“Consolad” es la primera palabra del capítulo 40 de Isaías. Marca el comienzo de un tono diferente; un énfasis diferente en el mensaje del profeta. Los escritos anteriores de Isaías advertían a Israel y a Judá acerca de la destrucción y el cautiverio que sobrevendrían a causa de sus pecados. Pero esas profecías posteriores tenían como fin consolar al pueblo judío durante los siguientes 150 años, luego de que Jerusalén y el templo hubiesen sido destruidos, y Babilonia hubiera llevado cautivo al pueblo. No obstante, estas profecías se extienden aún más adelante en el futuro, y no solo a esos israelitas derrotados y descorazonados. Nos hablan a nosotros, quienes a veces también nos sentimos derrotados, descorazonados e incluso perdidos.El mensaje de Isaías para su pueblo y para nosotros es sencillo: “No temas” (Isaías 43:1); no todo está perdido. El Señor no te ha olvidado y Él tiene poder sobre las situaciones que parecen estar fuera de tu control. ¿No es el Señor, el “Creador de los cielos” (Isaías 42:5), más poderoso que Babilonia, que el pecado, que cualquier cosa que te tenga cautivo? Él nos ruega: “Vuélvete a mí, porque yo te redimí” (Isaías 44:22). Él puede sanar, restaurar, fortalecer, perdonar y consolar; Él puede hacer cualquier cosa que sea necesaria para que tú, en tu caso en particular, seas redimido.