Dentro de las reflexiones más importantesde este episodio, están:
La sinodalidad tiene un gran trasfondo: es discernir conjuntamente con todo el Pueblo de Dios. "Caminar juntos", significa: tener claro el origen y el destino, emprender un camino conjunto.
Nos hace conscientes de: ¿quién convoca, quién organiza, quiénes son los invitados, quiénes participan? Convocan, principalmente nuestros Pastores, y están invitados a participar en él -en todo el sentido de la palabra- todos los bautizados.
La sinodalidad es una cuestión que tiene que ver con el origen de la misma Iglesia, pero también con el hoy, con su vitalidad y conversión. El Concilio Vaticano II, en su conjunto, es una fuerte llamada para implantar definitivamente la sinodalidad, que supone humildad, capacidad de servicio, de comunión en Él, y con nuestros hermanos, para servir y ser luz del mundo.
La sinodalidad, en síntesis, es la espiritualidad de la escucha, de todos con todos, en apertura al Espíritu, para poner al día a la Iglesia. La naturaleza de esta escucha es pastoral y eclesial. No como una consulta genérica o democrática, sino desde la lógica de nuestra misión, que es el anuncio del Evangelio.
Como contexto histórico, vivimos un Cambio de Época que nos llama a cambiar nuestros paradigmas, a fin de implantar una cultura del cuidado de la Casa Común, de integración, de globalizar la solidaridad, de colegialidad (de los obispos entre sí, y de estos con todo el Pueblo de Dios).
Lo importante no son sólo las estructuras o instituciones, sino sobre todo la actitud, la disposición sinodal para saber discernir entre todos la realidad a la que estamos llamados a servir, como una Iglesia en salida, en misión, abierta. Es promover una Iglesia viva, no sólo como una figura cultural, sino como misterio, como Pueblo de Dios, en camino, capaz de escucha.
Se reconoció el esfuerzo del CELAM, que desde enero inició un camino de escucha, incluyendo a más de 65,000 personas de muy distintas realidades, con capacidad de acercamiento, orden, diálogo, espíritu de grupo.
La sinodalidad supone la necesidad de coincidir en lo esencial: comunicar a Cristo y su Salvación, de manera vital y no sólo doctrinal. Es decir, la fe en torno a Cristo y a su Evangelio. Compartir la riqueza de esta experiencia en la familia, en la comunidad, en la parroquia, en la diócesis... Escuchar juntos a Cristo y a su Palabra, punto de partida y sentido de la escucha, y desde esta base, escucharnos entre nosotros. La identidad sinodal de la Iglesia consiste en ser signo de la Presencia de Cristo en el mundo.
Se sugirió leer los dos documentos (el Documento Preparatorio, así como el Vademécum Metodológico): en un clima de serenidad, haciendo comunidad para reflexionar y dialogar sobre estas líneas.
Se dijo que no hay vida cristiana sin conversión. La conversión es salir de nosotros mismos para ir al encuentro de Cristo. No hay sinodalidad sin conversión: purificar esquemas, protagonismos, imposiciones; conversión en todo y de todos. En síntesis, la sinodalidad es una llamada a la comunión, a la participación y a la misión.