Hoy Jesús nos dice que Él hará todo lo que le pidamos en su nombre y es normal que surjan estas preguntas; ¿por qué nos
hace pedir si Él sabe todo y ya sabe lo que necesitamos? ¿Por qué no nos
concede lo que muchas veces le pedimos? Es verdad que Jesús ya sabe lo que necesitamos
antes de que lo pidamos, pero quiere que lo pidamos porque nos hace libres de
aceptar sus dones y regalos. Quiere que pidamos porque nos hace dar cuenta de
cuanto le necesitamos y de que solos no podemos. El pedir nos quita la soberbia
y podemos dejar a Dios actuar. El pedir nos abre la mente y los ojos a las
verdaderas necesidades que tenemos, a esas necesidades profundas. Pedir nos
hace confiar en Dios y en su amor, aun cuando parece que no nos concede lo que
pedimos. Muchas veces podemos sentir que eso que anhelamos, que pedimos con
insistencia en la oración no lo recibimos. Pero hay que saber que Jesús escucha siempre siempre nuestra oración y
que Él quiere lo mejor para nosotros y que eso que pedimos Él lo acoge siempre
en su corazón. A veces queremos respuesta inmediata, casi milagrosa y puede ocurrir,
pero Dios sabe los mejores tiempos para nosotros, sabe darnos algo mejor de lo
Nuestra oración nunca es en vano. Veamos como Dios además de responder a eso que pedimos, ha hecho
que nuestro corazón crezca en confianza a Él, se ha ensanchado.
¡Sigamos pidiendo unos por otros! Recordemos
que la mamá de San Agustín rezó por más de 20 años por la conversión de su
hijo. No perdamos la confianza y recemos como quien sabe que un Padre, el Padre más amoroso de todos, nos