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Amanecemos en la víspera del 15 de agosto, día de procesiones en cientos de pueblos de España, todavía caldean los rescoldos de la procesión de Puigdemont. El Ministerio de Interior se lava las manos, dice que ofreció ayuda y no se la aceptaron. Puigdemont llegó, vio y se marchó. Desde el jueves tenemos la intención de asistir a un teatro descarado.
Mientras Illa tiene su Govern, al Gobierno central se le han abierto dos frentes: el malestar entre sus propias federaciones y el rédito político que va a explotar el PP. ¿Cuánto tardará el Ejecutivo de Sánchez en hablar con claridad? Tal vez sea la ocasión perfecta para que el PSOE se ponga a ello. Sin un modelo de fondo, todo obedece a la improvisación. El diálogo multilateral es imprescindible.
La clausura de los Juegos Olímpicos no defraudó. España ha obtenido 18 medallas. Solo 5 fueron de oro. El balance admite margen de mejora. La cuestión es con qué recursos se cuenta y las críticas no se han hecho esperar. Por otro lado, las claves del día pasan por el nuevo gobierno en Cataluña. Los nombres de los consejeros responden a sensibilidades diversas. Hará falta tiempo y decisiones para resolver las carencias que destapó Puigdemont.
Un hombre acostumbrado a transitar por los sitios más difíciles y capaz de levantar al PSC del ostracismo político.
Carles Puigdemont no es un mártir, nunca lo ha sido y tampoco lo será ahora.
La oposición a la soberanía fiscal catalana acaba de unir a sus filas a otro disidente de izquierdas: el portavoz económico de Sumar Carlos Martín Urriza. El acuerdo conduciría a un sistema menos retributivo; no amplía el estado federal, sino que lo debilita. Es contrario al principio de equidad y perjudica a la clase trabajadora. Con estos mimbres se irá el jueves al debate de investidura, siempre y cuando el prófugo Puigdemont no monte una performance.
Más allá de los deportistas olímpicos, solo hay una persona que debería ser la protagonista: Salvador Illa. Se abre un nuevo ciclo, ya que es la primera vez en más de una década donde Cataluña tendrá una mayoría no independentista. Pero el protagonista sigue siendo Carles Puigdemont. No sabe perder, quiere atraer los focos. Es narcisista, egocéntrico y poco democrático ignorar la voluntad de las urnas.
Los disturbios en Inglaterra son el resultado de la combinación de odio, racismo, xenofobia y desinformación. El triunfo de los discursos de la extrema derecha. De esto iba el Brexit. Los radicales aprovechan para esparcir sus discursos de odio. En nuestro país, ya tuvimos un caso parecido en Ferraz.
El preacuerdo entre Esquerra y PSC cambia un modelo de financiación que no satisface a la mayoría de los catalanes, a la mayoría de los valencianos o a la mayoría de los andaluces. Un modelo que debería estar actualizado. La solución será multilateral. Sorprende que solo una investidura tenga la fuerza para que se aborde este tema. No es solo que España no se rompa, sino que estamos al inicio de una nueva etapa.
Que el acuerdo para la investidura de Salvador Illa sea criticable es propio
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