El teléfono, que hace poco más de un siglo era una excentricidad solo apta para millonarios, es hoy un elemento tan consustancial a nuestro modo de vida que la sociedad, tal como la entendemos, no podría funcionar sin él.
El teléfono, que hace poco más de un siglo era una excentricidad solo apta para millonarios, es hoy un elemento tan consustancial a nuestro modo de vida que la sociedad, tal como la entendemos, no podría funcionar sin él.