Ven, Sígueme | Estudio de las Escrituras con Pepe y Ariel

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Ven, Sígueme | Estudio de las Escrituras con Pepe y Ariel episodes

  • Doctrina y Convenios 98-101 | Estudio de las Escrituras con Pepe y Ariel

    Para los santos de la década de 1830, Independence, Misuri, era literalmente la tierra prometida. Era “el lugar central” de Sion (Doctrina y Convenios 57:3) —la ciudad de Dios en la tierra—, y el recogimiento de los santos allí era un emocionante preludio de la Segunda Venida. Sin embargo, sus vecinos de la región veían las cosas de manera diferente. Se oponían a la afirmación de que Dios había dado la tierra a los santos, y les incomodaban las consecuencias políticas, económicas y sociales de que tantas personas desconocidas se trasladaran allí tan rápidamente. El malestar pronto se convirtió en persecución y violencia. En 1833, la oficina de la imprenta de la Iglesia fue destruida, y los santos fueron forzados a abandonar sus hogares.José Smith estaba en Kirtland, a unos 1300 kilómetros de distancia, y las noticias tardaron dos semanas en llegarle. No obstante, el Señor sabía lo que estaba sucediendo, y reveló a Su profeta principios de paz y aliento que consolarían a los santos: principios que también pueden ayudarnos cuando afrontamos persecución, cuando nuestros deseos justos no se cumplen o cuando necesitamos un recordatorio de que nuestras aflicciones diarias, con el tiempo, de alguna manera, “obrarán juntamente para [n]uestro bien” (Doctrina y Convenios 98:3).Véanse Santos, tomo I, págs. 174–197; “En espera de la palabra del Señor”, en Revelaciones en contexto, págs. 209–215.

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  • Doctrina y Convenios 94-97 | Estudio de las Escrituras con Pepe y Ariel

    En la antigüedad, el Señor mandó a Moisés edificar un tabernáculo “conforme al modelo que se [l]e ha[bía] mostrado en el monte” (Hebreos 8:5; véase también Éxodo 25:8–9). El tabernáculo había de ser el centro del campamento de Israel en el desierto (véase Números 2:1–2).En 1833, el Señor mandó a José Smith que construyera templos “no según la manera del mundo”, sino más bien “de acuerdo con el modelo que mostraré” (Doctrina y Convenios 95:13–14; véase también 97:10). Tal como el tabernáculo en el desierto, el templo tenía la finalidad de ser un componente central de Kirtland (véase Doctrina y Convenios 94:1).En la actualidad, los templos se encuentran por todo el mundo. Incluso si no están en el centro de nuestras ciudades, nos guían hacia Cristo, quien debe ser el centro de nuestra vida. Si bien cada templo difiere en apariencia, dentro de ellos aprendemos el mismo modelo divino: un plan celestial para llevarnos de regreso a la presencia de Dios. Las ordenanzas y los convenios sagrados nos conectan con Cristo y fortalecen a nuestra familia, “no según la manera del mundo”, sino de acuerdo con el modelo que Dios nos muestra.Véanse Santos, tomo I, págs. 172–173; “Una Casa a nuestro Dios”, en Revelaciones en contexto, págs. 176–185.

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  • Doctrina y Convenios 93 | Estudio de las Escrituras con Pepe y Ariel

    José Smith enseñó: “Cuando suben una escalera, tienen que empezar desde abajo y ascender peldaño por peldaño hasta que llegan a la cima; y así es con los principios del Evangelio, deben empezar por el primero, y seguir adelante hasta aprender todos los principios de la exaltación” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 282).A veces pareciera que la escalera de la exaltación es imposiblemente alta, pero nacimos para subirla y llegar hasta arriba con la ayuda constante del Salvador. Sean cuales sean las limitaciones que veamos en nosotros mismos, el Padre Celestial y Su Hijo ven algo glorioso en nosotros, algo divino. Tal como Jesucristo “estuv[o] en el principio con el Padre”, “vosotros también estuvisteis” (Doctrina y Convenios 93:21, 23). Al igual que Él “continuó de gracia en gracia hasta que recibió la plenitud”, de la misma manera “recibiréis gracia sobre gracia” (versículos 13, 20). El Evangelio restaurado enseña en cuanto a la verdadera naturaleza de Dios y, por tanto, también enseña en cuanto a tu verdadera naturaleza y destino. Eres un hijo literal de Dios con el potencial de “en el debido tiempo recib[ir] de su plenitud” (versículo 19).

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