Tras el fallecimiento de Constantino el Grande en el año 337, el Imperio Romano se fragmentó bajo el mandato de sus tres hijos —Constantino II, Constante y Constancio II—, quienes asumieron el título de augustos tras purgar a otros miembros de su familia. Esta división tripartita no tardó en desestabilizarse: en el 340, Constantino II intentó invadir los territorios de Constante y murió en el intento. Entonces se llegó a una diarquía, donde Constante era soberano de todo el Occidente y Constancio II de oriente. Cada uno con sus propios problemas.