De a poco, Marulín Azofeifa Trejos fue forzando la ruptura de la cadena del silencio que por ocho años la atormentó en episodios de ansiedad, sellados con miedo y culpa.
Y en los últimos días dio dos pasos adelante: formalizó una denuncia administrativa ante la Asamblea Legislativa por violencia política, acoso y abuso sexual y de poder contra el diputado Fabricio Alvarado e interpuso una demanda penal por delitos sexuales en vía judicial.
Su caso tiene implicaciones muy severas porque evidencia, transversalmente, violencia laboral, política y espiritual y porque está dejando al descubierto una fuerte red de protección a un líder religioso y político muy poderoso.
Nos acercamos al caso con la perspectiva de la abogada Carolina Hidalgo (defensora de Marulín) y con Ana Hidalgo, de la Red Feminista contra la violencia.