
Sign up to save your podcasts
Or


¿Cómo procuramos recibir alguna bendición de Dios? Se podría decir que el relato de Jacob, nieto de Abraham y Sara, es el relato de un hombre que aprendió la respuesta a esa pregunta. En una cultura en la que el primogénito recibía la bendición de la primogenitura, Jacob nació en segundo lugar, tomado del talón de su hermano mellizo, Esaú. El nombre “Jacob” significa “suplantador”, alguien que reemplaza a otra persona. Jacob hizo honor a ese nombre al intentar, más de una vez, suplantar a Esaú como heredero de la bendición de la primogenitura porque Esaú no era digno de ella (véase Génesis 25:30–34; 26:34–35; 27:36). Como resultado hubo discordia en la familia, y Jacob tuvo que huir al desierto para salvar su vida.
Años más tarde, Dios mandó a Jacob que regresara a casa. En el camino, Jacob, con humildad, buscó de nuevo una bendición de Dios. Las Escrituras describen ese momento como una “luch[a]” para Jacob, y él declaró que no se daría por vencido “si no me bendices” (Génesis 32:26). Entonces vino la lección y la bendición. Dios cambió el nombre de Jacob a Israel, que significa, entre otras cosas, “que Dios prevalezca”. Israel aprendió que para recibir las bendiciones más valiosas de Dios, las bendiciones de Sus convenios, no es necesario suplantar a otra persona. Sus bendiciones no se compran, ni se arrebatan, ni se ganan. Él las da liberalmente a todos los que viven a la altura del nombre de Israel, quienes permiten que Dios prevalezca en sus vidas.
La vida de Abraham y Sara, que rebosó de acontecimientos tanto desgarradores como conmovedores, evidencia una verdad que él aprendió en una visión, a saber, que estamos en la tierra a fin de ser probados “para ver si har[emos] todas las cosas que el Señor [nuestro] Dios [nos] mandare” (Abraham 3:25). ¿Demostrarían Abraham y Sara ser fieles? ¿Seguirían teniendo fe en la promesa de Dios de que tendrían una posteridad numerosa, aun cuando ellos todavía no tenían hijos y ya eran de edad avanzada? Y una vez que hubo nacido Isaac, ¿soportaría la fe de ambos lo inimaginable: el mandamiento de sacrificar al hijo por medio del cual Dios había prometido cumplir el convenio, precisamente?Abraham y Sara confiaban en Dios, y Él confiaba en ellos (véanse Génesis 15:6; Romanos 4:3). En Génesis 18–23, hallamos ejemplos de la vida de Abraham, de Sara y de otras personas que pueden inspirarnos a pensar en nuestra propia disposición a creer en las promesas de Dios, de huir de la iniquidad sin mirar atrás jamás y de confiar en Dios a pesar de los sacrificios. Al probarnos, Dios también nos ayuda a mejorar.
Debido al convenio que Dios hizo con Abraham, este ha sido llamado “el padre de los fieles” (Doctrina y Convenios 138:41) y “amigo de Dios” (Santiago 2:23). Hoy en día, hay millones de personas que lo honran como su antepasado directo, mientras que otras han sido adoptadas en su familia por medio de la conversión al Evangelio de Jesucristo. No obstante, Abraham provenía de una familia problemática: su padre, que se había apartado de la adoración del Dios verdadero, intentó sacrificar a Abraham a los dioses falsos. A pesar de ello, el deseo de Abraham era ser un “seguidor más fiel de la rectitud” (Abraham 1:2), y la historia de su vida demuestra que Dios honró ese deseo. La vida de Abraham es un testimonio de que, sin importar cuáles hayan sido los antecedentes de la familia de una persona, el futuro de esta puede rebosar de esperanza.
“Noé halló gracia ante los ojos de Jehová”Al vivir en los últimos días, tenemos una razón especial para prestar atención al relato del Diluvio. Cuando Jesucristo enseñó cómo debemos velar en espera de Su Segunda Venida, dijo: “Como fue en los días de Noé, así también será en la venida del Hijo del Hombre” (José Smith—Mateo 1:41). Además, las palabras que describen la época de Noé como “corrompida” y “llen[a] de violencia” bien podrían describir nuestros tiempos (Génesis 6:12–13; Moisés 8:28). El relato sobre la torre de Babel también parece aplicarse a nuestros días, pues describe cómo tras el orgullo surgen la confusión y luego la división.Dichos relatos de la antigüedad son valiosos no solo porque nos demuestren que la iniquidad se repite a lo largo de toda la historia; lo que es más importante aun es que nos enseñan qué hacer ante la iniquidad. Noé “halló gracia ante los ojos del Señor” (Moisés 8:27). Asimismo, las familias de Jared y de su hermano acudieron al Señor y se las protegió de la confusión y la división que había en Babel (véase Éter 1:33–43). Si nos preguntamos cómo mantenernos a nosotros mismos y a nuestras familias a salvo en tiempos de corrupción y violencia, los relatos que hay en estos capítulos tienen mucho para enseñarnos.
El Señor Llamó Sion a su Pueblo | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra
Enseña Estas Cosas sin Reserva a tus Hijos | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra
La Caída de Adán y Eva | Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra
Génesis 1–2; Moisés 2–3; Abraham 4–5 _ Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra.mp3
Moisés 1; Abraham 3 _ Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra
Introducción al Antiguo Testamento Estudio de las Escrituras con Pepe Valle & Ariel Cuadra
From the publisher's feed