Las fracturas osteoporóticas suponen la cuarta enfermedad crónica de mayor impacto, y su incidencia podría aumentar un 27% en 2030 hasta alcanzar los 420.000 casos anuales debido al progresivo envejecimiento de la población. Sin embargo, el 80% de las personas que han sufrido, al menos, una fractura por fragilidad no son correctamente identificadas y, por tanto, no reciben el diagnóstico ni el manejo posterior que debieran.