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Hoy quiero invitarle a realizar una investigación. De esas que, en el campo de la criminología, Sherlock Holmes realizaría con ávido interés. Pero esta será una investigación en el campo de la biología. Específicamente una de esas investigaciones que tanto apasionan al Dr. House. Intentaremos obtener algunas conclusiones basándonos en la observación tal y como ellos lo hacían. Emplearemos su método de observación para destacar algunos fenómenos de la naturaleza extrema de la especie humana ante diferentes situaciones: Adaptación, selección artificial, fenotipo y mutación.
Mi nombre es Daniel Iván Reyes y tengo 38 años. Soy químico especializado en microbiología y me dedico a asesorar a la industria de alimentos para evitar que microorganismos contaminen la comida que consumimos en casa o en restaurantes. Me gusta la ciencia y en mis tiempos libres, comparto mis conocimientos y razonamientos sobre ella en este podcast titulado Ciencia Extrema. A poco más de 6 meses de haber comenzado la producción de una nueva etapa del podcast ciencia extrema, hemos completado ya 10 capítulos. Durante este tiempo nos hemos adentrado al microuniverso de la célula y de ahí hemos saltado al macrouniverso, explorando sus interacciones con la energía, el tiempo, la velocidad y la vida misma. De éstas y de otras muchas cosas, les he hablado desde Chihuahua, la ciudad de los atardeceres y el estado más grande de la República Mexicana
En atletismo, los records de velocidad son asombrosos, los corredores en competencias de larga distancia como el maratón, alcanzan velocidades constantes de 20 km por hora, siendo capaces de recorrer los poco más de 42 kilómetros en 2 horas y tres minutos. O lo que es lo mismo, casi 6 metros por segundo. Un corredor de 100 metros planos, alcanza la sorprendente velocidad de 36 km/hora. Es decir, 100 metros en poco menos de 10 segundos. Eso es muy rápido. El record actual es de poco menos de 10 metros por segundo. ¿Puede haber algo más rápido? Por su puesto. Hay infinidad de objetos que se mueven más rápido que una bala.
Julio Verne, en el siglo XVIII, ya jugaba con el tiempo y lo plasmó en su famosa novela “La vuelta al mundo en 80 días”, en la cual, Phileas Fogg, su protagonista, emprende un viaje alrededor del mundo apostando toda su fortuna en demostrar que puede hacerlo en 80 días o menos. Partiendo desde Londres, el protagonista viaja hacia el Este y vuelve por el oeste de Inglaterra. Tras 80 días perfectamente contabilizados, a la mañana siguiente de haber terminado el plazo, descubre que, en Londres, sólo han transcurrido 79 días y que tiene tiempo de sobra para cumplir la apuesta, ¿Cómo es esto posible? Este curioso fenómeno es sólo un juego comparado con otras características del tiempo aún más sorprendentes. Características no tan lógicas e intuitivas, que generan fenómenos extraños que son precisamente quienes le confieren al tiempo, su naturaleza Extrema.
Un humano de unos 70 kilos de peso, contiene unos 12 kilogramos de carbono, aproximadamente 45 kilos de oxígeno, 7 kilos de hidrógeno y 2 kilos de nitrógeno. Estos tipos de átomos se combinan entre sí de diversas formas para crear moléculas llamadas proteínas, grasas y carbohidratos. Lo sorprendente, es que podríamos reunir y organizar a todas las sustancias químicas y estructuras que forman a una célula y no por ello habría vida. Lo único que sabemos por el momento, es que cuando nace un ser viviente, éste no adquiere vida, sino que hereda la vida, es decir, nace con la habilidad para construir estructuras capaces de capturar y manipular la energía a su favor.
Una enfermedad epidémica que se expandió en 2009 por casi todo el planeta. El cambio del curso de un río y su relación con los lobos en el parque de Yellowstone. La conexión entre la caza de brujas, los gatos y la Paste Negra que diezmó la población mundial en la Edad Media. Todos estos acontecimientos son ejemplos de las múltiples batallas libradas durante la “Guerra de los Mundos”, una guerra que, desde que surgió la vida en la Tierra, libran entre sí seres, microscópicos o no, que luchan hasta las últimas consecuencias por la supervivencia en nuestro planeta. Se lo contamos en este capítulo de Ciencia EXtrema.
Si en una galaxia cercana a la nuestra, digamos a unos 65 millones de años luz de nuestro planeta, existiera una civilización inteligente con telescopios adecuados para observar hacia nosotros, en este momento estarían expectantes por presenciar el impacto de un enorme cometa contra el planeta Tierra. Cada detalle de este evento, que aquí acabó con una buena parte de la vida terrestre, fue recogido por la luz y desde entonces viaja a toda velocidad para contar a otras civilizaciones lo que aquí sucedió. En este mismo contexto, podemos afirmar que todo tipo de eventos sucedidos en nuestro planeta mucho antes de que los seres humanos llegáramos aquí para presenciarlos y documentarlos, en este momento, viajan a otros rincones del universo y serán observables con todo detalle, segundo a segundo.
Estamos acostumbrados a esperar largos periodos de tiempo para que un ser vivo pueda reproducirse. En el caso de los humanos, se requieren casi 9 meses de gestación, un elefante requiere 22 meses y un caballo 11 meses pero las bacterias únicamente requieren horas e incluso únicamente minutos para reproducirse. La bacteria denominada como Salmonella, un nombre que puede resultarle conocido, por la enfermedad que produce, la Salmonelosis, puede reproducirse aproximadamente 1 vez cada 35 minutos, lo cual implica que 1 sola bacteria de esta especie puede procrear en 24 horas ¡2.19 billones de bacterias!
En la historia de la humanidad, la información oportuna ha sido y es una valiosa herramienta que da ventajas trascendentales a quien la posee. La velocidad con la que llega esta información, ha cambiado muchas veces el curso de la historia, en batallas y otras circunstancias igual de importantes que se perdieron o ganaron ya sea porque la información llegó a tiempo o bien porque no llegó. Hoy, Daniel Iván Reyes cuenta historias, mezcla de verdad y leyenda, como preludio a la presentación del mensajero más veloz del Universo, la luz, que, al recorrer las distancias extremas que nos separan de estrellas y galaxias, llega hasta nosotros con una información envejecida que habla de acontecimientos sucedidos en tiempos remotos.
Cuando un árbol se encuentra en crecimiento, usa el dióxido de carbono del aire y comienza a unirlo mediante reacciones químicas con moléculas de agua para formar glucosa. Una molécula que funciona como una especie de batería capaz de almacenar energía ¿De dónde obtiene esa energía que almacena? Lo hace directo de la fuente de energía más cercana que tenemos: Una estrella, ¿su nombre? Sol. El camino seguido por esa energía, desde su nacimiento en el interior de nuestra estrella, hasta la planta que la almacena ha durado más de un millón de años. Hoy, Daniel Iván Reyes nos cuenta esa odisea.
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