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Realmente uno puede ser electricista y ministro del Interior o vicepresidente y perito industrial, pero los políticos quieren notoriedad académica sin merecerla. Noelia Núñez lo ha pretendido por 3 veces y la han descubierto. Mentir debe ser el límite, dimitir, la solución y eso honra a la señora diputada.
Hoy se cumplen dos años de aquella noche en que el Partido Popular se quedó atónito al comprobar que descuentan no le salían, que ninguna opción de que Feijóo fuera investido presidente daba la mayoría requerida. El ansiado 176 y hoy, 2 años más tarde, al que no le salen las cuentas es al Gobierno. La votación de ayer deja las claras que el Partido Popular está dispuesto a votar contra el interés general. Ojalá Sus Señorías reflexionen este verano y vuelvan en septiembre con algo más que un agónico grito de resistencia.
Hay algo que une a los casos de presunta corrupción que este país va conociendo a cuentagotas. Y no es otra cosa que la sensación de que el Estado carece de instrumentos suficientes para evitar el asalto de algunas minorías a las instituciones. Estoy pensando en la ausencia de contrapoderes efectivos dentro de la propia administración, en cualquiera de sus niveles, no solo del Estado, capaz de detectar comportamientos irregulares.
Cristóbal Montoro no fue solo el gurú fiscal del PP durante los últimos 20 años. Montoro fue, ante todo, 1 de aquellos hombres que proclamó que la culpa de la gran recesión era nuestra, que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades y que por eso su partido y el Gobierno de Rajoy, al que pertenecía como ministro de Hacienda, hacían lo que hacían en aquellos denominados viernes
El resultado de combinar polarización y corrupción ya lo hemos visto antes, hartazgo, enfado y distanciamiento de la política. Y solo tiene un vencedor, el populismo. Si hace 10 años la indignación ciudadana fue canalizada por partidos de izquierdas, hoy es la derecha populista la que recoge los frutos de una situación política insostenible.
España encontró en la inmigración después de la pandemia, un revulsivo para su economía, y gracias a ellos estamos cumpliendo las necesidades de los principales sectores productivos. No todo es brillo, tenemos nuestros malestares particulares y colectivos. Vivienda, más vivienda, inflación, la corrupción pública de la que no nos desentendemos. Pero este es un país que funciona.
Primero la ultraderecha azuza el odio contra el diferente en el marco de una narrativa que vincula a migración con inseguridad. Entonces, al primer incidente real o inventado se despliegan los grupos de escuadristas, provocan altercados violentos, generan miedo, incertidumbre y ansiedad en las poblaciones que reclaman ley y orden.
La actualidad nos brinda dos temas importantes sobre los que vale la pena acercarse con sosiego. Ni España se rompe por reformar un sistema de financiación que no satisface hoy a nadie y que debería haberse renegociado en 2014, hace 11 años, ni la inmigración es el peligro trumpista que la asimila como una amenaza para nuestras calles y nuestra convivencia.
Lo que ha pasado en Torre Pacheco replica exactamente lo ocurrido en Reino Unido el año pasado. Un incidente real se instrumentaliza con desinformación, grupos organizados vienen desde fuera a provocar violencia y las redes sociales amplifican el odio. Es una tecnología del caos que se está exportando por toda Europa.
"Lo cual produce pena, porque no saber cómo se hacen un montón de cosas, difíciles y elementales, representó siempre una de las tónicas de la vida".
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