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Aimar Bretos, sobre la enésima versión del presidente valenciano
No puedo en estos desvergonzados días esquivar la lesión mazónica. Vamos a llamarlo síndrome de Mazón, que es como la cagarruta que corona la pirámide de excrementos que venimos soportando. Se trata de una nueva inquietud de la mente, de una herida moral. Mazón el escurridizo, desprovisto de grandeza y de dolor, y al parecer, de conciencia, piensa pasarse el resto de mi vida escaqueándose de sus responsabilidades, y lo más grave, durmiendo bien por las noches.
El nuevo auto del Supremo que determina que el Fiscal General del Estado destruyó pruebas, o la constatación de que el presidente Mazón no estaba en el CECOPI cuando se lanzó la alerta. Cuestiones que, siendo interesantes, nos distraen de debates fundamentales que deberíamos estar manteniendo como sociedad. Como en qué medida España va a contribuir a una respuesta sólida de la Unión Europea a todos esos desafíos y en concreto al futuro de Ucrania.
Xavier Vidal Folch reflexiona sobre el hecho de que el Gobierno de Mazón le haya comunicado esta tarde a la jueza que investiga las muertes de la DANA que Mazón no llegó al centro de coordinación hasta después de que se mandara la alerta a los móviles
Aimar Bretos carga contra las incoherencias en las explicaciones de lo que hizo Mazón el día de la DANA
Mazón no estuvo en el único sitio donde tenía que estar esa tarde del 29 de octubre, y puede reescribir la historia como él quiera, pero cada vez es más evidente que su situación es insostenible y que todavía siga en el cargo también tiene un responsable, el máximo líder de su partido, Alberto Núñez Feijóo al que ayer, casualmente, una entrevista le evitó la foto más incómoda.
Convivimos con líderes que dan miedo y desmantelan las instituciones y los acuerdos internacionales. Desayunamos con invasores sin escrúpulos, treguas en peligro, guerras que se envenenan. Casi nos sentimos inclinados a celebrar que la extrema derecha no se haga con el Gobierno en Alemania, aunque sus resultados vuelven a poner en pie la sombra de Hitler. Todo está tan mal, desde Washington a Moscú, desde Gaza a Ucrania, que no queda tiempo para pensar.
Dos han sido las imágenes que nos llegan hasta hoy: la primera, una votación en la ONU en la que todos los países miembros de su sistema votaban un texto sencillo. El agresor es Putin y el agredido es Ucrania. El texto salió adelante con el voto en contra de Estados Unidos de Donald Trump. En frente, la imagen de los primeros ministros que se reunían ayer con Zelenski en Kiev.
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