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Esta semana destaca por el histórico avistamiento de la cara oculta de la Luna y el fin del ultimátum de Trump a Irán, marcado por un lenguaje presidencial agresivo que roza la demencia. La incertidumbre bélica aumenta ante las posibles consecuencias de dicho conflicto internacional. En España, la atención se centra en dos juicios paralelos que involucran a figuras clave del Partido Popular y del Partido Socialista.
Entre todos los asuntos vitales que podrían tratarse en estas fechas, incluida la Resurrección de Cristo, nunca están las croquetas. Están la guerra, Trump, el fascismo, la Luna, pero no las croquetas.
Estos días se conmemora la tortura y la muerte de un hombre en tiempos del emperador Tiberio. Con fe o sin ella, en muchas ciudades, como Sevilla, se asiste a una espectacular representación colectiva.
La carrera espacial fue un magno relato de optimismo donde los niños querían ser astronautas para tocar la faz de Dios. Tras años de recortes, no es una casualidad perfecta que el ser humano vuelva a la Luna con el mundo a punto de reventar. Esta fiebre por las estrellas nos invita a sentirnos más hermanos en la soledad de la galaxia.
Las mujeres ejercen una vigilancia estética y un castigo sobre sus congéneres mediante mensajes de odio por su peso. En esta cultura occidental, se siguen admirando los comportamientos anoréxicos de quienes controlan sus apetitos frente a quienes siguen el impulso de su deseo. Hemos adoptado una nueva religión que convierte en malignos ciertos alimentos y el placer que estos dan.
Tras el batacazo electoral, la izquierda a la izquierda del PSOE busca su rumbo en Andalucía. Sin embargo, Pedro Sánchez se ha comido a su izquierda con banderas como la guerra en Gaza, mientras el discurso de los partidos del 15M pierde eficacia. Hoy, los nuevos indignados y jóvenes precarizados no se sienten representados, sino que, paradójicamente, deciden votar a la ultraderecha.
Maruja Torres critica la sacralización de la violencia, rechazando el uso del adjetivo santo para encubrir guerras, invasiones o genocidios. Define la realidad actual como un color mierda de uniformados que emana de la hidra colonial europea, identificando a Israel como su última y ponzoñosa cabeza en una tierra robada y teñida de sangre.
En la quinta semana de guerra y con las cartas sobre la mesa para confirmar la primacía geoenergética de Estados Unidos, Netanyahu aplica en el Líbano su modelo de genocidio. Mientras, en España el serial es la unidad de la izquierda: un límite de 48 horas para encontrar una unidad tan forzada que ya veremos si queda alguien a quien le haga ilusión.
Luis García Montero invita a diferenciar virtudes de obsesiones peligrosas que justifican la violencia, sugiriendo aprovechar las vacaciones para descansar de la propia personalidad y fobia. Sin embargo, advierte que este descanso no debe ser una renuncia a la conciencia ante las injusticias, bombardeos y violaciones de derechos del mundo actual.
Berna González Harbour reflexiona sobre la dificultad de desconectar ante un panorama internacional incierto y una posible escalada del conflicto. Advierte que las consecuencias económicas y políticas de la guerra absurda afectarán a largo plazo. Finalmente, invita a disfrutar de los seres queridos a pesar de prever un escenario futuro desfavorable.
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