Cuando enfrentamos una pérdida profunda, ya sea la muerte de un ser querido, el fin de una relación vital, o el colapso de un proyecto de vida que nos definía, descubrimos una verdad incómoda: la vida no viene con un manual de emergencia. Existía, tal vez, un "manual de instrucciones para la cotidianidad": ese conjunto invisible de rutinas, certezas, planes y equilibrios que sostenía nuestra realidad. Sabíamos cómo actuar, qué esperar, cómo funcionaban nuestras relaciones y dónde estaba nuestro lugar.
Pero la pérdida, esa fuerza sísmica, lo destruye.