Los crímenes sexuales cometidos por líderes religiosos contra personas menores de edad son un tema que, por su naturaleza, se ocultan. Es así como los dramáticos abusos, acosos y violaciones contra niñas y niños no han sido públicos y los responsables -aquí y en muchos lugares del mundo- son protegidos por sus estructuras.
Las víctimas que se atrevieron a denunciar han tenido que enfrentar todo tipo de obstáculos, dentro de sus familias, comunidades, iglesias y sistemas judiciales. Un caso en Costa Rica logró enfrentar las puertas cerradas del clero, impulsar una reforma al Código Procesal Penal, para que estos delitos tengan un plazo de prescripción de 25 años, luego de cumplir la persona ultrajada la mayoría de edad, mover la voluntad de las autoridades judiciales, ingresar el nombre del agresor en la lista de alertas de Interpol, sentar en el banquillo y ganar un juicio contra Mauricio Víquez, quien cumple condena por 20 años.
Hoy ese caso se convirtió en la película “El cura, el monaguillo y el jardinero”, que relata la historia de Anthony y Josué, quienes asumieron un papel protagónico para visibilizar y lograr justicia. Fueron 9 acusaciones por actos que ocurrieron a finales de la década de los años 90 y principios de la siguiente.
Este es un tema de política pública que es relevante, sobre todo al conocer los datos al año 2024, aportados al Semanario Universidad por la Caja Costarricense del Seguro Social que registran un total de 11.768 niños, niñas y adolescentes atendidos por abuso sexual en los servicios de consulta externa, con un aumento del 51% respecto del año 2022 y 1337 en los servicios de emergencia, que crecieron un 49%.
Para generar conciencia conversaremos con Anthony Venegas, uno de los responsables de ayudar a que la impunidad no triunfará, y con el director de cine, Juan Manuel Fernández.