Editoriales y Opiniones

Editoriales y Opiniones

By Radio YSUCANewsPolitics
Download on the App Store

Editoriales y Opiniones episodes

  • La libertad del rey filósofo
    La libertad es el argumento más definitivo y repetido por Bukele para justificar su forma de gobernar, que no respeta nada ni a nadie. En nombre de la libertad actúa como le place o se le antoja. La lógica de la praxis de Bukele es que si existe una realidad por encima de él como la Constitución, la legislación internacional, la comunidad de naciones o la limitación de los recursos naturales, ya no es libre, sino esclavo. En consecuencia, no acepta el sometimiento a una realidad superior, porque negaría su libertad individual, que estima por encima de cualquier otra cosa. No hay, pues, naturaleza, norma o poder por encima de su libertad. Por eso, hace lo que quiere y se comporta como quiere. Todo es modificable y ajustable a su voluntad, lo cual explica sus constantes contradicciones. Las promesas y las opiniones pasadas no son inmutables. Esa es la verdadera libertad.
    La libertad es una de las palabras más falsificadas. Bukele cree que puede actuar al margen del impacto que sus actos tienen en la vida de los demás, en concreto, en la ciudadanía que gobierna. A decir verdad, su idea y su práctica de la libertad no son más que formas camufladas de un individualismo nefasto. Esa concepción de la libertad suprime todos los vínculos exteriores, cuya función consiste, precisamente, en proteger de autoritarismos, tiranías y esclavitudes. Ese es el caso del alcohólico y del drogadicto, que llaman libertad a la posibilidad de seguir intoxicándose.
    La verdadera libertad no consiste en actuar caprichosamente, sin considerar las repercusiones en los demás. Así lo entienden el ladrón y el violador. Ese egoísmo devasta el medioambiente sin contemplaciones y confunde el progreso con la acumulación de capital y el lujo. Destruye el tejido social para satisfacer una concepción miope de la seguridad, que confunde el efecto con la causa. Impone pesadas cargas económicas difíciles de soportar en sectores ya golpeados por la escasez para satisfacer la egolatría insaciable. Este falso individualismo es el que ha dado paso al “nuevo país” de Bukele, una “novedad” montada sobre víctimas.
    La libertad de Bukele es engañosa. El único libre es él, porque solo él sabe lo que conviene a la ciudadanía y, en consecuencia, él decide y provee a sus necesidades, mientras que esta debe conformarse y obedecer. Desde esta perspectiva, su libertad descansa en el sometimiento total de todos, incluidos sus más cercanos, a la entidad superior que es él. La monotonía de la publicidad electoral del oficialismo refleja ese enfoque. Los candidatos a diputados no se comprometen a representar y defender a la ciudadanía que dicen representar, sino a dar “gobernabilidad” a Bukele, es decir, a no entorpecer el ejercicio de su libertad. Tampoco tienen análisis ni propuestas, sino que repiten las trilladas consignas del oficialismo. La discusión o el debate electoral no tienen sentido. Los candidatos renuncian de antemano a la iniciativa legislativa, porque aquel es el único que gobierna. No son libres, sino sus servidores.
    En el país seguro y libre de Bukele, unos cuantos hacen fortuna y gozan de privilegios a costa de victimizar a la mayoría. Pero aquellos no son más libres que esta. Todos están igualmente sometidos, aunque de forma diferente. Aquellos disfrutan a cambio de someterse y esta es controlada por el terrorismo estatal y las huestes virtuales. La idea de libertad de Bukele es muy conveniente para encumbrarse como individuo único, dictador o rey. No es casual que haya adoptado el título de “rey filósofo”. Del primero lo tiene todo, pero de la filosofía no tiene la más mínima idea.
    Bien entendida, la libertad está vinculada con la apertura a los otros, la solidaridad y la fraternidad, en una palabra, con el bien de la totalidad. Por tanto, es contraria al individualismo y al egoísmo. La precipitación y la impetuosidad no coinciden con lo mejor de cada individuo. La razón es sencilla. El individualismo tiende a actuar atendiendo solo a uno o dos datos, aquellos que satisfacen sus inclinaciones. En general, tiende a ser irracional y causante de mal en sus víctimas. No existe verdadera libertad cuando esta es privilegio de uno solo a costa de la esclavitud de los demás. Y esclavitud significa explotación, opresión y violencia.
    En virtud de esa peculiar concepción de la libertad, Bukele ejerce como rey. No uno de las monarquías occidentales actuales, todas ellas constitucionales, sino de la monarquía absoluta del antiguo régimen, la misma que aniquiló la revolución francesa. Este poder no es novedoso. No es más que egoísmo puro, enfundado en un disfraz encantador.
    8 min
  • Inteligencia artificial y paz
    “Inteligencia artificial y paz” es el título del mensaje del papa Francisco para la 57.° Jornada Mundial de la Paz, que se celebró el 1 de enero de 2024. El texto tiene ocho ejes de reflexión y acción desde los cuales se busca dar respuesta a preguntas consideradas urgentes: “¿Cuáles serán las consecuencias, a medio y a largo plazo, de las nuevas tecnologías digitales? ¿Y qué impacto tendrán sobre la vida de los individuos y de la sociedad, sobre la estabilidad internacional y sobre la paz?”.
    En el primer eje de pensamiento se habla del “progreso de la ciencia y de la tecnología como camino hacia la paz”. Esto es posible cuando los seres humanos se esfuerzan para que el planeta “llegue a ser morada digna de toda la familia humana”. El mensaje reitera que la inteligencia artificial debería estar al servicio de un mejor potencial humano y de nuestras más altas aspiraciones, no en competencia con ellos.
    En el mensaje hay un reconocimiento de los notables progresos generados por las nuevas tecnologías de la información, especialmente en el ámbito digital. Pero también se habla de los graves riesgos que esta conlleva por sus serias implicaciones para la búsqueda de la justicia y la armonía entre los pueblos. De ahí que el segundo eje se denomine “El futuro de la inteligencia artificial entre promesas y riesgos”. Para superar esta ambivalencia, el papa afirma que es necesario ser conscientes de las rápidas transformaciones que están ocurriendo y gestionarlas de modo que se puedan salvaguardar los derechos humanos fundamentales, respetando las instituciones y las leyes que promueven el desarrollo humano integral.
    En el tercer eje, “La tecnología del futuro: máquinas que aprenden solas”, se señalan los serios problemas que se producen cuando la inteligencia artificial se emplea en campañas de desinformación que difunden noticias falsas y llevan a una creciente desconfianza hacia los medios de comunicación. Otros ámbitos, según el mensaje, en los que la inteligencia artificial plantea graves riesgos están relacionados con la confidencialidad, la posesión de datos, la propiedad intelectual, la interferencia en los procesos electorales y la implantación de una sociedad que vigila y controla a las personas.
    El cuarto eje, “El sentido del límite en el paradigma tecnocrático”, se centra en lo que se considera un aspecto a menudo descuidado en la mentalidad actual, tecnocrática y eficientista: no todo está permitido, hay límites. El ser humano, pensando en sobrepasar todo límite gracias a la técnica, corre el riesgo de querer controlarlo todo. Según el papa, “reconocer y aceptar el propio límite de criatura es para el hombre condición indispensable para conseguir o, mejor, para acoger la plenitud como un don. En cambio, en el contexto ideológico de un paradigma tecnocrático, animado por una prometeica presunción de autosuficiencia, las desigualdades podrían crecer de forma desmesurada, y el conocimiento y la riqueza acumularse en las manos de unos pocos, con graves riesgos para las sociedades democráticas y la coexistencia pacífica”.
    El quinto eje se titula “Temas candentes para la ética”. Se parte de una constatación y de una tendencia futura: “La fiabilidad de quien pide un préstamo, la idoneidad de un individuo para un trabajo, la posibilidad de reincidencia de un condenado o el derecho a recibir asilo político o asistencia social podrían ser determinados por sistemas de inteligencia artificial”. Frente a esta amenaza que poco a poco parece convertirse en realidad, el mensaje llama a “no permitir que los algoritmos determinen el modo en el que entendemos los derechos humanos, que dejen a un lado los valores esenciales de la compasión, la misericordia y el perdón o que eliminen la posibilidad de que un individuo cambie y deje atrás el pasado”.
    El sexto eje tiene modo de pregunta: “¿Transformaremos las espadas en arados?”. En este plano, hay un hecho gravísimo que preocupa al papa: la posibilidad de conducir operaciones militares por medio de sistemas de control remoto. Esto ha llevado a una percepción menor de la devastación causada y de la responsabilidad en su uso. Lo último que el mundo necesita, afirma Francisco, es que las nuevas tecnologías contribuyan al injusto desarrollo del mercado y del comercio de las armas. Contrariamente, en una óptica más positiva, el papa sostiene que si la inteligencia artificial fuese utilizada para promover el desarrollo humano integral, podría introducir importantes innovaciones en la agricultura, la educación y la cultura, un mejoramiento del nivel de vida de enteras naciones y pueblos, el crecimiento de la fraternidad humana y de la amistad social.
    El séptimo eje, “Desafíos para la educación”, plantea que en este ámbito el uso de la inteligencia artificial debería centrarse sobre todo en promover el pensamiento crítico. Nos dice que es necesario que los usuarios de todas las edades, pero sobre todo los jóvenes, desarrollen una capacidad de discernimiento en el uso de datos y de contenidos obtenidos en la web o producidos por sistemas de inteligencia artificial.
    Finalmente, el octavo eje aborda los “desafíos para el desarrollo del derecho internacional”. A este respecto, el mensaje exhorta a los Estados soberanos y a la comunidad de las naciones a trabajar unidos para adoptar un tratado internacional vinculante que regule el desarrollo y el uso de la inteligencia artificial en sus múltiples formas. Recalca que el objetivo de la reglamentación no debería ser solo la prevención de las malas prácticas, sino también alentar las mejores prácticas, estimulando planteamientos nuevos y creativos, y facilitando iniciativas personales y colectivas.
    El papa Francisco espera que este mensaje anime a hacer que los progresos en el desarrollo de formas de inteligencia artificial contribuyan, en última instancia, a la causa de la fraternidad humana y de la paz. Esto no es responsabilidad de unos pocos, sino de toda la familia humana.
    * Carlos Ayala, profesor de la Escuela de Pastoral Hispana de la Arquidiócesis de San Francisco, California.
    9 min
  • Acuerdos de paz a pesar de todo
    José M. Tojeira
    Le podrán llamar pacto de corruptos, pero lo firmado el 16 de enero de 1992 fueron realmente acuerdos de paz. Quienes no vivieron la guerra, o la vivieron desde un hogar alejado de la misma, podrán dejar suelta su imaginación y decir cualquier cosa. Pero los que vivimos la guerra vimos en los Acuerdos un paso importante hacia la paz. Una opción tan honda que todavía hoy nadie en nuestro país piensa en acciones violentas para solucionar los conflictos económicos y sociales que permanecen en El Salvador. El hecho de que uno de los conflictos más violentos que afectó a nuestra tierra se resolviera pacíficamente a través del diálogo entre las partes creó cultura de paz, confianza en el diálogo y formas de amistad social que hoy tienden a ser sustituidas por discursos de odio en las redes. Es lógico y correcto que a pesar de discursos oficiales en contra, mucha gente quiera celebrarlos en privado o en público.
    Si algo quitó brillo a las celebraciones de los Acuerdos, fue la tendencia de las partes firmantes a convertirse en una especie de protagonistas únicos del proceso que culminó aquel 16 de enero. La realidad no era así. Las madres de desaparecidos o de asesinados que se manifestaban públicamente, los que valientemente denunciaban las masacres, defensores de Derechos Humanos, figuras eclesiales como Monseñor Rivera y el Cardenal Goyo Rosa, los mártires, tuvieron objetivamente mucha más influencia en el proceso de paz que los representantes de los partidos políticos. El deseo de apropiarse del proceso de paz por parte de los políticos y simultáneamente su lentitud en resolver problemas tanto de violencia como de justicia y desarrollo, llevó al desprestigio de los mismos. Pero los Acuerdos de Paz continúan teniendo vigencia no solo porque los verdaderos protagonistas fueron gente llena de razón y verdad que exigían paz con justicia; sino porque además ni la justicia transicional, ni el desarrollo prometido, ni la justicia social han avanzado como los Acuerdos lo prometían. Alcanzamos la paz, pero algunas de las causas que llevaron al conflicto han seguido presentes dañando la convivencia ciudadana y los derechos de las personas.
    Hoy, 32 años después de la firma, el diálogo social se ha hecho más escaso. La seguridad y la convivencia se ve amenazada por múltiples formas de irrespeto a la Constitución. Tenemos más seguridad en las calles pero más miedo a formas autoritarias de poder. Más discursos de desarrollo pero más inseguridad respecto a un futuro en el que el hambre se ve como posibilidad creciente. Los discursos de odio campean en las redes y el diálogo se está volviendo en algunos aspectos más difícil. El recuerdo de los Acuerdos de Paz debería llevarnos a la reflexión. El informe de la Comisión de la Verdad, recogiendo el dolor de aquellos años violentos, se titulaba “de la locura a la esperanza”. Hoy debemos corregir formas irracionales de proceder desde algunos estamentos del poder. El abuso del poder es otra forma de locura. Y freten a ella debemos sentarnos para hablar, conversar sobre diferencias de criterios, y tener la capacidad de ver lo que puede haber de bueno y verdadero en las diversas posiciones. Nadie tiene la verdad absoluta. Pero la verdad de una sociedad democrática y justa se construye siempre desde el diálogo. Cuanto más tiempo se tarde en conversar sinceramente sobre nuestros problemas, más difícil será dialogar en el futuro. Los Acuerdos de Paz, en su hondura y contenido, nos impulsan al diálogo. Celebrarlos hoy es insistir en la construcción de una sociedad menos autoritaria, más democrática, más participativa y más abierta al diálogo.
    6 min
  • Salario digno
    Editorial UCA
    La última encuesta del Iudop refleja que la mayor preocupación de la sociedad salvadoreña es la situación económica. A muchos de los consultados les cuesta llegar a fin de mes, tienen que pedir prestado o dejar de comprar algunos alimentos. Diversos expertos señalan que la economía nacional está en crisis, que la deuda crece y que los derechos económicos de las personas se pueden ver amenazados en un futuro próximo. La utilización estatal de los fondos de pensiones, en un contexto en el que el número de personas de la tercera edad aumentará exponencialmente en las próxima décadas, puede llevar a crisis insospechadas. En este momento del año, en el que por ley se debe revisar el salario mínimo, y luego de que han pasado tres años desde la última revisión, el Estado, la patronal y los sindicatos deben buscar soluciones a esta situación, en la que los precios de los alimentos y de otros rubros han vuelto irrelevante el último aumento del salario.
    Al respecto, cabe recordar que el término “salario mínimo” desvaloriza el trabajo; debería fijarse más bien un salario justo o digno. Decir “mínimo” implica aceptar que el trabajo se puede valorar desde mínimos en vez desde la justicia y la dignidad de la persona. Crear diversos salarios mínimos, según el tipo de trabajo que se haga, supone, además, despreciar algunas labores. El hecho de que el salario del campo sea inferior al de la ciudad, y que asimismo la canasta básica rural tenga menos productos alimenticios que la de la ciudad, es un verdadero desprecio del trabajo campesino y de la soberanía alimentaria del país. Que las empleadas del hogar no tengan las mismas prestaciones que cualquier trabajador y que el Estado sea incapaz de ratificar el convenio 189 de la OIT que protege a las mujeres del servicio doméstico, muestra un grave déficit en la valoración del trabajo femenino y una buena dosis de machismo.
    El Salvador necesita valorar más el trabajo. Se solía decir con orgullo que somos uno de los pueblos más trabajadores del mundo. Sería triste admitir que en realidad se trabaja tanto porque no hay remedio, dado lo mal que se paga a las mayorías. Valorar el trabajo significa incluir con mayor decisión a la mujer en las labores productivas y estipular un tipo de salario básico digno, justo e igual para todos, que no solo cubra la canasta alimentaria ampliada, sino que permita el desarrollo personal. Además, todo trabajo debe estar cubierto por los sistemas de protección social. Al Estado le corresponde garantizar que incluso el sector informal tenga acceso al seguro social y a las pensiones.
    Mientras estas cosas no se consigan, no se podrá afirmar que el Estado salvadoreño cumple con las responsabilidades que la Constitución de la República le asigna y exige. Según el artículo 37 de la Carta Magna, “el Estado empleará todos los recursos que estén a su alcance para proporcionar ocupación al trabajador, manual o intelectual, y para asegurar a él y a su familia las condiciones económicas de una existencia digna”. Convertir el salario mínimo en un salario justo es la mejor manera de responder con seriedad a la muy extendida preocupación por la economía familiar que muestran las encuestas.
    5 min
  • 2023, desde la óptica ciudadana
    En los resultados de la última encuesta del Iudop, sobre la evaluación ciudadana de 2023, dos cosas quedan meridianamente claras: primero, el principal logro del Gobierno es lo hecho en materia de seguridad y, segundo, el principal flagelo que golpea al pueblo salvadoreño es la crisis económica. En pocas palabras, la gente se siente más segura, pero la mayoría está enfrentando grandes dificultades económicas.
    La principal variable que favorece el respaldo social de la población al Gobierno es la seguridad. El 80.5% cree que el país estuvo mejor en 2023 que en 2022, y el 91.3% de las opiniones lo atribuye a la política de seguridad. Más de la mitad de los encuestados (52.9%) cree que en 2023 mejoró el respeto a los derechos humanos y, según las percepciones, ello se debe a las acciones de seguridad. Una cuarta parte de los que piensa que la economía mejoró en 2023 (34.3%) lo explica por la mejora en la seguridad. Los resultados del sondeo, por tanto, muestran claramente que hay un antes y un después del régimen de excepción. Según la encuesta, las personas que se sienten más seguras son las que se informan del acontecer nacional a través de las redes sociales y YouTube, y que no han tenido ninguna exposición a abusos por parte de agentes de seguridad del Estado.
    Sin embargo, la encuesta también confirma lo que ya ha salido en sondeos anteriores: la principal preocupación ciudadana es la economía y buena parte de la gente la está pasando mal. Más del 90% piensa que el costo de la canasta básica ha subido, arriba del 80% cree que el costo de la vida se ha disparado, 78 de cada 100 (77.9%) afirman que el desempleo sigue igual o aumentó en 2023 y más de tres cuartas partes (75.3%) dicen lo mismo de la pobreza. Además, 78.7% cree que la migración aumentó o siguió igual en 2023. Pero la encuesta no solo arroja percepciones, sino que también refleja experiencias vividas por la gente.
    Más de la mitad de la población (52.7%) dejó de comprar algún alimento por su carestía, 40 de cada 100 personas han prestado dinero para llegar a fin de mes y 35.9% adquirió nuevas deudas para lo mismo. El 14.5% declara que algún familiar emigró en el último año. Probablemente por esta realidad, más de tres cuartas partes (78.7%) de los consultados creen que la migración aumentó (51%) o siguió igual (27.7%) en 2023, y una cuarta parte (24.8%) manifestó tener deseo de migrar al extranjero en 2024. En definitiva, la crisis económica que se percibe la está viviendo en carne propia la población con el aumento del costo de la vida y la falta de oportunidades de trabajo. No es gratuito, pues, que el 87.3% piense que es muy o algo necesario aumentar los salarios.
    Finalmente, la encuesta revela que las instancias gubernamentales son bien evaluadas, comenzando por el gobierno central, que es el mejor ponderado, seguido por la PNC y las Fuerzas Armadas. Sin duda, el factor decisivo en esa evaluación es el régimen de excepción. A la zaga de la confianza ciudadana aparecen los partidos políticos y las alcaldías, las únicas dos instancias reprobadas por la opinión ciudadana. Los partidos siempre han estado ahí; no por casualidad el 51% dice no tener partido de preferencia. Pero las alcaldías resultan hoy mal evaluadas debido, en parte, a que no han tenido los recursos necesarios para implementar proyectos de beneficio para la comunidad por la drástica reducción del Fodes. Esa mala nota debe ser también leída como un signo de la ineficacia de la Dirección de Obras Municipales (DOM), supuesta encargada del desarrollo municipal.
    7 min
  • Insolente avidez de infinito
    Por Rodolfo Cardenal, S.J.
    Bukele abrió un espacio de casi dos horas para hablar informalmente, “lo más natural posible”, de lo que “no hablan los medios”. Exceptuando algunas puntadas dispersas, el mensaje carece de ideas nuevas. Repite el consabido ataque contra la institucionalidad internacional dedicada a velar por la vigencia de los derechos humanos y contra los lobistas financiados por multimillonarios con identidad difusa, pero cuya perversidad es evidente para el presidente. A la primera le reprocha pretender mantener al país en el subdesarrollo y a los otros, difundir relatos denigrantes sobre él y su obra. Es asombroso cómo las críticas y los disidentes hacen mella en una figura tan poderosa y popular.
    Exhibirse como víctima de oscuras fuerzas malvadas tiene sus ventajas. Disimula una gestión con poco que mostrar, aparte de una seguridad pública con mucho de terrorismo estatal; responsabiliza de la propia ineptitud y negligencia a conspiradores desconocidos; desvía el malestar o el reclamo público hacia ellos y deja intacto al orden establecido. En el fondo del discurso subyace un ego desbordado, muy pagado de sí mismo.
    Atribuir sin más la postración del país a los derechos humanos es temerario. En efecto, el atraso está directamente relacionada con ellos, pero de una forma muy diferente a como sostiene Bukele. El responsable no está fuera, como pretende, sino dentro. Los responsables directos del subdesarrollo no es la comunidad internacional ni los lobistas, sino las poderosas fuerzas nacionales que han negado una vida digna a las mayorías salvadoreñas durante décadas sin cuento.
    La recuperación del país pasa por disminuir la desigualdad, reducir la pobreza y abrir oportunidades. Avanzar en esa dirección exige una distribución más equitativa de la riqueza nacional, un desafío fuera del alcance de Bukele. Enfrentarlo requiere visión, voluntad y valor. Asumirlo encontraría aceptación popular inmediata así como el rechazo rotundo del capital nacional. El radicalismo y la innovación de Bukele no dan para tanto.
    La solución no se encuentra, por tanto, en el ejercicio ilimitado del poder, tal como defiende y aconseja a colegas como el presidente argentino, otro libertario aventurero. Hernández Martínez tuvo ese poder con el respaldo del Ejército y la oligarquía liberal agroexportadora y no elevó el nivel de vida de las mayorías desposeídas. Luego fue el turno de los militares y los oligarcas, los cuales condujeron al país a la guerra civil. Aunque Bukele reniega de ella constantemente, eso no le ha impedido pactar con el Ejército, uno de los protagonistas de la debacle.
    A pesar de estos antecedentes, Bukele está decidido a intentarlo otra vez. No en balde se ha colgado el título de “rey filósofo”. Pretende crear un país totalmente nuevo, una especie de nueva creación, reñida con el pasado. Una novedad, según él, irreversible. El primer irreversible es él. Bukele llegó para quedarse. Si bien negó contundentemente una segunda reelección continua por no estar contemplado en la Constitución, su negativa es inverosímil. Lo que ahora es convicción, seguramente dejará de serlo dentro de cuatro años.
    Los argumentos constitucionales no representan dificultad alguna para su vicepresidente. Hace unos pocos años, cuando la presidencia aún estaba lejana, Bukele rechazó la reelección con la misma convicción y el mismo argumento. Si los diez años de los que ahora dispone no son suficientes para que los cambios que dice estar llevando a cabo sean irreversibles, buscará la segunda reelección y cuantas sean necesarias, si se ofrece.
    El gran obstáculo de ese plan es que ninguna realidad histórica es irreversible. La Constitución de 1983 contiene disposiciones irreversibles, “pétreas”, en la jerga política, que han sido revertidas. Probablemente, a Hernández Martínez no se le pasó por la cabeza que era reversible. Tampoco a Arena y al FMLN. Ni siquiera la permanencia indefinida en el poder garantiza la irreversibilidad deseada por Bukele. La continuidad tendría que prolongarse en una dinastía, al estilo de la de Corea del Norte, cuyo representante actual mantiene viva la memoria de su abuelo, el fundador de la estirpe.
    En contra de sus deseos más profundos, Bukele pasará como han pasado todos los dictadores, incluso los más resistentes. Pasará porque no es más que un ser humano como cualquier otro. El aura con la que se ha rodeado no es divina. El Salmo 103 avisa claramente que los días del hombre con ambiciones totalitarias son como la hierba, “como la flor del campo así florece: pasa por él un soplo, y ya no existe, ni el lugar donde estuvo vuelve a conocerle”.
    Estos hombres poderosos y adinerados, presumidos y vanidosos, no construyen sobre piedra, sino sobre las arenas movedizas de la virtualidad, más efímera que la hierba y la flor del campo, que hoy están y mañana, marchitas, son barridas por el viento.
    7 min
  • Jueces sin juicio
    La palabra “juicio” tiene varias acepciones. Un juicio puede ser un proceso legal en el que se llega a una sentencia, o puede ser un ejercicio de la razón que frente a varias posibilidades elige la que considera mejor. “Facultad por la que el ser humano puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso”, nos dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua definiendo la palabra “juicio”. Por eso, cuando hablamos de jueces sin juicio, no nos referimos a jueces sin ocupación judicial, sino a jueces que carecen de la facultad racional para emitir sentencias que apunten a la verdad y el bien. Esto es realmente preocupante, porque cuando los jueces están sometidos a una especie de razón instrumental que les marca objetivos determinados de antemano, la vida social se empobrece enormemente y se impide tanto el diálogo como la amistad social indispensables para el desarrollo humano.
    Un caso ejemplar de lo que decimos es la orden de detención de la directiva de la Asamblea Legislativa de 1993 bajo el argumento de que la publicación de la ley de amnistía de ese período se convirtió prácticamente en un crimen de lesa humanidad. La jueza debe querer sentar jurisprudencia internacional, porque, hasta ahora, de las múltiples leyes de amnistía en el mundo, solamente la de El Salvador logra esa calificación de instrumento criminal. Nuestra jueza, por lo visto, no dudaría en meter preso a Nelson Mandela si no estuvieran en la cárcel todos los que en Sudáfrica cometieron crímenes de lesa humanidad. En realidad, este tipo de juicios buscan dos cosas. Por una parte, diluir las responsabilidades generalizando los crímenes: al final, si todos, o un número excesivo, son culpables, tendremos que dejar las leyes en paréntesis y tratarlos como inocentes. Y por otra parte, ese tipo de calificaciones legales absurdas pueden servir para perseguir a opositores políticos, aunque ni siquiera hayan firmado la perniciosa ley.
    Si la ley de amnistía fue injusta, más injusta resulta la resolución de la juzgadora haciendo responsables de delito a quienes firmaron la publicación de una ley moralmente injusta y discriminatoria. Si todas las leyes injustas fueran delito, tendríamos muchas menos leyes y predominaría la ley del más fuerte. Por eso el artículo 125 de nuestra Constitución dice que los diputados “no tendrán responsabilidad en tiempo alguno por las opiniones o votos que emitan”. Lo único que puede y debe hacer el sistema judicial es declarar inconstitucionales las leyes que violen nuestra ley fundamental. ¿Dará orden de detención la jueza contra los magistrados que no declararon inconstitucional la ley de amnistía en los 23 años que estuvo vigente? Según su retorcido razonamiento, tal vez debiera.
    Cuando se multiplican las decisiones judiciales sin racionalidad o con una racionalidad puramente instrumental, la ciudadanía debe exigir a los jueces un alto a la arbitrariedad. Los defensores del agua en Santa Marta, los detenidos con todos los rasgos de desaparición forzada durante el régimen de excepción e incluso algunos aspectos de la reforma a la ley de persecución del terrorismo muestran diferentes matices de arbitrariedad y mal uso de la racionalidad, elemento indispensable del derecho, como todos suelen decir. Si la jueza de Morazán, y no solo ella, tuviera interés claro en los delitos de lesa humanidad, tal vez investigaría, al menos con cierta acuciosidad jurídica, los casos actuales de desaparición forzada, que en algunas circunstancias pueden constituir delitos de lesa humanidad.
    En Israel, la Corte Suprema anuló recientemente una ley que otorgaba al poder ejecutivo en algunos casos prerrogativas sobre el poder judicial. Entre nosotros domina la obediencia. En todos los países se necesitan jueces independientes, dotados de racionalidad jurídica, conocedores y fieles a la Constitución y a los tratados internacionales ratificados por su respectivo Estado. Caminar en esa dirección es más importante que utilizar la ley y los juzgados para perseguir a los opositores. Ojalá nuestro sistema judicial recordara siempre aquel consejo de don Quijote a Sancho, tan sabio y racional: “Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia”.
    7 min
  • Una alerta sobre la inteligencia artificial
    El 1 de enero el papa Francisco dedicó su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz a la inteligencia artificial, un tema de gran relevancia no solo para las naciones poderosas, sino también para países como El Salvador, que apuestan por el desarrollo de las TIC y que utilizan diversos programas para espiar opositores, crear noticias falsas y descontextualizar situaciones que van desde el ámbito económico al jurídico. El mensaje papal insiste en los peligros de la inteligencia artificial, especialmente cuando se utiliza para conseguir resultados económicos, políticos o sociales sin importar la ética. Francisco ve como amenazas las campañas de desinformación, la violación de la intimidad personal y la confidencialidad, la discriminación, “la interferencia en los procesos electorales, la implantación de una sociedad que vigila y controla a las personas, la exclusión digital y la intensificación de un individualismo cada vez más desvinculado de la colectividad”. Amenazas que ya son realidad.
    5 min
  • Buenos deseos vacíos
    En estos días es costumbre desear un feliz o un próspero año nuevo. Asimismo, es muy frecuente enviar a los demás la bendición de Dios. Precisamente, de esa manera concluye el mensaje presidencial de Navidad. La felicidad es un tema muy generalizado en la sociedad actual. Tanto que es obligado reconocer que se es feliz, porque, de lo contrario, se es idiota y, claro, nadie está dispuesto a reconocerse como tal. Este es un buen ejemplo de cómo las estructuras sociales quitan la libertad sin decirlo, sino haciendo creer que se es libre.
    Cabe, pues, explorar si es realista desear un próspero 2024 en el caso de El Salvador. La opinión general piensa que sí sin vacilar, aun cuando los alimentos básicos son más caros, el desempleo es mayor, el empleo informal en los espacios públicos —su lugar habitual— es perseguido, la salud está menos atendida, la educación no levanta cabeza, la pobreza es más extensa y las pensiones penden de un hilo.
    8 min
  • Buenos deseos vacíos
    En estos días es costumbre desear un feliz o un próspero año nuevo. Asimismo, es muy frecuente enviar a los demás la bendición de Dios. Precisamente, de esa manera concluye el mensaje presidencial de Navidad. La felicidad es un tema muy generalizado en la sociedad actual. Tanto que es obligado reconocer que se es feliz, porque, de lo contrario, se es idiota y, claro, nadie está dispuesto a reconocerse como tal. Este es un buen ejemplo de cómo las estructuras sociales quitan la libertad sin decirlo, sino haciendo creer que se es libre.
    Cabe, pues, explorar si es realista desear un próspero 2024 en el caso de El Salvador. La opinión general piensa que sí sin vacilar, aun cuando los alimentos básicos son más caros, el desempleo es mayor, el empleo informal en los espacios públicos —su lugar habitual— es perseguido, la salud está menos atendida, la educación no levanta cabeza, la pobreza es más extensa y las pensiones penden de un hilo.
    El oficialismo opina también que 2024 será un año muy bueno y por eso se felicita con anticipación. Es el año de la reelección presidencial y de la ratificación del control oficialista de la legislatura, engañosamente llamado “gobernabilidad”. El año recién comenzado será bueno, porque están cambiando el país, dicen. Curiosamente, ninguno de estos voceros de la dictadura puede concretar en qué consisten esos cambios, y estos son diferentes según sea el portavoz.
    Los cambios, según Bukele, consisten, fundamentalmente, en seguridad pública y diversión, especialmente, el concurso de las mises. Buena parte de la inversión pública del año giró alrededor de ellas y, correspondientemente, también la recapitulación presidencial de los cambios de 2023. Según la retórica presidencial, El Salvador es Miss Universo y Miss Universo es Bukele. En un segundo plano, figuran los juegos regionales, la ludoteca llamada biblioteca nacional, los espacios públicos embellecidos, las playas y el surf, los volcanes, los paisajes y el café. En pocas palabras, mucho circo y muy poco pan.
    El circo es, para Bukele, razón más que suficiente para calificar 2023 como un año excelente, hablar de la reinvención del país para el mundo y sentirse orgulloso de ser un referente mundial. Una colección de frases conocidas, repetidas incansablemente para enfatizar novedades que no lo son. Lo único diferente es la proyección al exterior, mientras que la vida de las mayorías sigue siendo tan precaria como antes. La diversión presidencial distrae, ilusiona y engaña. El nacionalismo que cultiva es tan hueco como el anterior.
    Los buenos deseos de prosperidad y bendición no tienen cabida en una realidad que amenaza la vida sin que exista una clara determinación de asegurarla sobre bases sólidas. La prosperidad deseada en las circunstancias actuales solo alcanza para los que se enriquecen de la corrupción y de una estructura fiscal regresiva. Tampoco se puede bendecir una realidad contraria a la voluntad del Dios de Jesús. Bendecir es alabar, celebrar y agradecer a Dios por su misericordia y su fidelidad, por las maravillas que ha creado y porque su voluntad se realiza en la tierra, así como ya es realidad en el cielo. La voluntad divina quiere derecho y justicia, igualdad y fraternidad. La vulnerabilidad, el abandono y la precariedad de las mayorías no pueden ser bendecidas sin el compromiso para erradicarlas. La diversión presidencial es frivolidad, no la alegría de la creatura que alaba a su Creador por tanto bien recibido y hecho a los prójimos.
    En las circunstancias actuales está fuera de lugar bendecir a los otros como un gesto de protección y de bondad. La bendición concedida por Dios a la humanidad está llamada a transformarse en inclusión, solidaridad y paz para todos. Realidades buenas negadas a las mayorías. La bendición transmite un mensaje positivo de consuelo, de cuidado y de aliento. Expresa el abrazo misericordioso de Dios e invita a tener los mismos sentimientos de Dios hacia los demás, que son hermanos y hermanas.
    Aparentemente, la opinión mayoritaria está convencida de que la continuidad de la familia gobernante anuncia justicia, protección y bondad. Los hechos de los últimos cuatro años y medio demuestran cuán errada es esa convicción. Bendición sería la determinación para erradicar la desigualdad, combatir la pobreza, impulsar medios eficaces para la reconciliación social y, en general, establecer el derecho y la justicia. La deslumbrante iluminación de los espacios públicos, frecuentemente simple publicidad comercial, no augura un año brillante.
    No por eso hay que dejarse llevar por el pesimismo y caer en la desesperanza. Ahora, cuando no hay razones para esperar, es cuando más cabida tiene la esperanza desengañada de las frivolidades del circo presidencial. Si el pueblo no renuncia a la esperanza, el poder de la dictadura no se la podrá quitar.
    * Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.
    8 min

About Editoriales y Opiniones

From the publisher's feed

Editoriales y Opiniones de la UCA que se emiten vía YSUCA, 91.7FM y en línea www.ysuca.org.sv.