Cuando los primeros seguidores de Jesús invitaron a la gente a venir a verlo, no estaban tratando de explicar algo. Estaban invitando a otros a experimentar a alguien. Un ejemplo vivo es mejor que una larga explicación. Si a la gente no le gusta lo que ven en nosotros, no vendrán a vernos. Pero, ¿cómo sabemos a quién, cuándo y por qué hacerle una invitación?
Cuando los primeros seguidores de Jesús invitaron a la gente a venir a verlo, no estaban tratando de explicar algo. Estaban invitando a otros a experimentar a alguien. Un ejemplo vivo es mejor que una larga explicación. Si a la gente no le gusta lo que ven en nosotros, no vendrán a vernos. Pero, ¿cómo sabemos a quién, cuándo y por qué hacerle una invitación?