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Durante décadas, la destrucción de la capa de ozono se ha relacionado principalmente con los CFC y otros compuestos fabricados por el ser humano. Sin embargo, la naturaleza también libera sustancias capaces de destruir ozono. Una investigación internacional revela que estos compuestos naturales, procedentes sobre todo de los océanos, desempeñan un papel más importante de lo esperado y pueden influir en la recuperación del ciclo natural del ozono antártico. Julián Villamayor, investigador del Instituto de Química Física Blas Cabrera del CSIC, explica cómo actúan estos halógenos, por qué bromo y yodo son especialmente eficaces y cómo incorporarlos a los modelos permitirá comprender mejor la evolución futura de la capa de ozono.
Hoy viajamos hasta Fobos, una enigmática luna de Marte, irregular, cubierta de cráteres y con una gravedad tan débil que allí las cosas no se comportan como estamos acostumbrados en la Tierra. El polvo y los fragmentos de roca que cubren su superficie, conocidos como regolito, pueden desplazarse siguiendo caminos inesperados, condicionados no solo por la gravedad, sino también por la rotación y las fuerzas de marea ejercidas por Marte. Nuestra invitada en Hablando con Científicos, Isabel Herreros, investigadora del Centro de Astrobiología, ha elaborado junto a Sébastien Charnoz un atlas que permite reconstruir esos caminos invisibles por los que puede viajar el regolito. Un mapa que puede ser de gran ayuda para la misión MMX, que estudiará Fobos, recogerá muestras de su superficie y las traerá a la Tierra.
Una imagen que se ha hecho viral muestra un campo repleto de estrellas rodeando un enorme espacio oscuro y, en su centro, la diminuta imagen de una supuesta galaxia. Junto a ella, suele haber una afirmación que hemos convertido en pregunta: ¿Está la Tierra atrapada en un gigantesco vacío cósmico? La imagen llamó la atención de Raúl González Díaz, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía y nuestro invitado hoy en Hablando con Científicos. La supuesta cavidad existe y se llama Barnard 68, pero la galaxia ha sido añadida y la interpretación es un sinsentido. A partir de este engaño visual, Raúl nos invita a ver la realidad e iniciar un fascinante viaje que nos llevará desde el nacimiento de las estrellas hasta la estructura a gran escala del Universo y los vacíos cósmicos. También conoceremos sus investigaciones sobre el gas ionizado de las galaxias y la búsqueda de las huellas de las primeras estrellas que iluminaron el Universo.
Nuestro ADN contiene millones de variantes genéticas. Casi todas son inofensivas, pero entre ellas puede esconderse la responsable de una enfermedad. ¿Cómo encontrarla? Francisco Sánchez Sánchez, investigador del Laboratorio de Genética Médica de la Universidad de Castilla-La Mancha, compara su trabajo con el de un detective que busca una aguja en un inmenso pajar lleno de agujas. En esta conversación descubrimos cómo la genética, la bioinformática y los experimentos de laboratorio permiten identificar al verdadero “culpable”. Un fascinante caso relacionado con el gen BTD muestra, además, por qué acertar en el diagnóstico puede cambiar la vida de un paciente y abrir la puerta a un tratamiento. Hablamos de enfermedades raras, medicina de precisión y de los detectives que investigan nuestros genes.
Cada verano los mosquitos vuelven a ocupar titulares por su papel en la transmisión de enfermedades como la fiebre del Nilo Occidental. Pero ¿todos los mosquitos son realmente peligrosos? ¿Cómo consigue un virus pasar de un ave a una persona utilizando al mosquito como vector? ¿Es posible detectar su presencia y actuar antes de que aparezcan los primeros casos humanos? En esta entrevista, Rubén Bueno, especialista en entomología médica y control de vectores, explica cómo trabajan los científicos para vigilar las poblaciones de mosquitos, detectar precozmente la circulación del virus y reducir el riesgo para la salud pública mediante estrategias avanzadas que combinan trampas de captura, análisis genéticos, drones y programas de control de vectores mucho más sofisticados que una simple fumigación.
Los cables de fibra óptica que transportan nuestras comunicaciones pueden tener una segunda vida inesperada: convertirse en miles de sensores capaces de detectar terremotos y tsunamis. Sandra Ruiz Barajas, del Instituto Geográfico Nacional, explica cómo funciona la Detección Acústica Distribuida (DAS), una tecnología que utiliza pulsos láser y las diminutas imperfecciones de la fibra para registrar las deformaciones que experimenta un cable cuando el terreno sobre el que se asienta es sacudido por las ondas sísmicas. Durante la entrevista descubrimos las ventajas y limitaciones de este sistema, los experimentos realizados en líneas ferroviarias y cables submarinos, y su potencial para mejorar los sistemas de alerta temprana frente a terremotos y tsunamis.
¿Todos los lobos se comportan igual? Parece que no. Un estudio realizado en Galicia, una de las regiones más humanizadas donde aún vive el lobo ibérico, revela que cada animal desarrolla su propia estrategia para convivir con las personas. Gracias al seguimiento de 26 lobos mediante collares GPS, los investigadores han descubierto que, aunque la mayoría evita a los humanos moviéndose de noche, algunos se acercan a pueblos y carreteras mientras otros los rehúyen por completo. Los bosques y matorrales resultan fundamentales como refugio para sobrevivir en un paisaje dominado por nuestra especie. ¿Cómo consiguen estudiar a unos animales tan esquivos? ¿Qué nos cuentan miles de datos sobre la vida secreta de los lobos? Descúbrelo escuchando la entrevista con Iago Ferreiro-Arias (EBD-CSIC)
La Antártida parece un continente inmóvil y silencioso, pero bajo su hielo permanecen activos volcanes que ofrecen una oportunidad única para estudiar el interior de la Tierra. Uno de ellos es la Isla Decepción, donde se encuentra la Base Antártica Española Gabriel de Castilla. Allí, el Instituto Geográfico Nacional mantiene uno de los sistemas de vigilancia volcánica más avanzados del continente blanco. Mediante redes sísmicas, estaciones GNSS, sensores geoquímicos, comunicaciones vía Starlink y una nueva estación autónoma multiparamétrica instalada en la isla Livingston, el IGN controla en tiempo real la actividad del volcán desde Madrid. Rafael Abella, sismólogo del IGN y veterano de las campañas antárticas españolas, explica cómo funciona este extraordinario sistema de vigilancia en uno de los lugares más extremos del planeta.
Los terremotos de Venezuela ocupan estos días los titulares. Se habla de magnitudes, de fallas, de destrucción, de víctimas.. La pregunta que nos hacemos nosotros es esta ¿Qué hemos aprendido? Porque pasarán los años. Cincuenta, cien… Las ciudades se reconstruirán, las imágenes desaparecerán de los informativos y quienes vivieron aquellos momentos ya no estarán para contarlos. Y entonces… ¿qué quedará? En España tenemos un ejemplo. En 1884, un gran terremoto sacudió Granada y Málaga. Cientos de personas murieron y numerosos pueblos quedaron destruidos. Han pasado más de 140 años ¿Cómo recuerda hoy la población aquella tragedia? ¿La recuerda realmente? Y, lo más importante, ¿Está preparada para que algo parecido vuelva a ocurrir? Hoy hablamos del proyecto SISMO-RESILIENCIA con Yolanda Torres Fernández, profesora de la Universidad Politécnica de Madrid. Porque los terremotos no avisan y, quizá, frente a ellos, una de nuestras mejores defensas sea no olvidar.
¿Cómo se pesa un agujero negro que no emite luz y se encuentra tan lejos que la luz de la galaxia que lo alberga ha tardado más de 10.000 millones de años en llegar hasta nosotros? José María Diego (IFCA-CSIC/UC) nos explica cómo una extraordinaria combinación de lentes gravitacionales producidas por un cúmulo de galaxias, la aparición de dos supernovas en la lejana galaxia MRG-M0138 y las observaciones realizadas con los telescopios espaciales Hubble y James Webb han permitido medir la masa de un gigantesco agujero negro «dormido». Los resultados revelan un auténtico coloso de 6.000 millones de masas solares, unas 1.500 veces la masa de Sagitario A*, el agujero negro situado en el centro de la Vía Láctea. El descubrimiento tiene importantes implicaciones para comprender cómo crecieron las galaxias y sus agujeros negros durante los primeros miles de millones de años de historia cósmica.
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