Ven, Sígueme | Estudio de las Escrituras con Pepe y Ariel

Ven, Sígueme | Estudio de las Escrituras con Pepe y Ariel

By El Poder de la DivinidadReligion & Spirituality
Download on the App Store

Ven, Sígueme | Estudio de las Escrituras con Pepe y Ariel episodes

  • Ester | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra

    Muchos de los acontecimientos del libro de Ester podrían parecer suerte o coincidencias. ¿De qué otro modo explicarías cómo una joven judía huérfana llegó a ser la reina de Persia en el momento justo para salvar a los de su pueblo de que se les matase? ¿Qué probabilidades había de que Mardoqueo, primo de Ester, oyera el complot para asesinar al rey? ¿Fueron coincidencias o parte de un plan divino? El élder Ronald A. Rasband ha indicado: “Lo que podría parecer una oportunidad al azar está, de hecho, dirigido por un amoroso Padre Celestial […]. El Señor se ocupa de los pequeños detalles de nuestra vida” (“Por designio divino”, Liahona, noviembre de 2017, pág. 56). Es posible que no siempre reconozcamos la influencia del Señor en estos “pequeños detalles”. Sin embargo, gracias a la experiencia de Ester, aprendemos que Él puede guiar nuestro camino y prepararnos “para es[a] hora” (véase Ester 4:14) en que podamos ser instrumentos en Sus manos para cumplir Sus propósitos.Para consultar una reseña del libro de Ester, véase “Ester”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.

    1 hr 23 min
  • Esdras 1; 3–7; Nehemías 2; 4–6; 8 | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra

    El pueblo judío había estado cautivo en Babilonia durante unos setenta años. Habían perdido Jerusalén y el templo, y muchos habían olvidado su compromiso para con la ley de Dios; no obstante, Dios no los había olvidado a ellos. De hecho, Él había declarado mediante Su profeta: “yo os visitaré y os cumpliré mi buena palabra de haceros volver” (Jeremías 29:10). Fiel a esa profecía, el Señor preparó el camino para que Su pueblo regresara tanto a Jerusalén como, lo que es más importante, a sus convenios. Levantó siervos que realizaron “una gran obra” (Nehemías 6:3): un gobernante llamado Zorobabel supervisó la reconstrucción de la casa de Jehová; Esdras, un sacerdote y escriba, ayudó al pueblo a volver su corazón a la ley de Jehová; y Nehemías dirigió la reconstrucción de los muros protectores alrededor de Jerusalén. Afrontaron oposición, pero también recibieron ayuda de fuentes inesperadas. Las experiencias de ellos pueden formar e inspirar las nuestras, ya que nosotros también estamos ocupados en una gran obra. Y al igual que la obra de ellos, la nuestra tiene mucho que ver con la Casa del Señor, la ley del Señor y la protección espiritual que hallamos en Él.Para consultar las reseñas de los libros de Esdras y Nehemías, véanse “Esdras” y “Nehemías”, respectivamente, en la Guía para el Estudio de las Escrituras

    1 hr 10 min
  • 2 Crónicas 14–20; 26; 30 | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra

    El reino de Judá estaba rodeado. Los ejércitos de tres poderosas naciones enemigas avanzaban al mismo tiempo, preparados para la batalla. En ese momento desesperado de necesidad, Josafat, rey de Judá, acudió al Rey del cielo y de la tierra. Reunió a su pueblo en el templo y oró. Reconoció sus debilidades humanas y suplicó liberación. En respuesta, el Señor prometió Su protección: “No temáis ni desmayéis” (2 Crónicas 20:17).

    1 hr 13 min
  • 2 Reyes 2–7 | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra

    La misión principal de los profetas es enseñar sobre el Salvador Jesucristo y testificar de Él. Sin embargo, los registros que tenemos del profeta Eliseo no contienen mucho acerca de sus enseñanzas ni de su testimonio. Lo que sí contienen son los milagros que Eliseo efectuó, entre ellos, levantar a un niño de los muertos (véase 2 Reyes 4:18–37), alimentar a una multitud con solo un poco de comida (véase 2 Reyes 4:42–44) y sanar a un leproso (véase 2 Reyes 5:1–14). Así que, aunque no tenemos las palabras de Eliseo acerca de Cristo, sí tenemos el ministerio y los milagros de Eliseo, los cuales testifican de Cristo. Son potentes manifestaciones del poder del Señor de dar vida, de nutrir y de sanar. Los milagros ocurren en nuestras vidas más de lo que a veces nos damos cuenta. Para verlos, debemos procurar tener la fe que Eliseo tenía al orar por su joven y temeroso siervo: “Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea” (2 Reyes 6:17).Para conocer más sobre el libro de 2 Reyes, véase “Reyes”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.

    1 hr 30 min
  • 1 Reyes 12–13; 17–22 | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra

    La casa de Israel se hallaba desorganizada. El reino se había dividido: diez tribus formaban el Reino del Norte, o Israel, y dos tribus formaban el Reino del Sur, o Judá. Aún peor que su separación el uno del otro era la separación de ambos reinos de sus convenios. Los reyes inicuos alejaron al pueblo de Jehová y muchas personas vacilaron en su fe.En ese contexto, el Señor llamó a Elías a ser profeta. Su vida demuestra que una persona puede tener gran fe en el Señor incluso en malas circunstancias. En ocasiones, el Señor responde a dicha fe con milagros impresionantes y públicos, tales como el hacer descender fuego del cielo. Sin embargo, también obra milagros silenciosos y privados, como, por ejemplo, alimentar a una viuda fiel y a su hijo. Con mayor frecuencia, los milagros del Señor son tan individuales que solo la persona en cuestión los conoce; por ejemplo, cuando el Señor se revela a ti mediante la “voz apacible y delicada” (1 Reyes 19:12).Para conocer más acerca de Elías el Profeta, véase “Elías el Profeta”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.

    1 hr 27 min
  • 2 Samuel 11–12; 1 Reyes 3; 6–9; 11 | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra

    Saúl, David y Salomón, los tres primeros reyes de Israel, comenzaron de una manera muy prometedora. Humildes, valientes y sabios, cada uno de ellos halló gracia ante el Señor, al menos al principio. Lamentablemente, cada rey también cedió a las debilidades y tentaciones humanas y antepusieron sus propios deseos a los del Señor. Como hemos visto una y otra vez en las Escrituras, y en nuestra propia vida, eso condujo a la tragedia.Pero algo importante ocurrió durante el reinado de Salomón, lo cual brindó cierta esperanza de estabilidad en la vida del pueblo del convenio. Salomón edificó un templo. Iba a ser una Casa del Señor más permanente de lo que había sido el tabernáculo, y representaría una presencia más permanente del Señor entre Su pueblo. Salomón sabía que el pueblo continuaría enfrentando debilidades y pruebas de diversas clases. Al dedicar la nueva santa casa, Salomón suplicó al Señor: “Si ellos […] se vuelvan a ti de todo su corazón […], escucha tú […] su oración” (1 Reyes 8:47–49). Eso es parte de lo que los convenios del templo hacen por nosotros: crean una conexión con Dios. Aseguran para nosotros la promesa de que, mediante nuestro arrepentimiento y Su misericordia, Él puede “habita[r] en medio de [nosotros]” y nunca abandonarnos (1 Reyes 6:13).Para consultar una reseña del libro de 1 Reyes, véase “Reyes” en la Guía para el Estudio de las Escrituras.

    1 hr 18 min
  • 1 Samuel 17–18; 24–26; 2 Samuel 5–7 | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra

    Desde que las tribus de Israel se habían establecido en la tierra prometida, los filisteos habían sido una amenaza constante para su seguridad. El Señor los había liberado numerosas veces en el pasado; sin embargo, ahora los ancianos de Israel exigían: “Habrá rey […] y saldrá delante de nosotros y hará nuestras guerras” (1 Samuel 8:19–20). Por lo tanto, Saúl fue ungido rey. No obstante, cuando el temible gigante Goliat lanzó su desafío a los ejércitos de Israel, Saúl, al igual que el resto del ejército, “tuv[o] gran miedo” (1 Samuel 17:11). Aquel día, no fue el rey Saúl quien salvó a Israel, sino un humilde pastor, un muchacho de nombre David, que no llevaba armadura pero estaba revestido de una fe en el Señor imposible de traspasar. Esa batalla mostró a Israel, y a toda persona que tenga que luchar batallas espirituales, que “Jehová no salva con espada ni con lanza” y que “de Jehová es la batalla” (1 Samuel 17:47).

    1 hr 12 min
  • 1 Samuel 8–10; 13; 15–16 | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra

    Saúl cuidaba asnos. Aunque era alto y bien parecido, era “pequeño ante [sus] propios ojos” y se sentía cohibido en cuanto a sus circunstancias familiares (véanse 1 Samuel 9:2–3, 21; 15:17). El día en que iba a ser presentado ante Israel como su rey, no concurrió; se hallaba tan nervioso que “est[aba] escondido” (1 Samuel 10:21–22). Al mirar a Saúl, tal vez no habrías pensado que él guiaría a los israelitas a la victoria sobre sus enemigos, o que más adelante se volvería orgulloso y se rebelaría contra Jehová.David era pastor de ovejas. No llamaba físicamente la atención como sus siete hermanos mayores. El día que Samuel vino a elegir un nuevo rey de Israel, no parecía que valiera la pena incluir a David entre los posibles candidatos, así que lo dejaron en el campo con las ovejas. Al mirar a David, tal vez no habrías imaginado que él tendría la fe y el valor para derrotar a un gigante y convertirse en el rey más exitoso de Israel.Pero el Señor ve más allá de nuestras etiquetas, de nuestra apariencia física y de nuestras inseguridades. Él, más bien, “mira el corazón” (1 Samuel 16:7). E incluso cuando nuestro corazón no se halle del todo bien, si estamos dispuestos, Él nos “cambi[ará] el corazón” (1 Samuel 10:9).

    1 hr 16 min
  • Rut; 1 Samuel 1–7 | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra

    A veces imaginamos que nuestra vida debe ser un camino sin ningún obstáculo de principio a fin. Después de todo, la distancia más corta entre dos puntos es una línea recta. Sin embargo, con frecuencia la vida está colmada de demoras y desvíos que nos conducen en direcciones inesperadas.

    Rut y Ana ciertamente comprendieron eso. Rut no era israelita, pero se había casado con uno de ellos. Y al morir su esposo, tenía que tomar una decisión: ¿Había de volver con su familia, a su anterior vida familiar, o había de aceptar la fe de los israelitas y un nuevo hogar con su suegra? (Véase Rut 1:4–18). Ana había planificado una vida con hijos, pero no podía tenerlos y eso la dejó “con amargura de alma” (véase 1 Samuel 1:1–10). Conforme leas sobre Rut y Ana, considera la fe que deben haber tenido para andar el inesperado camino que tuvieron que recorrer. Luego, podrías pensar en tu propio camino. Es diferente al de Rut y al de Ana, y al de cualquier otra persona. No obstante, a lo largo de las pruebas y sorpresas que habrá desde aquí hasta tu destino eterno, podrás aprender a decir, juntamente con Ana: “Mi corazón se regocija en Jehová” (1 Samuel 2:1).

    Véase también la Guía para el Estudio de las Escrituras para consultar una reseña de los libros de Rut y 1 Samuel.

    1 hr 18 min
  • Jueces 2–4; 6–8; 13–16 | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra_128k

    Todos sabemos lo que es cometer un pecado, sentirnos mal por ello, y luego arrepentirnos y tomar la determinación de cambiar nuestro proceder; pero con demasiada frecuencia olvidamos nuestra resolución anterior y, cuando llega la tentación, nos encontramos cometiendo el mismo pecado. Este patrón de conducta aparece con frecuencia en el libro de Jueces. Ante la influencia que ejercían las creencias y costumbres de adoración de los cananeos, a quienes los israelitas tenían el mandato de expulsar de la tierra, estos quebrantaron sus convenios con Jehová y dejaron de adorarlo. Como resultado, perdieron Su protección y cayeron en la servidumbre. Sin embargo, cada vez que aquello ocurría, Jehová le daba a Su pueblo del convenio la oportunidad de arrepentirse y designar un libertador, es decir, un líder militar al que se lo llamaba “juez”. No todos los jueces del libro de Jueces fueron rectos, pero algunos de ellos ejercieron gran fe para liberar a los hijos de Israel y restaurarlos a su relación por convenio con el Señor. Estos relatos nos recuerdan que, independientemente de lo que nos haya apartado de Jesucristo, Él es el Redentor de Israel y siempre está dispuesto a liberarnos y recibirnos de nuevo en tanto nosotros regresemos a Él.Para consultar una reseña del libro de Jueces, véase “Jueces, libro de los”, en la Guía para el Estudio de las Escrituras.

    1 hr 19 min

About Ven, Sígueme | Estudio de las Escrituras con Pepe y Ariel

From the publisher's feed

Bienvenido al espacio donde el estudio del evangelio se convierte en inspiración para el alma.