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El director del Larguero valora el Balón de Oro masculino y femenino que se ha llevado el fútbol español.
Xavier Vidal-Folch reflexiona sobre el caso de Errejón
Se llama pareidolia al hecho de percibir rasgos humanos en objetos inanimados, como el grifo del baño o el enchufe de la pared. Yo con Elon Musk tengo pareidolia inversa: en su cara no percibo nada que me resulte humano. Lo veo bailar en los mítines de Trump, zangolotino, descoyuntado, con menos gracia que un pingüino borracho, y me pregunto: ¿de verdad no hay nadie a su lado que se atreva a decirle estate quieto?
El sprint general de la campaña electoral en Estados Unidos es sin duda la clave de esta semana. Estamos asistiendo a la política de espectáculo, apoyos de distintos artistas, influencers, redes sociales, posicionamiento diversos y no precisamente de los habituales de los medios de comunicación. En el ámbito interno, seguimos con estupor el escándalo de Errejón, por lo que supone la indefensión nuevamente de las mujeres ante la violencia machista. Pero sin duda, por el impacto político que tiene en el Gobierno de coalición y muy especialmente en la formación Sumar.
"Mi hija estaba a punto de cumplir nueve años cuando me dijo por primera vez «Eres un dictador». Para no conocer del todo el alcance de lo que me llamaba, quizás tuviese razón. Porque un dictador no deja de ser un pelmazo, alguien pesadísimo, que si se callase un rato ya sería un demócrata".
"La hipocresía es una necesidad social, igual que los pedos son una necesidad fisiológica. Tanto la hipocresía como los pedos dan bastante asco"
Xavier Vidal-Folch reflexiona sobre los nexos entre Trump y Putin.
El tren es menos orgullo que problema. Cercanías como mal crónico. Una web de Renfe de la que lo mejor que se puede decir es que alguna vez funciona. Impuntualidades, precios, accidentes. El deterioro del tren en España es un síntoma más de desprotección, de abandono de lo público. ¿Cómo afrontarlo? Bueno: quizá un primer paso sea poner en Fomento al más serio del Consejo de Ministros y no siempre al más chulo.
Sirvió, era útil. Hoy, sin embargo, es un muñeco roto. Pero como muñeco, el gólem de los hebreos está hecho de trozos. Cuatro partidos en 10 años. Y sin crítica. Y una izquierda destrozada. Morirá el personaje, pero no morirá los albañiles de este tipo de artefactos. La izquierda ha perdido un poco más, si cabe, de su propia virtualidad. ¿Quién será el próximo gólem de estos personajes que se atreven a construir fulanos en la izquierda?
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