Un alma en Cristo https://unalmaencristo.my.canva.site/redessociale
📘 Libro I Un alma en Cristo
6 de abril de 1986
En oración, después de Semana Santa. Mi confesor me indicó que no escribiera hasta pasada dicha Semana. Prefirió que me dedicara a estar con Jesús y seguirle de cerca en estos días que fueron, y son para Él, de dolor.
Hija mía, en estas semanas durante las cuales no nos hemos comunicado por medio de la escritura, y en las cuales parecía que nada teníamos que decirnos, ha sido cuando más cerca hemos estado uno del otro. Yo te veía a mis pies, junto con mi Santa Madre y las mujeres que me amaban. El Viernes Santo hiciste tu consagración tal como Yo te pedí. Ahora, por tu voluntad, estás consagrada para toda la vida. Has hecho una promesa solemne a mi divino Corazón de seguirme durante toda tu vida. Bendita seas, hija mía.Te bendigo y te impulso a seguir el camino de la Cruz, que es el camino de todos aquellos que me aman.
En estas semanas últimas tu alma vislumbra algo grande. No sabe explicarse claramente qué es, pero sospecha que ante sus ojos, o mejor dicho, en su mente, se dan paso pensamientos de claridad, de visión y entendimientos nuevos, a los cuales tú no estás acostumbrada. Las conclusiones que sacas son ciertas.
Dios hizo el mundo y puso, entre las criaturas, armonía, amor y unión. Todo está enlazado maravillosamente, de forma que si una sola cosa, por pequeña que sea, no desempeña su función, está perjudicando a otras que, a su vez, dejan de cumplir la suya. Con ello se produce un desequilibrio en cadena que, ininterrumpidamente, desemboca en la destrucción. Te lo explico sumariamente para que lo entiendas.
El hombre es la obra maestra de Dios. Para él mandó a su Hijo: para enseñarle cómo debía convivir, amar, formar un solo pueblo, cantar una sola alabanza a Dios, tener un solo espíritu hasta dar su vida por los demás. Pero el hombre, con su comportamiento de pecado, está contribuyendo a la destrucción del mundo, pues dentro de aquella gran armonía, el pecado es como un cáncer que se hincha, se pudre y termina con las almas. Por culpa del pecado, toda la obra de Dios sufre, además, un desequilibrio. Dios restaura, pero el hombre destruye.
Si te fijas, verás que en la naturaleza cada cosa desempeña su función; aquella para la que ha sido creada. Hasta la más humilde de las florecillas aporta su equilibrio a la naturaleza. Todo está puesto como en un bombo en el cual se distinguen todas las fichas con un número.
Cumpliendo su función, todos colaboran con la gran obra de Dios; todos... menos el hombre. Si el hombre fuera consciente de esta armonía del universo, si realmente supiera y entendiera la grandeza de Dios, ¡qué diferente sería su vida! El hombre tiene importancia en cuanto Dios le ama, pero, por sí mismo, no es más que un engranaje en la obra de Dios: un granito de arena en el desierto, un punto en el universo, perdido por sus pecados y encontrado por la Misericordia Divina.
Todo esto, que ya empiezas a comprender, te llevará a una mayor Sabiduría: entenderás más y amarás más todas las cosas que te rodean. Pensarás, con razón, que todo es obra de Dios; conocerás mejor su Misericordia; te unirás más a la madre tierra, al sol y a la luna; te sentirás integrada por entero en la naturaleza y tu mente, por mi Gracia, se escapará por senderos de luz y Sabiduría.
𝑮𝒓𝒖𝒑𝒐 𝑴𝒂𝒓í𝒂 𝑨𝒖𝒙𝒊𝒍𝒊𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 (1986). 𝑼𝒏 𝒂𝒍𝒎𝒂 𝒆𝒏 𝑪𝒓𝒊𝒔𝒕𝒐. 𝑳𝒊𝒃𝒓𝒐 𝑰