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Aman poco a España los que necesitan para Gobernar hacer de España un país racista y poco solidario. Buenos días, Àngels, muy buena España, y espero que podamos resistir porque nuestro país no es perfecto, pero es mucho mejor de lo que piensan los estrategas del odio.
Otra vez es septiembre y la política nos coloca de nuevo bajo los viejos asuntos que se quedaron pendientes antes del verano, ese paréntesis de actualidad que cada vez es más breve en nuestro país. En Estados Unidos, esta misma noche se celebra un debate entre Harris y Trump; mientras, en España, la extraña solicitud de asilo de Edmundo González, que no sabemos cómo interpretar, aunque todos intuimos que su vida está más segura en Madrid que en Caracas.
El brasileño sigue molesto por no haberse colado en la lista de 30 candidatos al Balón de Oro.
Xavier Vidal-Folch reflexiona sobre el exilio de Edmundo González en España
La historia de la democracia española ha sido una historia de buenos, feos y malos. Aznar empezó haciendo de bueno, pero acabó de feo y de malo, porque prefería ser temido a ser querido. Zapatero, en cambio, se mantuvo anclado en su condición de buenista y consiguió que hasta la Real Academia aceptara el vocablo como un insulto. ¿Y ahora? Ahora hemos vuelto a lo de antes, y tanto Pedro Sánchez como Alberto Núñez Feijóo han optado por ser el lobito bueno al que maltrataban todos los corderos. Sabedores, eso sí, de que nunca faltará un feo y malo que les cubra las espaldas.
La salida apresurada de su país de Edmundo González, el líder de la oposición venezolana , refleja con claridad hasta qué punto el régimen de Maduro ha perdido el juicio de la historia. Enfrentado y aislado de la comunidad internacional, pero también a la izquierda latinoamericana, al Gobierno de Maduro solo le queda la represión. Y España ha jugado bien sus bazas, con discreción, como se deben hacer estas cosas. Justo lo contrario de quien quiere convertir lo que sucede en Venezuela en una cuestión de política interna de España
Xavier Vidal - Folch reflexiona sobre la reunión de los presidentes autonómicos del PP en Madrid y su labor como oposición.
Solo han pasado unos días, sí, y ya recuerdo con pesar esas semanas de vacaciones en las que las siglas importantes en mi vida no eran las del CGPJ, sino las del JB. Solo han pasado unos días, y los interrogantes que definen una existencia ya han cambiado: donde antes te preguntaban “¿otra cañita?”, ahora te preguntan “¿me pasas el pdf?”, o, supremo horror, “¿hacemos una videollamada?”
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