Un alma en Cristo https://unalmaencristo.my.canva.site/redessociales
📘Libro I Un alma en Cristo
En oración en mi habitación. Mientras escribo hay bastante olor a incienso.
𝗬𝗼 𝘀𝗼𝘆 𝗲𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗦𝗼𝘆, 𝗲𝗿𝗮 𝘆 𝘀𝗲𝗿é 𝗽𝗼𝗿 𝘁𝗼𝗱𝗮 𝗹𝗮 𝗲𝘁𝗲𝗿𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱.
𝗦𝗼𝘆 𝗲𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗿𝗲𝘃𝗮𝗹𝗲𝗰𝗲 𝗵𝗮𝘀𝘁𝗮 𝗲𝗹 𝗳𝗶𝗻𝗮𝗹 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼𝘀, 𝗽𝘂𝗲𝘀 𝗺𝗶 𝗲𝘀𝗽í𝗿𝗶𝘁𝘂 𝗵𝗮 𝘀𝗶𝗱𝗼, 𝗲𝘀 𝘆 𝘀𝗲𝗿á 𝗽𝗼𝗿 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝗲𝘁𝗲𝗿𝗻𝗼. 𝗠𝗶 𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿 𝗻𝗼 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗹í𝗺𝗶𝘁𝗲𝘀, 𝗺𝗶𝘀 𝗳𝘂𝗲𝗿𝘇𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗻 𝗶𝗻𝗳𝗶𝗻𝗶𝘁𝗮𝘀, 𝗺𝗶 𝗮𝗺𝗼𝗿 𝗹𝗼 𝗮𝗯𝗮𝗿𝗰𝗮 𝘁𝗼𝗱𝗼, 𝗺𝗶 𝗠𝗶𝘀𝗲𝗿𝗶𝗰𝗼𝗿𝗱𝗶𝗮 𝗻𝗼 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗳𝗶𝗻.
𝗬𝗼 𝗹𝗼 𝗦𝗼𝘆 𝘁𝗼𝗱𝗼, 𝘃𝗼𝘀𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀 𝗻𝗼 𝘀𝗼𝗶𝘀 𝗻𝗮𝗱𝗮. Pasáis por el mundo como débiles hojas de árbol sujetas a él por un fino tallo. Pasa el tiempo y la hoja se marchita, se seca y basta un ligero soplo para hacerla caer. Mientras está verde y sujeta, no se acuerda que ha de caer. Luce al calor del sol y cree que sólo ella existe, ni se pregunta quién la creó.
Por ello, hija mía, todo lo que tú me dices Yo ya lo sé; eres tú quien debe saberlo. A través de mi Gracia tú vas descubriendo la Sabiduría Divina. Saber es entender las cosas de Dios. A esto se llama «revelaciones divinas», pues el hombre, por sí solo, no es capaz de entenderlas.
Me has pedido escribir lo que entendiste y Yo te ayudaré, porque te amo con toda mi alma.
«𝗬𝗼 𝘀𝗼𝘆 𝗲𝗹 𝗮𝗹𝗳𝗮 𝘆 𝗲𝗹 𝗼𝗺𝗲𝗴𝗮, 𝗽𝗿𝗶𝗻𝗰𝗶𝗽𝗶𝗼 𝘆 𝗳𝗶𝗻». 𝗧𝗼𝗱𝗼 𝘀𝗲 𝗲𝗻𝗰𝗶𝗲𝗿𝗿𝗮 𝗲𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗽𝗮𝗹𝗮𝗯𝗿𝗮𝘀.
El hombre, creado por Dios con capacidad mental para vivir y escoger libremente su camino, no es nada; porque está encerrado entre ese principio y fin de Dios, que todo lo abarca.
A medida que el hombre crece y se hace adulto, se llena de sí mismo y no deja espacio de su alma para nada, como no sea su propio yo. Entonces se aleja completamente de su Dios. Dentro de él no hay cabida para nada más que su propio egoísmo. Pero si el hombre se vacía, despojándose de sí mismo, entonces sucede el milagro. Así como un vaso que está lleno de agua y de pronto se vacía, se llena inmediatamente de aire; así el alma que se vacía de sí misma queda enseguida llena de Dios, porque Yo estoy en todo lugar, lo ocupo todo. Por eso dije en mi Evangelio:
«𝗘𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗮 𝘀𝗲𝗿 𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲𝗮 𝗲𝗹 ú𝗹𝘁𝗶𝗺𝗼.» «Ú𝗹𝘁𝗶𝗺𝗼» 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗲 𝗱𝗲𝗰𝗶𝗿 «𝘃𝗮𝗰í𝗼 𝗱𝗲 𝘀í 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼». Dios, que lo es todo, no podrá dejar de serlo todo. Y esa alma, vacía de sí misma, ¿dónde irá? Va a Dios por su propia lógica. «𝗘𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗲 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗿𝗮, 𝗱𝗲𝘀𝗽ó𝗷𝗲𝘀𝗲 𝗱𝗲 𝘀í 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼 𝘆 𝗺𝗲 𝘀𝗶𝗴𝗮».
Al comprender este misterio, amada mía, se entiende que el alma en estado de gracia, sólo glorifica a Dios, su Creador. Decir «no soy nada» y entenderlo de corazón, equivale a decir: «soy uno con el universo, soy uno con la creación, soy uno con Dios, porque de sus manos he salido». Formado por Él, soy; y soy lleno de su Espíritu. Por ello soy hijo de Dios y tengo perfecto derecho a estar con el Padre en su Reino.
Creo, hija mía, que lo que entendiste a través de mi Gracia, ha quedado perfectamente aclarado y explicado.
Escribe, hija mía, escribe que, 𝗬𝗼 𝘀𝗼𝘆 𝗝𝗲𝘀ú𝘀, 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗺𝗼 𝗮𝗹 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲, 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗲 𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗰𝗼𝗻 𝗶𝗺𝗽𝗮𝗰𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮. 𝗘𝘀𝗽𝗲𝗿𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗲 𝗮𝗯𝗿𝗮 𝘀𝘂 𝗰𝗼𝗿𝗮𝘇ó𝗻 𝘆 𝘀𝗲 𝗮𝗯𝗮𝗻𝗱𝗼𝗻𝗲 𝗲𝗻 𝗺𝗶𝘀 𝗯𝗿𝗮𝘇𝗼𝘀. 𝗬𝗼, 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗯𝘂𝗲𝗻 𝗽𝗮𝘀𝘁𝗼𝗿, 𝗹𝗲 𝗰𝗼𝗻𝗱𝘂𝗰𝗶𝗿é 𝗵𝗮𝗰𝗶𝗮 𝗲𝗹 𝗣𝗮𝗱𝗿𝗲: 𝗵𝗮𝗰𝗶𝗮 𝗹𝗮 𝗱𝗶𝗰𝗵𝗮 𝘀𝗶𝗻 𝗳𝗶𝗻. (pp. 61-62)
Grupo María Auxiliadora (1985). Un alma en Cristo Libro II