬𝗼 𝘁𝗲 𝗵𝗮𝗿é 𝗳𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗺𝗶 𝗮𝗺𝗼𝗿.
𝗬𝗼 𝘁𝗲 𝗱𝗮𝗿é 𝗲𝗹 𝗴𝗮𝗹𝗮𝗿𝗱ó𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝘂𝗺𝗽𝗹𝗲𝗻 𝗺𝗶 𝗩𝗼𝗹𝘂𝗻𝘁𝗮𝗱, 𝗬𝗼 𝘁𝗲 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿é 𝗮𝗹 𝗣𝗮𝗱𝗿𝗲, 𝗹𝗹𝗲𝘃𝗮𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗺𝗶 𝗗𝗶𝘃𝗶𝗻𝗮 𝗺𝗮𝗻𝗼; mi sonrisa inundará tu alma de inmensa alegría. Y ya nunca más tendrás miedo.
Te preguntas con frecuencia: ¿seré yo quién escribe? No es posible que sea Jesús quien me dicte. Y Yo te digo: ¿qué importancia tiene a estas alturas, cuando mi pequeña ha muerto para resurgir a la vida de la Gracia, preguntarse eso? La prueba mayor la tienes en ti misma, ¿cómo podrías tú sola tener conocimiento de la Voluntad Divina?
¿Cómo podrías entender a tu Dios si ni siquiera conocías las verdades fundamentales de fe, y todavía desconoces algunas de ellas? ¿Cómo podría tu pobre cabeza interpretar con tanta exactitud mi Amor y Misericordia? Alégrate, hija mía, y no te atormentes más. Lo que pase a partir de ahora me pertenece. Tú me ofrecerás todos tus sufrimientos. Lo que digan los demás no debe importarte; 𝘀ó𝗹𝗼 𝗱𝗲𝗯𝗲 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗺𝗶 𝗩𝗼𝗹𝘂𝗻𝘁𝗮𝗱 𝘆 𝗹𝗮𝘀 𝗮𝗹𝗺𝗮𝘀. 𝗤𝘂𝗲 𝘁𝘂 𝘃𝗶𝗱𝗮 𝘀𝗲𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗻𝗱𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗮𝗺𝗼𝗿 𝗮 𝘁𝘂 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝘆 𝗮𝗹 𝗽𝗿ó𝗷𝗶𝗺𝗼; 𝘀ó𝗹𝗼 𝗲𝘀𝗼 𝗱𝗲𝗯𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗲𝗹 𝗹𝗲𝗺𝗮 𝗱𝗲 𝘁𝘂 𝘃𝗶𝗱𝗮. 𝗣𝗼𝗿 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗵𝘂𝗺𝗶𝗹𝗹𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝘂𝗳𝗿𝗮𝘀 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗶𝗿á𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗚𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮; 𝗽𝗼𝗿 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗽𝗿𝗲𝗰𝗶𝗼, 𝘂𝗻 𝗗𝗼𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝘁𝗲 𝗮𝗰𝗲𝗿𝗰𝗮𝗿á 𝗺á𝘀 𝗮 𝗠í.
𝑮𝒓𝒖𝒑𝒐 𝑴𝒂𝒓í𝒂 𝑨𝒖𝒙𝒊𝒍𝒊𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 (1986). 𝑼𝒏 𝒂𝒍𝒎𝒂 𝒆𝒏 𝑪𝒓𝒊𝒔𝒕𝒐. 𝑳𝒊𝒃𝒓𝒐 𝑰