Editoriales y Opiniones

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Editoriales y Opiniones episodes

  • La nacionalidad salvadoreña en rebaja
    El modelo de Bukele no consigue satisfacer las expectativas de su creador. Aparte de unas cuantas voces aisladas que desean verlo implementado en sus respectivos países, no atrae más que a un puñado de turistas, sin potencial para dinamizar la maltrecha economía nacional. Los excursionistas son fugaces, pasan por los sitios señalados en las guías turísticas y siguen a la siguiente parada. Las mises, los atletas y otros personajes de la farándula digital no han venido para quedarse. Tampoco los salvadoreños, que huyen en masa.
    El Salvador de Bukele no atrae. El año pasado, ofreció el pasaporte a cambio de invertir un millón de dólares en bitcoin. Esperaba mil inversionistas, solo llegaron ocho. Una cantidad irrelevante como los ocho millones que aportaron. La oferta cayó en el vacío y con ella el valor del pasaporte. Ahora lo ofrece gratis a científicos, ingenieros, doctores, artistas y filósofos extranjeros. Las redes digitales del oficialismo saltan embargadas de emoción, mientras que las otras se ríen a gusto. Imaginan que esos nuevos salvadoreños encontrarán trabajo en la central nuclear, el satélite Cuscatlán, la ciudad libertaria de la criptomoneda, el centro digital de Amazon, el estudio cinematográfico más grande de América Latina, el aeropuerto oriental, el tren del litoral y las nuevas sedes de la Universidad de El Salvador.
    Entusiasmos y bromas aparte, la desvalorización total de la nacionalidad salvadoreña muestra que el modelo no da más de sí. Solo ofrece seguridad y con limitaciones, tal como lo revelan las constantes desapariciones y el hallazgo de cadáveres en descampado. Los inversionistas no encuentran un panorama económico interesante ni seguridad jurídica para su capital. Están a merced de los vaivenes del modelo, que no duda en atacar y confiscar la propiedad privada cuando le place. A pesar del nuevo país supuestamente creado por el modelo, sus habitantes lo siguen abandonando. Con ellos se van cerebros actuales y potenciales, los cuales no piensan retornar.
    Si no puede retener a su propia población, menos puede atraer extranjeros con especializaciones, experiencia y comodidades materiales. Sin actividad económica, la construcción languidece y a los ingenieros les espera el paro. Existe una gran necesidad de médicos, pero los pocos que hay abandonan el sistema público de salud, más por condiciones laborales inadmisibles que por mal pagados. A esto se agrega la enorme demanda de técnicos, enfermeras y médicos en el mundo rico, donde encuentran un ambiente laboral, salarios y reconocimientos muchos más atractivos. Los artistas con fama y fortuna no tienen argumento para dejar su entorno actual. Y de la filosofía difícilmente se vive en el país. Tal vez algún filósofo logre sentarse a filosofar con “el rey filósofo” nacional.
    Uno de los voceros cualificados del oficialismo en la legislatura reconoció sin vacilar que el desarrollo económico pasa por la ciencia y la cultura. Ahora bien, si la economía sana y robusta descansa en una educación universal gratuita y excelente, cómo se explica que la comisión de hacienda que preside autorice gastar miles de millones de dólares en soldados y policías, en armamento y equipo militar pesado, en publicidad y cabilderos.
    El modelo de Bukele no mira hacia adentro, sino hacia afuera. Aguarda que la solución venga del exterior, como las remeses, sin esfuerzo y sin costo. Busca fuera lo que no haya dentro, porque no ha sido construido. Sus predecesores confiaron ciegamente en las fuerzas voraces del mercado neoliberal. Él tampoco cimentará sólidamente la economía, la educación y la cultura, porque carece de visión, de la capacidad para planificar y ejecutar, y de recursos. Ya ha optado por el camino fácil de la militarización y la publicidad. En cinco años, no ha llegado lejos. El tiempo apremia ante un segundo mandato sin otra cosa que más seguridad.
    El pasaporte salvadoreño para los extranjeros no es ninguna ganga. Bukele no puede ofrecer empleo ni un entorno y un salario superiores a los del norte industrializado. Asume gratuitamente la existencia de multitud de científicos y académicos dispuestos a pelearse un pasaporte cual tesoro muy valioso. Antes soñó con los inversionistas. Nadie en su sano juicio abandona un empleo bien remunerado y reconocido, un entorno estable y unas relaciones familiares y sociales gratificantes para aventurarse en lo desconocido. Habría que estar muy desesperado por dejar atrás una carrera profesional impresentable, o por disimular una especialidad inexistente, o por lavar dinero mal habido para aceptar la oferta del pasaporte salvadoreño gratis.
    Los repetidos intentos del modelo de Bukele para ir más allá de la seguridad indican que algo importante falla. Es claro que la seguridad no es suficiente. La promoción periódica del país como sitio ideal para invertir, trabajar y residir revela sus graves limitaciones, si es que no son señales claras de agotamiento.
    7 min
  • Hora de retirar los cargos contra los líderes de Santa Marta
    Fui sorprendido el 11 de enero del año pasado con la detención de los cinco líderes de Santa Marta. Me sorprendió porque conozco la trayectoria de su liderazgo comunitario, especialmente la de Antonio Pacheco, que con sus compañeros y junto a la comunidad han llevado a Santa Marta y a la Asociación de Desarrollo Económico y Social (ADES) Santa Marta a convertirse en un ejemplo de lucha, dignidad y organización. Se les acusa del asesinato de la señora María Inés Alvarenga, ocurrido en el contexto de la guerra civil, en agosto de 1989.
    Desde mi compromiso con el esclarecimiento de la memoria histórica y con las víctimas, sean de donde sean, en un principio el asunto me pareció complejo, aunque nunca estuvo en duda de que los cinco de Santa Marta eran víctimas de quienes en estos momentos tienen el monopolio del aparato de justicia. Pronto se fue despejando el panorama. Los detenidos pasaron cautivos casi 8 meses en condiciones deplorables ya denunciadas, y desde el 5 de septiembre del año pasado cumplen arresto domiciliario. El 3 de abril, comenzó la audiencia preliminar, que continuará el miércoles 10 de este mismo mes. En más de un año que lleva el proceso, las cosas se han ido asentando y, como dijo Mary Lawlor, relatora especial para Defensores de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, es hora ya de que el Estado retire lo cargos. Varias razones dejan claro que ese tiempo ha llegado.
    En primer lugar, en todos estos meses, la Fiscalía ha sido incapaz de demostrar la participación de los procesados. Según ha trascendido, el único recurso presentado es un testimonio contradictorio de un testigo criteriado que primero dijo que fue testigo presencial y después que le habían contado. También dijo conocer el lugar donde yacen los restos de la víctima, pero la exhumación, que se extendió por varios días, fue infructuosa. En más de un año solo entrevistaron a un testigo circunstancial que no abona en nada a deducir responsabilidades.
    En segundo lugar, según la legislación penal que se está aplicando en este caso, el supuesto crimen ya prescribió. Además, la Ley de Reconciliación Nacional, aprobada en 1992 y vigente gracias a la declaratoria de inconstitucionalidad de la ley de amnistía de 1993, ampara este tipo de delitos. Sin embargo, a sabiendas de esto, la Fiscalía tipificó el hecho como un crimen de lesa humanidad que no tiene prescripción, pero se equivocó: lo ocurrido con la víctima no corresponde con ese tipo de crimen. Según el artículo 7 del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, un crimen de lesa humanidad es un hecho de carácter generalizado, por lo que se entiende que ha sido planificado para múltiples personas y, además, sistemático. El asesinato de la señora Alvarenga no fue parte de un ataque generalizado ni sistemático; por tanto, no puede ser tipificado como un crimen de lesa humanidad.
    En tercer lugar, la detención de los líderes comunitarios de Santa Marta y la ADES es, sin duda, el acontecimiento que más solidaridad nacional e internacional ha despertado en los últimos años. La relatora Lawlor le está dando seguimiento cercano al proceso. A la audiencia inicial del 3 de abril se hicieron presentes, en calidad de observadores, representantes diplomáticos de Canadá, Francia, Alemania y de la Unión Europea, y representantes de organizaciones españolas. Por supuesto, no se trata de que se les deje en libertad porque hay presión internacional, sino porque no se han presentado pruebas de las acusaciones, porque se han desestimado sin argumentos convincentes casi todos los recursos interpuestos por la defensa y porque queda expuesta la disfuncionalidad del Estado de derecho en el país.
    Las razones anteriores autorizan a pensar que el fondo de la cuestión no es aclarar la verdad de lo que pasó con doña María Inés, sino penalizar el activismo social y la organización comunitaria. Para nadie es un secreto que la fuerza de los pobres está en la organización y que el papel jugado por la comunidad de Santa Marta y la ADES fue fundamental en la lucha frente a la minería metálica, que tuvo como epicentro al departamento de Cabañas. La persecución contra estos líderes comunitarios busca desarticular la organización comunitaria y atrofiar la resistencia ante una eventual nueva ofensiva de la minería metálica industrial. Si realmente la Fiscalía y el Estado quieren recuperar la memoria histórica, deberían comenzar con masacres como la del río Lempa, perpetrada en 1981 y, que según investigó la Comisión de la Verdad, dejó más de doscientos muertos, la mayoría de la comunidad de Santa Marta.
    Materia prima sobra en el país para recuperar la verdad de los crímenes cometidos, pero ningún gobierno desde la firma de la paz se ha comprometido a ello, porque descubrir la verdad, reclama justicia. Toda muerte debe ser aclarada, pero no tergiversando la verdad por intereses políticos y económicos. Es hora ya de terminar con este proceso y dejar libres a quienes han sido señalados sin ningún fundamento.
    7 min
  • Propaganda engañosa
    Una reciente entrevista del vicepresidente de la República a Diario El Mundo refleja con claridad la índole del discurso gubernamental sobre la realidad del país. Lo que el funcionario dijo coincide con lo que el mercadeo llama publicidad engañosa. En ese tipo de discurso, se utilizan afirmaciones falsas o exageradas, y se omite datos fundamentales sobre aquello de lo que se habla. Según el vicepresidente, la pandemia posibilitó salvar un sistema de salud y hospitalario que estaba en condiciones precarias. Pero los datos revelan que se ocultó intencionalmente el número real tanto de contagiados como de fallecidos. Además, es de sobra conocida la falta de medicinas en unidades de salud y hospitales, el deterioro en la atención de citas y terapias ambulatorias, la fuga de especialistas y, a consecuencia de esto, la inaudita decisión de poner a médicos sin experiencia a realizar procedimientos especializados.
    Para el funcionario, “cuando ya se tiene una población segura, una población sana y una población educada, toca impulsar el desarrollo económico tal cual”. Con ello, dio la seguridad ciudadana por hecho sin decir nada de las violaciones a los derechos humanos, el encarcelamiento de miles de personas sin investigación previa y la criminalización de opositores políticos. Tampoco habló de la inoperancia del sistema de justicia. Por otra parte, presumió de una población educada. Para el vicepresidente, se saldó una gran deuda educativa con la distribución de más de un millón de computadoras a estudiantes. Sin embargo, el hipotético salto educativo queda en duda por la desigualdad en el acceso a Internet, el estrangulamiento económico de la única universidad pública del país, la falta de apoyo para las necesidades más elemental de los centros educativos y las mediciones internacionales que ubican a El Salvador en los últimos lugares en la asimilación de los contenidos de ciencia y matemáticas.
    Además, según el funcionario, el país acaba de vivir un proceso electoral limpio y transparente, y el TSE realizó un papel extraordinario, por lo que merece felicitaciones. Esas afirmaciones contradicen lo que estuvo a la vista de los electores y de las misiones de observación, nacionales e internacionales: las recientes elecciones fueron la más irregulares, inequitativas y no competitivas desde la firma de los Acuerdos de Paz. Sin embargo, el discurso engañoso alcanzó un punto aún más alto con respecto a la reelección presidencial. Ya antes el vicepresidente había intentado justificar, infructuosamente, la reelección. Primero, con el argumento del artículo escondido y, posteriormente, sosteniendo que no se trata de una reelección, sino de un segundo mandato.
    En la entrevista argumentó que para que el presidente aspire a una segunda reelección o a una reelección indefinida debe modificarse la Constitución y que se está en el momento adecuado para hacer ya la reforma, de modo que sea ratificada por la legislatura que entrará en funciones a partir del próximo 1 de mayo. Pese a su formación constitucionalista, el funcionario no tomó en cuenta que la misma Constitución prohíbe modificar algunos de sus artículos, entre ellos los que tratan sobre la forma de gobierno y la alternabilidad en el ejercicio del poder. Pasó por alto también que este es un tiempo vetado para hacer reformas constitucionales, porque ello violaría la jurisprudencia constitucional que en el proceso 33-2015 prohibió realizarlas en el período entre las elecciones y la toma de posesión. Ampararse en el respeto a la voluntad popular para justificar las reformas no es nada más que demagogia. Si al Gobierno de verdad le importara el sentir ciudadano, renunciaría al bitcoin, una de las apuestas del Ejecutivo más duramente rechazadas por la población.
    Una cosa es el discurso oficial que se impone a fuerza de repetirlo sin descanso gracias a una inversión multimillonaria y otra, la realidad. En la actualidad, muchas salvadoreñas y salvadoreños han sido presa de la publicidad engañosa; tarde o temprano, la realidad los hará despertar.
    7 min
  • El modelo de Bukele
    El modelo de Bukele, reclamado por algunos ilusos como solución ideal para la violencia de sus países, es inviable. El nuevo cerco militar de miles de soldados y policías, en Chalatenango, así lo pone de manifiesto una vez más. El pretexto fueron dos homicidios; en realidad, es un escarmiento a una población desafecta al oficialismo. El motivo no es la seguridad, sino humillar y atemorizar. Los presuntos homicidas fueron capturados antes de tender el cerco y la zona bajo asedio está libre de pandillas desde hace bastante tiempo, gracias a la organización de las comunidades. El modelo de Bukele no persigue el crimen, sino disciplinar a una población insumisa. No pretende devolver una tranquilidad no alterada, sino inculcar miedo.
    La farsa ya la experimentan quienes ayer circularon por las calles y las plazas del país con la sensación de una seguridad hasta hace poco insospechada. Confiados en que no debían nada y, por tanto, nada tenían que temer, se han encontrado de repente con que las fuerzas de seguridad de Bukele, en las que habían depositado su confianza y agradecimiento, ahora los extorsionan. Les exigen dinero para no hacerlos víctimas de la violencia del régimen de excepción. Extorsionados antes por los pandilleros, ahora lo son por los soldados y los policías. No es simple casualidad ni daño colateral, como gusta decir al oficialismo para evadir sus responsabilidades; el abuso y el terrorismo son elementos fundamentales del modelo de Bukele. No es fácil depurar a unos soldados y policías a los que les dio vía libre para atropellar y violentar a pandilleros y a sospechosos de serlo.
    Concluida la guerra contra las pandillas, las fuerzas represivas de Bukele aterrorizan a la población para complementar sus salarios y acosar a las mujeres. Y se sienten autorizadas para desvalijar y asediar a una ciudadanía indefensa. Una vez garantizada la impunidad, no será fácil sofrenar sus instintos sin provocar descontento en sus filas. De hecho, imitan a sus jefes y no ven razón para renunciar a ello en un régimen caracterizado por la arbitrariedad. La corrupción y el terror han desbordado la cúpula de la dictadura y se han desparramado entre sus bases.
    Pero la mano dura de Bukele tiene preferencias. A los pandilleros los ha recluido en una cárcel construida expresamente para ellos, donde gozan de unas facilidades que niega a los otros prisioneros del régimen de excepción, sometidos a la desnutrición, las enfermedades, la tortura y, eventualmente, la muerte. A los grandes jefes de las pandillas no los molesta, algunos incluso fueron sacados del país por Casa Presidencial.
    Tampoco persigue a todos los criminales. Ignora el narcotráfico y otras formas de crimen organizado. No perturba sus negocios. Actúa contra los narcotraficantes cuando Estados Unidos le señala un objetivo. En este caso, se traga el orgullo nacionalista y actúa según las instrucciones. Mientras tanto, la organización criminal se fortalece, amplía su radio de acción y consolida un poderoso imperio económico. La mano dura de Bukele desconoce la articulación de criminales, políticos y funcionarios. Tampoco se hace cargo de los feminicidios, las desapariciones forzadas y la corrupción. El concepto de seguridad del modelo es muy simple.
    Cercos militares como el de Chalatenango y despliegues masivos de soldados y policías con armas de guerra y equipo pesado no son el medio más eficaz para combatir el crimen organizado. Mucho menos el común. Aparte de inútiles, esas demostraciones implican una pesada carga para una hacienda pública exhausta. El instrumento más eficaz es la inteligencia y la acción policial informada, como la utilizada en las operaciones contra el narcotráfico, ejecutadas bajo la supervisión de tropas estadounidenses. La movilización de miles de soldados y policías no es más que la exhibición de un poderío inservible y caro.
    No obstante, la superficialidad y la trivialidad de la receta de Bukele aparenta ofrecer una salida rápida y barata. Crea la impresión de hacer mucho, cuando, en realidad, hace poco. Bukele ha tomado el camino más fácil. La desarticulación de las pandillas le ha granjeado popularidad interna y admiración en círculos extremistas del exterior. Más allá de las apariencias, las raíces de la criminalidad organizada y de la violencia extrema, el empobrecimiento, la vulnerabilidad y la falta de oportunidades permanecen intactas. Estos males no tienen solución inmediata y requieren de complicados acuerdos políticos y sociales de mediano y largo plazo, y de un liderazgo que Bukele no posee.
    Otras consideraciones aparte, como la democracia o los derechos humanos, el modelo de Bukele es, en sí mismo, una farsa bien comercializada. La seguridad que ofrece es más aparente y de corto plazo que real y sólida.
    * Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.
    7 min
  • En favor de la UES
    Por José María Tojeira, S.J.
    Desde hace días venimos escuchando quejas sobre el mal trato gubernamental a la Universidad de El Salvador. Es la única universidad pública, la que tiene mayor número de alumnos, de carreras y de catedráticos, la de mayor acceso económico y la de mayor número de alumnos con becas totales o parciales. En algunos ranking de universidades aparece como la mejor universidad de El Salvador, aunque en una situación bastante baja en comparación con otras universidades estatales de América Latina. En un estado eficiente, que sabe que no se llega al desarrollo al margen del conocimiento, una universidad como la UES debía ser la institución más protegida y apoyada por los gobiernos. Pero no es así. Desde hace años el presupuesto no es el indicado. Al contrario, se le pone un presupuesto bajo y no se le paga a tiempo lo que se le debe. Se la usa como hospedaje para deportistas y no se le devuelven a tiempo las instalaciones. Algunos funcionarios se dan el lujo de desvalorizar públicamente las investigaciones de la UES, como ha hecho recientemente un directivo de ANDA ante el análisis universitario del lago de Ilopango, en el que se habla de los graves riesgos de la potabilización del agua.
    Estas actitudes no son nuevas. Pero en la actualidad las contradicciones adquieren una dimensión más amplia cuando se escucha con tanta frecuencia hablar de grandes proyectos. Porque hablar de grandes proyectos y despreciar el conocimiento científico no lleva a ninguna parte. Un ejemplo evidente de las contradicciones entre los discursos grandiosos y la despreocupación por la universidad la podemos encontrar en una noticia reciente. El director general de Energía, Hidrocarburos y Minas compartió recientemente en el antiguo twiter, hoy X, que había firmado “instrumentos legales” con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) para el uso pacífico de esta energía. Si no me equivoco, la única universidad en El Salvador que tiene la carrera de física es la UES. Y sin buenos profesionales de física, no solo con licenciatura, sino con especialidades y doctorados, es muy difícil no solo instalar, sino también manejar una central térmica nuclear para generación de energía eléctrica. Más allá de la conveniencia o no de una planta nuclear en un país tan pequeño como el nuestro y los riesgos ecológicos que puede entrañar, lo curioso es que se quiera instalar una planta nuclear y simultáneamente se maltrate y no se invierta con seriedad en la única universidad pública con una carrera de física.
    Hace algunos años, uno de los mejores rectores que ha tenido la UES a lo largo de su historia, la Dra María Isabel Rodríguez insistió en relanzar la investigación en la Universidad Nacional. Los diputados de aquel tiempo, que probablemente confundían la investigación científica con el trabajo que realizaba el Organismo de Inteligencia del Estado, le dieron a la UES una cantidad ridícula para investigación. Hoy no parece que haya cambiado la situación. Lo que debía ser la “joya de la corona”, como dirían los que les gusta el lenguaje clásico, yace en serios problemas económicos causados por el propio Estado salvadoreño. Una Asamblea Legislativa en la que abundan diputados jóvenes, debería tener un talante universitario mucho mayor. Pero da la impresión que la juventud política en los diversos poderes del Estado pasa de largo ante el valor del trabajo y el esfuerzo intelectual. Sin darse cuenta de que sin capacidad intelectual y científica no solo estaremos condenados a estar permanentemente en la cola del desarrollo humano, sino que estaremos condenados a caer en fanatismos, polarizaciones improductivas e incapacitados para un diálogo humanamente productivo.
    Apoyar a la UES es una necesidad nacional que todos deberíamos reclamar y apoyar.
    6 min
  • La fiesta de los medios débiles
    Desde un punto de vista ético podemos decir que la Semana Santa es la fiesta del triunfo de los medios débiles en la transformación del mundo en que vivimos. Mucha gente piensa que los mejores medios para transformar el mundo son los medios fuertes. El dinero, el poder político, la fuerza organizacional, el liderazgo carismático, la propaganda mediático y las armas son, entre otros, medios fuertes para transformar el mundo. El amor, el perdón, el diálogo, la compasión, la reconciliación son medios débiles. En el año 1935, en una reunión con un político francés, el dictador ruso Stalin preguntaba burlándose de los católicos que cuántas divisiones militares tenía el Papa. Al igual que Hitler, Stalin fue un ejemplo muy claro de persona que creía solamente en los medios fuertes de control y de poder. Los dos fueron sanguinarios, cometieron crímenes de lesa humanidad y no terminaron bien, aunque uno de ellos muriera en el poder.
    En el cristianismo se cree fundamentalmente en el amor tanto a Dios como al prójimo y en los valores y actitudes derivadas de ese mismo amor que son considerados como medios débiles de transformación de la realidad. La fe cristiana no es de ilusos y sabe que en la vida hay que utilizar en ocasiones medios fuertes, pero siempre subordina dichos medios al amor. Lo contrario, la confianza absoluta en los medios fuertes, es para los cristianos una forma de idolatría, mucho más perniciosa y sangrienta que las antiguas idolatrías a dioses de barro. Jesús de Nazaret nos mostró no solo el camino y la fuerza de los medios débiles, sino que asesinado por quienes creían en los medios fuertes, mostró tanto poder después de muerto que logró cambiar la idea de la fuerza social en millones de personas. Y eso a pesar de que sus seguidores se enfrentaron pacíficamente y con medios débiles, con uno de los imperios más poderosos de la antigüedad.
    Al celebrar hoy la Semana Santa es necesario reflexionar sobre los medios que tanto la humanidad como nosotros mismos usamos para transformar el mundo o nuestro propio entorno. No es para nadie un secreto que hay demasiada gente que cree más en el dinero o en las armas que en el amor al prójimo o la solidaridad con el que sufre. Los medios fuertes se utilizan para resolver problemas, para callar la crítica, para perseguir la religión cuando se declara a favor de la justicia y para manipular a las personas de muy diversas formas. La Semana Santa debe ayudarnos a todos los cristianos a reflexionar sobre nuestra utilización de los medios. ¿Preferimos el grito al diálogo? ¿el autoritarismo a los controles democráticos del poder? ¿caemos en la trampa de quienes desprecian los derechos humanos diciendo que solo sirven para defender a los criminales? . En muchos de nuestros países se respeta más a los militares que a los maestros, a la fuerza bruta más que al diálogo, a la propaganda mentirosa más que a la verdad. La Semana Santa, a la luz de la fuerza histórica y del poder del crucificado, nos debe llevar al discernimiento y a la acción pacífica pero clara y comprometida con los que sufren y con la igual dignidad de todo ser humano. Una semana santa sin pensamiento crítico frente a las idolatrías del poder o del dinero, ni es santa ni tiene que ver mucho con el cristianismo. Reflexionar sobre nosotros mismos, sobre los valores en los que creemos y sobre las actitudes y medios que dominan la política y la sociedad, resulta necesario para vivir nuestra fe y para no caer en la religión política de quienes creen exclusivamente en los medios fuertes de transformación o de control social.
    6 min
  • La nueva Roma
    La ocurrencia de construir una nueva Roma es otro despropósito muy poco original de Bukele. Mucho antes que él, en el siglo IV, cuando la ciudad dejó de ser la capital del imperio, su aristocracia hizo de ella un parque temático del pasado grecorromano. En el siglo VIII, una serie de papas la transformó en la ciudad de los mártires y las reliquias. Más tarde, el Renacimiento reivindicó su pasado grecorromano frente a una mentalidad medieval rígida y dogmática. Más recientemente, Mussolini recuperó su pasado imperial, levantó grandes monumentos y reinventó algunos de los símbolos clásicos del poder imperial. También creó el fascismo y un partido único, cooptó a las organizaciones sociales y disolvió a las que no se sometieron. Concedió privilegios al catolicismo, persiguió a los protestantes y los judíos. Impresionado, Hitler siguió sus pasos. Al final, Mussolini le entregó Italia y ambos acabaron mal.
    Demandar la construcción de una nueva Roma es abogar por el globalismo, uno de los fantasmas de Bukele. Roma construyó un imperio a costa de someter pueblos enteros, cuya soberanía anuló. Esas poblaciones fueron forzadas a tributar y a incorporarse en las legiones para sostener la expansión territorial del imperio. En su máxima expansión, Roma gobernó desde la península ibérica hasta el Asia central y desde las islas británicas hasta el norte de África. El imperialismo romano es incompatible con la defensa cerrada de la soberanía que hace Bukele, aferrado a lo local y lo provinciano. ¿O será que ahora sueña con conquistar el mundo cual nuevo Alejandro o Julio César? O más pragmáticamente, ¿solo busca llamar la atención de su reducida, pero fanática audiencia angloparlante?
    El imperio romano daba pan y circo a los desheredados. Bukele da más circo que pan; un paquete con unos pocos alimentos de mala calidad muy de vez en cuando. El emperador y la aristocracia romana financiaban con su propio dinero los espectáculos y el reparto gratuito de trigo a los ciudadanos. Ni los Bukele ni lo grandes capitales sueltan un cinco de su bolsillo para contentar a la gente. Al contrario, aquel le quita impuestos a los más ricos, mientras mantiene en vigor un opresivo impuesto regresivo al valor agregado.
    No obstante, la Roma imperial y el deseo de Bukele coinciden en la preponderancia del ejército. El imperio descansaba en un multitudinario ejército multiétnico y cayó cuando este colapsó en las fronteras occidentales. Bukele, en último término, también descansa en el ejército y la militarización. Hasta aquí el parecido. Los oficiales romanos gozaban de mucha libertad hasta el punto de poner y quitar emperadores. Y una vez dados de baja, los soldados recibían tierras. El ejército de Bukele, en cambio, está sometido, mal pagado y mal tratado, excepto la oficialidad de confianza. Los soldados de baja son devueltos a sus familias con las manos vacías.
    La ignorancia, el arrebato y el deseo de llamar la atención por cualquier medio dejan en mal lugar al “rey filósofo”. Desconoce que glorias imperiales como las que añora no tienen cabida en el siglo XXI. No existen condiciones para las antiguas aventuras militares. Ninguna de las grandes potencias actuales comparte sus aspiraciones. Ni siquiera Putin, que suele evocar la Gran Rusia de Pedro el Grande, piensa en los términos de Bukele. Las potencias actuales reinan en el espacio que consideran su ámbito de influencia, mientras conviven malamente con las demás. Se disputan las fronteras, a veces, ferozmente, pero no van más allá. Dicho de otra manera, la nueva Roma de Bukele es demodé.
    Eso no impide fantasear con anticuadas pompas imperiales. Quizás por eso se presentó como el salvador de Haití, sin reparar en las condiciones internas de esa nación. A diferencia de las pandillas locales, las de ese país están mejor organizadas, poseen armamento pesado y responden con fuego vivo a quien se interpone en su camino. No es extraño que los países caribeños y las naciones amigas no hayan tomado en serio su ofrecimiento. Al parecer, a Bukele no le basta con El Salvador. Ansía un reconocimiento internacional que se resisten a concederle.
    Proponer la construcción de una nueva Roma es un desatino de alguien ávido de llamar la atención. La contradicción entre defender la soberanía nacional y comunicarse en inglés le resulta “normal”. La apuesta por el bitcóin adolece del mismo mal: un desafío temerario a la institucionalidad monetaria internacional para presentarse como superhéroe. Sacrifica la institucionalidad financiera del país en aras de una vanagloria que no penetra en las masas populares, que pasan de esa veleidad.
    Bukele no construirá ninguna Roma. No tiene los recursos, ni la experiencia, ni posibilidad real. El mundo actual es multipolar, algo que, sumido en ensoñaciones, no parece comprender.
    * Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.
    8 min
  • Romero y las idolatrías
    En tiempos del cristianismo primitivo se asesinaba a los cristianos por no dar culto y adoración a las estatuas de los dioses o del emperador. A principios del siglo segundo de nuestra era, Plinio el Joven, un perseguidor de los cristianos en Bitinia, lugar que hoy se ubica en Turquía, escribió al emperador Trajano diciendo que era imposible que un cristiano adorara a los dioses o maldijera a Cristo. Casi mil ochocientos años después, monseñor Romero, hoy san Óscar Romero, decía que la causa última de la violencia en El Salvador era la triple idolatría del dinero, el poder y la organización. La negativa a adorar a esos ídolos lo llevó a la muerte.
    En estos tiempos, cuando hemos dejado de lado el concepto de idolatría, como si fuera una costumbre de un pasado muy lejano, conviene recordar el término. El diccionario de la lengua la define como “amor excesivo y vehemente a alguien o a algo”. Y no hay duda de que en el presente muchas personas continúan teniendo un amor excesivo al dinero, al dominio machista de las personas, al poder político en sus diversas formas y al lujo a toda costa. Convierten en ídolos a cosas materiales y a personas, y encuentran en ello su felicidad y probablemente sus ventajas materiales. Son cómplices de la pobreza y de los efectos de la misma, porque, como decían antiguamente de los terratenientes, “el mugido de las vacas no les dejaba escuchar el gemido de los pobres”. El catecismo de la Iglesia católica dice que “hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios. Trátese de dioses o demonios, de poder, de placer, de raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc.”. Y en otro lugar dice que “la idolatría de la nación y de su jefe son una amenaza constante de vuelta al paganismo”.
    Cuando celebramos un aniversario más de la muerte martirial de monseñor Romero, resulta importante rescatar su mensaje sobre la idolatría. La sociedad de consumo en la que vivimos, las propagandas políticas en las que nos movemos, la vehemencia e incluso agresividad con la que atacamos a quienes no piensan como nosotros no solo muestran fanatismo o avaricia desatada, sino que también son una forma de idolatría que genera sacrificios de inocentes a los ídolos de turno. Frente a estas formas idolátricas de destrozar la relación humana de amistad y fraternidad, san Óscar Romero no solo levantó su voz valiente, sino que insistió en la necesidad de escuchar el clamor de los pobres, servir a los necesitados y cargar con la cruz del servicio a todos y del perdón.
    Nos corresponde ahora, recuperando lo mejor de nuestra herencia, recoger el mensaje de Romero y aplicarlo a nuestra historia contemporánea. Políticas serias y universales de protección social, diálogo responsable y fraterno en torno a los problemas del país, abandono del lenguaje polarizante y agresivo son tareas que continúan siendo urgentes en El Salvador. La luz de Mons. Romero, tan unida al Evangelio y a los valores cristianos, ilumina un camino de desarrollo inclusivo, pacífico y fraterno que todos debemos seguir. Olvidarlo o dejarlo de lado solo nos conduce a la idolatría pagana de la ley del más fuerte. Aprovechar sus aniversarios para recordar su mensaje siempre será fuente de paz y desarrollo humano.
    5 min
  • Un santo que incomoda al poder
    La estatua de monseñor Romero situada en la zona de la catedral metropolitana fue trasladada al hospitalito de la Divina Providencia: de lo más público a lo más privado. Aunque a mucha gente el traslado le causó consternación, otros terminaron diciendo que la llevaron al lugar en el que monseñor siempre quiso estar: al lado de los que sufren. Allí quiso vivir el santo salvadoreño, en el hospital para personas sin recursos que llegan a curarse o a morir de cáncer cuidados por las hermanas carmelitas. Allí está ahora su imagen, lejos del ruido de la ciudad, pero no de los salvadoreños.
    Llegados a un aniversario más de su asesinato, se le recuerda, entre otras cosas, por los ataques que el Estado oligárquico y militar de su tiempo le hizo sufrir. Los insultos, las amenazas y los desplantes fueron la tónica de la relación del poder con el arzobispo Romero. El dinero y las armas no toleraban la palabra sencilla de verdad y de solidaridad con los pobres que la gran mayoría de salvadoreños escuchaba todos los domingos. Como con los antiguos mártires, se le puede decir a quienes deshonraban a monseñor “la crueldad de ustedes es nuestra gloria”. Y por eso mismo no hay que preocuparse por que a algunas personas les estorbe la imagen de Romero. Quienes le admiran seguirán hablando de él, escribiendo sobre su vida y ejemplo, viviendo en el culto y en la vida sus valores y su entrega a los más pobres y golpeados por una historia injusta.
    Cuando en el segundo siglo de nuestra era se empezaron a escribir relatos de cómo el Imperio romano convertía en mártires a los cristianos, se decían que esa narraciones de amor y entrega hasta el fin había que leerlas “para memoria de los que acabaron ya su combate y preparación de los que tienen aún que combatir”. Para el pueblo salvadoreño, la memoria de san Óscar Romero será siempre signo de lo más humano y de lo más valioso de la historia nacional. Las acciones que busquen retirarlo de la conciencia pública no harán más que acrecentar su recuerdo. Y no solo su recuerdo, sino también la responsabilidad de construir un país con justicia social, participación democrática y sin abusos de poder, sea este económico, ideológico, político o militar.
    El Salvador ha cambiado desde los tiempos de Romero y de la guerra, pero la irresponsabilidad estatal frente a las necesidades de los pobres y de quienes están en vulnerabilidad continúa siendo un problema grave. Se han superado algunos rasgos de violencia; permanecen otros no menos graves. La violencia intrafamiliar, el abuso sexual, la pobreza y la desigualdad, el abandono de la mayoría de ancianos sin pensión, la falta de medicamentos, la poca inversión en educación, la fría utilización de medios injustos para conseguir prestigio y poder son formas de violencia soterradas y escondidas debajo de un manto de propaganda creador de ilusiones.
    Frente a todo ello, tanto el santo arzobispo como los otros muchos mártires reconocidos y por reconocer dicen una palabra de verdad y llaman a la honestidad personal y al acompañamiento solidario y liberador del sufrimiento de los débiles. A quienes abusan del pobre y del sencillo les gusta olvidar o manipular el pasado a su conveniencia, pero la memoria y los aniversarios vividos desde la fe y la confianza en el valor de los mártires devuelven la esperanza a los pobres y vencen al olvido impulsado por el poder.
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  • Noticias falsas
    Internet y las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han cambiado la manera de hacer política. Es cada vez más frecuente que las campaña electorales se trasladen casi en su totalidad a las redes sociales. Paralelamente, hay un creciente recurso a la mentira. Nunca antes ha habido tanta información a disposición pública, pero también nunca antes tal profusión de mentiras. Internet ha hecho posible que cada usuario, además de consumidor de contenido, pueda ser generador de discurso sin ningún tipo de control. Además, los algoritmos de las redes sociales hacen que la información que se le muestra a cada persona esté condicionada y filtrada, instalándola así en una burbuja discursiva.
    El Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Escuela de Administración de Sloan (ambas estadounidenses) realizaron el que hasta hoy es el estudio más grande sobre la transmisión de falsedades en Twitter. Analizaron aproximadamente 126 mil tuits publicados entre los años 2006 y 2017, los cuales fueron retuiteados más de 4.5 millones de veces. Entre los hallazgos de la investigación destaca, primero, que las noticias falsas tienen 70% más posibilidades de ser compartidas que la verdad; que las falsedades más populares se refieren a temas políticos; y, tercero, que, contrariamente a lo que se cree, las fake news se difunden más rápido que la verdad porque son los humanos, y no los bots, quienes más las propagan. Una mentira viaja más rápido y más lejos que una verdad.
    A Joseph Goebbels, jefe de propaganda de Hittler, se le atribuye la frase “Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Entre los psicólogos, esto se conoce como el efecto de la “ilusión de verdad”, y tiene una enorme eficacia en el mundo de la propaganda. Los políticos lo saben y lo usan. Y todo esto sucede hoy en el contexto de la posverdad, en el cual los hechos objetivos, las evidencias, las pruebas son menos importantes a la hora de formar la opinión pública que las emociones o a las creencias personales. Y la comunicación política ha sabido desde siempre que entre racionalidad y emoción, triunfa la emoción. La mayoría de políticos solo dicen lo que la gente quiere escuchar y tocar sus emociones, más allá de lo que sea verdad o posible.
    Las noticias falsas tienen incidencia en la sociedad en su conjunto, afectan la integridad democrática, y por tanto deben ser abordadas en sus dimensiones política, social y cultural. Además de ser portadoras de mentiras, tienen una intencionalidad explícita de engañar. Desde la política, la manipulación de la información, las medias verdades o directamente las mentiras son un medio para construir base electoral o consolidar una idea. Las fake news han convertido en presidentes a mentirosos y facilitado que la gente apoye acciones que la perjudican.
    ¿Cómo saber cuando una noticia es falsa? Los especialistas aconsejan percatarse de quién es la fuente de la información y contrastar con otras fuentes para verificar su veracidad. Para la vida diaria, otro recurso es aplicar el triple filtro de Sócrates, que consiste en preguntarse lo siguiente: primero, ¿estoy absolutamente seguro de que lo que se dice es cierto?: filtro de la verdad; segundo, ¿es algo bueno lo que se afirma de otra persona o instancia?: filtro de la bondad; y, tercero, ¿es útil para mí o para el país lo que dice la información?: filtro de la utilidad. Una vez hechas las tres preguntas, si una información no es cierta, ni buena, ni útil, entonces toca desecharla, ignorarla, no reproducirla.
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