Editoriales y Opiniones

Editoriales y Opiniones

By Radio YSUCANewsPolitics
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Editoriales y Opiniones episodes

  • Ante el miedo
    Cuanto más se ama el poder, mayor el miedo a perderlo. Pasa en todas las instituciones cuando las personas vinculan su autoestima con el cargo que desempeñan. Aunque el miedo ayuda a adaptarse al ambiente y protegerse de los peligros, en las personas, y en particular en los políticos, tiende a convertirse en ansiedad. Y de la ansiedad se puede pasar a la respuesta violenta contra aquello que se ve o percibe como una amenaza. En el caso de los regímenes políticos autoritarios, se pasa muy fácilmente de la complacencia a la desconfianza, de las frases ceremoniosas a las acciones punitivas. La actual dictadura de Nicaragua, que desconfía radicalmente de la Iglesia y ha privado de nacionalidad a curas y obispos, es ejemplo claro de cómo el miedo irracional de los políticos con poder puede llevar a la represión no solo de los oponentes políticos, sino también de los defensores de derechos básicos y de los generadores de cohesión social.
    Sin embargo, a pesar de la fuerza material de los líderes autoritarios, el miedo y sus reacciones agresivas terminan abriendo grietas en el propio poder. El tirano poseído por el miedo puede hacer temblar a todos los que le rodean. Usualmente, se multiplican las alabanzas exageradas en torno a su persona, porque el miedo del autoritario genera también miedo entre aquellos que lo rodean. Pero por más que encuentre aduladores y colaboradores en la construcción del temor y del pánico, el miedo no es la emoción más importante del ser humano. Al revés, frente al miedo se alzan siempre la generosidad, el amor y el deseo del bien. Como dice un texto del Nuevo Testamento, “el amor echa fuera el miedo”. La libertad que brota del amor venció el miedo cuando los nazis perseguían a los judíos: campesinos sencillos los escondían en sus casas, sacerdotes les tramitaban papeles falsos para que huyeran de la persecución, diplomáticos con ética les ofrecían pasaportes para liberarlos de la muerte. Cuanto más crueles se vuelven los tiranos, más cerca suele estar su fin.
    En América Central, las tendencias al autoritarismo han estado siempre presentes. El istmo ha vivido dictaduras sangrientas y regímenes que mezclan algún grado de democracia con viejos modos autoritarios. Y siempre han surgido figuras y grupos, desde lo más sencillo a lo más público, que han plantado rostro a los abusos de poder. Frente a quienes defienden lo humano y lo racional, el poder que genera miedo no tiene más recurso que la persecución. Y la persecución multiplica la conciencia y el surgimiento de nuevas generosidades. Hoy, cuando el autoritarismo está de regreso, es importante recordar la importancia de la libertad personal construida sobre valores solidarios y humanistas, y saber que la única manera de vencer el miedo es enfrentando a quienes lo producen.
    5 min
  • Dictadura y oposición
    Las características de los regímenes dictatoriales han cambiado. Los liderados por militares y de partido único van quedando en el pasado. Hoy, la mayoría de dictaduras en el mundo son “autoritarismos electorales”, según la definición de Andreas Schedler, posicionada ya en la politología. En los autoritarismos electorales se mantiene la fachada institucional y se celebran elecciones, pero se violan los principios democráticos y los derechos humanos permanentemente. Los autócratas modernos guardan las formas, aparentan pluralismo, hablan como demócratas, pero siguen siendo déspotas; siguen creyendo que el mundo gira en torno a ellos y que su palabra es la única que pesa; siguen preocupados por garantizar que la oposición no represente ninguna amenaza a su estabilidad, mucho menos a su continuidad.
    Para controlar toda voz crítica, utilizan la represión y persecución selectiva, pero también mecanismos pacíficos como el control de los medios de comunicación. Su arma más poderosa contra la oposición que consideran peligrosa es dividirla, dispersarla, pero sin extinguirla del todo. Los partidos de oposición se convierten en mero ornamento de la victoria del oficialismo, simple fuente de legitimidad. Además, la existencia de la oposición, por tímida que esta sea, posibilita tener a quien atacar y así crear cohesión desde la defensa del régimen.
    Según Schedler, los autócratas padecen de al menos dos tipos de incertidumbre. Por un lado, incertidumbres institucionales: dudan de su permanencia en el poder. Por otro, incertidumbres informativas: no pueden obtener información certera sobre aquello, real o imaginario, que los amenaza. Por eso, el autócrata vive en miedo; por eso, no confía en casi nadie. Por ejemplo, en el caso de El Salvador, el reciente anunció de combate a la corrupción, además de mostrar el sometimiento del Ministerio Público a la Presidencia, constituye una advertencia para todo aquel al que se le ocurra salirse del libreto. La lista de delitos y casos de corrupción en el Gobierno de Bukele es larga; si en realidad hubiera voluntad de limpiar la casa, ya habría varios ministros en la cárcel.
    En un régimen autoritario, a la oposición no se le debe ponderar únicamente por ser o no un potencial catalizador del descontento popular, sino también por su potencial para limitar y dificultar el avance del régimen. En el caso salvadoreño, la dispersión y falta de ideas y de compromiso serio con la democracia de una buena parte de la oposición no le posibilita llevar a cabo ninguna de esas funciones. Fuera de unos casos aislados de oposición valiente y decidida, en el país el silencio de la civilidad democrática contrasta con la atronadora maquinaria oficial de aplausos e insultos. Por hoy, la dictadura tiene vía libre.
    5 min
  • Memoria histórica y poder
    En el contexto del aniversario de los mártires jesuitas se desarrolló en la UCA una semana dedicada a la memoria histórica. El tema es especialmente importante porque los Gobiernos anteriores al actual desarrollaron un discurso sobre el pasado que miente y oculta tanto la opresión y el abuso económico como las graves violaciones al derecho a la vida y la integridad. El nuevo Gobierno no se queda a la zaga de los abusos que otros han cometido contra la memoria histórica. Empeñado en una propaganda que exalta exclusivamente el presente, manipula el pasado, presentando en negro casi todo lo acontecido antes de 2019 y en blanco esplendoroso la historia de los últimos cuatro años.
    El poder político, en el pasado, contaba la historia a su favor. Unos privatizaron la memoria y la eliminaron de lo público. Las masacres de campesinos, niños y mujeres fueron choques armados con la guerrilla. Y si las víctimas querían curar sus heridas desde la verdad y la justicia, las acusaban de reabrir las heridas del pasado. Se presentaba el “perdón y olvido” como un valor y la amnistía de crímenes de lesa humanidad como un bien jurídico. A las víctimas se les ponía como ejemplo a los poderosos y adinerados que decían: “Yo ya perdoné y no necesito justicia”. Otros hablaban del pueblo y de las víctimas, pero mantenían las mismas injusticias estructurales, al tiempo que procuraban no ofender a los militares. Hoy todo el pasado es pacto de corruptos y solo el presente es perfecto, por muy manipulada que esté una realidad que continúa siendo triste. Es el lujo del poder, que dice que todo lo hace por el pueblo. Maña vieja que incluso aparece en el acta de independencia de Centroamérica, cuando los poderosos y notables decretaron la independencia para “prevenir las consecuencias, que serían terribles si la proclamase el mismo pueblo”. Todo un paternalismo dulce, condescendiente con el pueblo, para quedar en puestos de privilegio y no soltar el poder.
    Sin embargo, las manipulaciones del poder no eliminan la memoria. Y ello por varias razones. La primera, porque la memoria es la base de nuestra identidad. Y lo vivido interior y emocionalmente define nuestra propia realidad. Somos quienes somos porque recordamos, asimilamos, contamos y ordenamos nuestros recuerdos. Por eso, porque la memoria es también comunicación humana, resulta indestructible. Los asesinos pueden destruir la vida, pero la memoria termina venciendo en su combate contra la nada y el olvido. Además, los que tratan de imponer mentiras no tienen un sustituto para la verdad. Y menos para esa verdad tan densa que es el sufrimiento de quien ha perdido, madre, esposo, hija o cualquier ser querido. Sin memoria no hay justicia, suele repetirse cuando se habla desde las víctimas. Y es cierto. Es la memoria decidida a ser contada la que mueve a la justicia a ser independiente frente al poder.
    Los jueces pueden comprarse o se les puede doblar la vara de la justicia, como decían los antiguos. Pero la memoria hace brotar en los corazones el afán de justicia, llama al reconocimiento de los crímenes e invita a la reconciliación en el perdón pedido por quienes reconocen sus crímenes. En la justicia de transición, después de graves atentados contra la dignidad humana, el pensamiento jurídico recomienda procesos en los que la verdad, la justicia, la reparación a las víctimas, las medidas de no repetición y los mecanismos de reconciliación restauren la sociedad como lugar de amistad social y diálogo. En El Salvador, la falta de pensamiento ético y de diálogo trasparente ha impedido hasta ahora ese tipo de justicia. Frente a una justicia dependiente, punitiva con los pobres y manipuladora de la verdad, la memoria de las víctimas sigue viva e impulsa procesos humanistas de verdad, reparación y reconocimiento.
    6 min
  • Discurso idolátrico
    Hace ya casi 50 años, monseñor Romero hablaba de las idolatrías que empujaban a El Salvador hacia una guerra civil; se fijaba sobre todo en la riqueza, el poder y la organización absolutizadas. En la actualidad, los poderes que gustan apoyarse en idolatrías, que en muchos sentidos continúan siendo las mismas de las que habló nuestro santo, han desarrollado un potente discurso dedicado a sembrar el convencimiento de que hay personajes a los que conviene servir. Dado que los seres humanos nos comunicamos por signos llenos de simbolismos, es fácil convertir tanto imágenes como personajes en objetos de veneración. La raza, la fuerza, el orden y la nación pueden fácilmente servir de ropaje de un líder agresivo y opresor que actúa contra aquellos que no se integran en los principios e ideas diseñadas desde el poder. El odio a los judíos o a los musulmanes, a los migrantes, a los pobres o a quienes son diferentes tiene como base ideas afincadas en simbolismos. Y ese odio se hace presente a través de personajes que se valen de una racionalidad impuesta.
    En El Salvador se ha desarrollado en los últimos años un discurso idolátrico. La gente estaba harta de la falsa racionalidad de los que antes eran poderosos y que hablaba de normas, igualdad, derechos humanos, democracia, etc. Las palabras utilizadas en política, que se presumían racionales, decían muy poco a las mayorías porque no eran coherentes con la realidad. Surgió, entonces, la idea de ofrecer símbolos y concretarlos en una sola persona. Alguien joven, con imaginación, eficaz, que brinda resultados, fuerte, que puede sentar a oligarcas y a militares, y que no le tiene miedo a nadie, ni siquiera a Estados Unidos. Alguien que manifiesta con frecuencia su fe en Dios y que se siente su profeta. La propaganda dio resultado, porque, en medio de las dificultades del diario vivir, todo el mundo necesita creer en algo. Además, aunque una minoría vea todo en negro, cualquier Gobierno tienen acciones buenas y malas. Y el actual ha sido experto en resaltar lo que hace bien y convertir los errores en necesidades.
    ¿Qué hacer para salir de las idolatrías y construir una racionalidad no floja o hipócrita como la de antes, sino con capacidad de hacerse cargo de una realidad injusta que debe ser transformada? Lo primero, reconocer que los fallos del pasado nos han llevado a la situación actual, edificada sobre emociones, imágenes y esperanzas sin base objetiva. Y lo segundo, diseñar proyectos de futuro racionales que enfrenten seriamente la pobreza y la desigualdad, y que apuesten por un desarrollo inclusivo y una institucionalidad robusta que en verdad sirva a la gente. Seis partidos acudirán a las próximas elecciones y ninguno dispone de un proyecto de ese tipo; solamente la sociedad civil tiene una palabra crítica. El resultado electoral se perfila con mucha claridad debido a que cinco partidos débiles, sin proyecto claro y sin imagen carismática, compiten con uno fuerte, que controla todos los aparatos del Estado. De muy poco sirven los discursos moralistas de la oposición partidaria si no hay proyectos racionales y claros. Acercarse un poco más a la sociedad civil, dialogar con ella, les vendría bien a todos, tanto a los que no tienen imagen y son débiles como al que tiene una imagen prefabricada fuerte y crece a expensas de un ubicuo discurso idolátrico.
    6 min
  • El éxito de lo superficial
    Una empresa de negocios privada, en situación de quiebra económica, ha tenido un notable éxito en El Salvador. Gozó además de la protección y propaganda del Estado. ¿Extraño? Para nada. Lo superficial suele tener éxito si va acompañado de propaganda. Miss Universo, la empresa en quiebra que exhibe muchachas bonitas en diversidad de ropajes, algunos ciertamente estrambóticos, sigue teniendo éxito cuando Gobiernos ansiosos de espectáculo la apoyan en el negocio de lo superficial. Y mientras los que pueden se sacan fotografías, algunos incluso tocándole las piernas a las jóvenes, estas se mantienen sonriendo porque el negocio les impide darle una bofetada al machista abusador.
    La búsqueda de lo bello ha sido una tendencia universal en el género humano. Los cánones de belleza han sido muy diversos a lo largo de la historia. Y en el caso de la mujer, con frecuencia han sido impuestos desde concepciones machistas. En algunos momentos se ha acusado a los concursos de belleza de ser una variante más suave de la trata de blancas. En México se estrenó hace algunos años un serie titulada Señorita 89, que tras el glamour de los concursos de belleza mostraba tras bambalinas la tendencia a cosificar el cuerpo de la mujer, la imposición de modelos de belleza y la frecuencia del acoso sexual. Superficial y con luces de colores el espectáculo, oscuras las interioridades.
    Pero la superficialidad da dinero y parece que eso es lo que importa. No faltan en el país personas que disfrutaría enormemente diciendo que la mujer más guapa del mundo y sexualmente atractiva es salvadoreña. Y emocionados con el éxito de lo superficial, olvidarían que la mujer sufre una plaga de acoso sexual en El Salvador, que trabaja más que los hombres, que tiene menos acceso a pensiones y que con frecuencia carga con el peso absoluto de sacar adelante a sus hijos. Al final, para quienes adoran lo superficial, lo importante es disfrutar con las luces, los trajes de baño y los colores con que una empresa privada viste y exhibe a muchachas bonitas.
    El beato mártir Rutilio Grande solía organizar en Aguilares y El Paisnal la fiesta del maíz. Pupusas, riguas, tamales, atol y otras delicias se compartían con la multitud que celebraba la identidad cultural de los hombres y mujeres de maíz. Al final se elegía a la Reina del Maíz: la mujer que había elaborado y compartido los más ricos y diversos platillos derivados del elote. No llevaba traje de baño, sino delantal y pañuelo. Sudor en la frente en vez de cosméticos, y alegría verdadera, no fingida, por saberse custodia y promotora de la soberanía alimentaria de su tierra. No había superficialidad en ella, sino la realidad fuerte y honda de un pueblo que celebraba la vida y el compartir de la misma.
    En El Salvador nos falta mucho todavía para llegar al pleno respeto de la igual dignidad y derechos de la mujer. No tiene sentido ético ni democrático priorizar los conceptos superficiales de empresas que hacen negocio cosificando a la mujer y al mismo tiempo olvidar las injusticias que la mujer padece: violaciones de niñas, embarazos adolescentes, acoso frecuente e injusta situación económica y social. Solucionar la injusticia de que las mujeres tengan menor acceso a pensiones, frenar el machismo, reconocer el trabajo en el hogar como un trabajo que merece retribución estatal al llegar a la ancianidad es mucho más importante que la alharaca superficial montada sobre un negocio quebrado con amplias sospechas de fiasco ético.
    6 min
  • El Salvador de las mises
    El Salvador de las mises no es el de las mayorías, sino el de Bukele, el de “las mejores olas y una taza del mejor café del mundo”. Las mises no experimentaron el caos vehicular cotidiano. Las llevaron y las trajeron por calles despejadas y embellecidas para la ocasión, o en helicóptero. Donde llegaron, encontraron un escenario para posar, protegido por círculos de soldados con armas de guerra. El centro de la capital lo hallaron “limpio”, sin vendedoras ambulantes, sin mendigos ni vagabundos. Los policías los expulsaron y cercaron la zona. Ni siquiera los perros de Suchitoto se libraron de la limpieza policial. Las mises vieron el país desde el interior de un círculo militarizado. En palabras de una asidua del centro de la capital, “tanto lujo en la calle y los pobres muriéndose de hambre… aquí se preocupan porque la gente extranjera ande bien, ¿y nosotros qué?”.
    Un medio escrito respondió a su reclamo destemplado que esas extranjeras “han venido a disfrutar y a pasársela bien”. Algo que la inmensa mayoría de las mujeres salvadoreñas no puede permitirse. Los aficionados al país de Bukele miraron extasiados los cuerpos muy cuidados y maquillados de las mises para no ver a las trabajadoras que emplean varias horas diarias para desplazarse entre su hogar y su trabajo, ni a las que aguardan días interminables para pasar consulta con un hijo enfermo, ni a las madres que buscan desesperadas a sus hijos desaparecidos, ni a las mujeres que solicitan habeas corpus sin obtener respuesta, ni a las abuelas que se rebuscan para alimentar a los menores que la dictadura dejó a su cargo. La desdicha de estas mujeres es contemplada impasiblemente por un Bukele que recibe a las mises con alfombra roja en Casa Presidencial.
    La multitud extasiada solo tuvo ojos para las mises, un negocio que vende fantasía y frivolidad. Sus expresiones de simpatía no consiguieron disimular la afectación y el acartonamiento. Las trajeron o vinieron para representar, para sonreír siempre, aun ante la insolencia y el acoso, y para expresarse amablemente del anfitrión, en lo que se excedieron al apoyar su reelección. La representación no era desinteresada, sino negocio. La propietaria del concurso necesita mucho dinero para saldar deudas gigantescas. Las marcas utilizan el espectáculo como vitrina para promocionar sus productos. Y Bukele reforzó su marca personal, consolidó su prestigio de gobernante implacable de la seguridad y se dio un baño de popularidad en el exclusivo ambiente de la gala final.
    Las ganancias provienen de la explotación de la mujer. La estudiada exhibición del cuerpo femenino la cosifica y la ofrece como producto de consumo. Basta una mirada rápida a la prensa cómplice para comprobarlo. Sus plumas encontraron unas mujeres divinas, esbeltas, elegantes, de porte increíble, bellezas de talla mundial, figuras espectaculares y deslumbrantes, piernas de infarto, look refrescantes y sofisticados, trajes fulgurantes de colores llamativos y galácticos, vestidos de noche llenos de “piedras preciosas”. La ramplonería es pasmosa por falta de ingenio literario y porque el espectáculo mismo es ordinario.
    Las mises no eran para el pueblo, sino para quienes pudieron pagar el prohibitivo precio de las entradas. Tampoco el local, muy bien acondicionado con “butacas de lujo”, “súper lindo”, según la embajadora en Washington. Al pueblo le reservaron unas cuantas plazas con pantallas gigantes. Bukele, que no podía perderse la coronación, no se dirigió a la audiencia en el idioma nacional. El país que “renace” bajo su dirección reniega de sus mayorías. Se avergüenza de ellas y las esconde.
    Tuvo tiempo para recibir a las mises en Casa Presidencial y para posar con ellas, pero no lo tiene para atender a las mujeres que, desesperadas ante la indiferencia de sus funcionarios, acuden a él pidiendo protección. La mujer trabajadora, sufrida y violada no pertenece al país de Bukele. En cambio, a las mises les agradeció en dos ocasiones el formar parte de su “renacer” y les encargó difundir como “buena noticia” que este es el sitio ideal para “luchar por sus sueños sin importar cuán grandes sean”, que los aguarda con “verdadera paz y seguridad” y los recibe con “un cálido abrazo”. Nada de esto se aplica a las vendedoras informales expulsadas de sus puestos, ni a la ambulante que empuja un carrito con mercancía, ni a la que se prostituye para alimentar a sus hijos.
    Bukele se prodigó generosamente con las mises, pero se niega a las mujeres salvadoreñas desamparadas y desoladas, que reclaman derecho y justicia. Su país fue “centro de atención mundial”, aunque no tanta como hubiera querido. Fueron tres semanas escasas que lo dejaron igual. Apagadas las luces del escenario e idas las mises, la dura realidad nacional sigue ahí.
    * Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.
    8 min
  • UCA solo hay una
    UCA no hay más que una. Distinguir entre una UCA “histórica” y otra “actual”, tal como hacen las redes oficialistas, es una representación retorcida. Para el oficialismo, la UCA verdadera sería la de antes, mientras que la de ahora sería una falsificación. Esa interpretación idealiza el pasado para rechazar un presente que le desagrada. El oficialismo se decanta por la UCA de Ignacio Ellacuría y sus compañeros mártires para desacreditar a la UCA actual. La astuta contraposición de las dos universidades es la réplica ingeniosa de un régimen sin ideas.
    Los agitadores del oficialismo no saben lo que dicen. Se les antoja que la UCA de los mártires alcanzó una excelencia que la actual habría perdido. La oligarquía y los militares, las plumas a su servicio y sus empresas mediáticas la acosaron igual que ellos hacen hoy. La persiguieron por pedir reformas socioeconómicas de envergadura, por defender la libertad de organización campesina y sindical, y por pedir elecciones libres y limpias. El poder oligárquico-militar invocó el comunismo para rechazar unas reformas que hubieran frenado la guerra civil. Desencadenada la guerra, la UCA exigió a las partes observar el derecho internacional humanitario. Luego, promovió el diálogo y la negociación para encontrar una salida política. Convencidas del triunfo militar, las dos partes se lanzaron virulentamente contra la UCA. Confrontado con la derrota militar y una negociación inevitable, el alto mando del Ejército masacró a la dirección de la UCA.
    Los ataques no cesaron después de 1992. La UCA se ganó la enemistad de militares, políticos y capitalistas por exigir el cumplimiento fiel de los compromisos adquiridos en los Acuerdos de Paz, por criticar la imposición del neoliberalismo económico, en particular, las privatizaciones, y la dolarización, por el empobrecimiento generalizado y el aumento de la desigualdad y por el surgimiento, expansión y consolidación de las pandillas. Todos los gobernantes de la posguerra arremetieron contra la UCA por no plegarse a sus planteamientos. La UCA no ha cedido y se ha mantenido fiel a su misión de dar voz al pueblo salvadoreño y de defender sus derechos.
    En la década de 1970, la UCA estableció gradualmente medios para burlar el cerco informativo impuesto por el poder oligárquico-militar y para proyectar su pensamiento en la sociedad, sobre todo, entre las mayorías. Primero fue ECA y la imprenta, seguidas de varias publicaciones periódicas especializadas. Simultáneamente, estableció la Cátedra de Realidad Nacional para discutir racional y libremente los desafíos del país y sus posibles soluciones. Más tarde, pasó del texto escrito a la difusión radiofónica con la fundación de la YSUCA. La masacre de 1989 no mató su espíritu crítico, ni anuló su asignatura más importante, la realidad nacional, ni su compromiso con la transformación de dicha realidad.
    A pesar de la persistente animadversión, la UCA siempre ha estado abierta al diálogo con los poderes fácticos, y estos no solo han respetado su conocimiento del país, la seriedad y la pertinencia de sus análisis y propuestas, su influencia en la opinión pública y su integridad. En algunas coyunturas críticas, esos poderes se han acercado a la UCA para discutir posibles salidas. La UCA siempre ha estado abierta al diálogo, sin excluir a nadie, aunque poco ha conseguido hasta ahora por la crispación y la polarización que caracterizan a la sociedad salvadoreña. También es cierto que, en la actualidad, esa posibilidad está cerrada. La dictadura es demasiado soberbia como para dialogar. Solo admite el sometimiento total, lo cual implica la entrega de la razón, la libertad y la justicia. Algo que la UCA no puede aceptar sin renunciar a su identidad.
    Aquí está la raíz de la animosidad del oficialismo. La confrontación no es nueva, la razón última es similar a la del pasado y sus adversarios actuales tienen muchas coincidencias con los de antaño. Fiel a su tradición y su identidad universitaria, la UCA no se ha plegado a los Bukele. No lo ha hecho por obcecación, sino porque el régimen lesiona grave y sistemáticamente a las mayorías populares, el centro de la UCA. La malquerencia es aún mayor porque, pese a la avalancha de ataques del oficialismo, la UCA es un referente de verdad, derecho y justicia para sectores significativos del pueblo salvadoreño.
    La UCA como cualquier otra realidad histórica es dinámica y cambia para seguir siendo la misma, aunque nunca lo mismo. El oficialismo también. El de Nuevo Cuscatlán no es el de San Salvador, ni estos el presidencial, que ejerce un poder absoluto, militarizado y represivo. El cambio es inevitable. La cuestión consiste en si el cambio humaniza o deshumaniza, libera u oprime. UCA solo hay una, la de los mártires, cuyo legado, actualizado constantemente, está al servicio de la liberación del pueblo salvadoreño.
    * Rodolfo Cardenal, director del Centro Monseñor Romero.
    8 min
  • El Salvador ante el cambio climático
    En su tercera comunicación nacional sobre cambio climático, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce serios riesgos para la población de El Salvador, especialmente en la franja costera oriental y en las zonas marginales de San Salvador. Tanto ante sequías como ante inundaciones intensas, ambas amenazas del cambio climático, hay una fuerte vulnerabilidad en hogares y familias. La infraestructura agrícola y los sembrados también están en riesgo. Un estudio de este año de la Cepal afirma que las pérdidas por desbordes de ríos aumentarán un 13.5% en 2030 y 23.4% en 2050. Prevenir es mucho más importante que lamentar, pero no se ven planes para proteger los cauces de los ríos, establecer zonas de vivienda seguras y preparar y mantener bordos. Además, las alzas en la temperatura reducirán la productividad laboral.
    Aunque en estudios de la FAO El Salvador aparece con una vulnerabilidad agrícola menor que la de otros países de Centroamérica, la impresión es que no se está preparando adecuadamente para lo que viene. Si el futuro se corresponde con lo que la FAO llama “escenario negativo”, para el año 2050 prácticamente en todo el istmo descenderían enormemente las posibilidades de cultivar plátanos, arroz, maíz y café. Para El Salvador, que ya de por sí es un importador neto de productos agropecuarios y que está sufriendo la despoblación del campo, el panorama no pinta bien.
    Hay escasa evidencia de que el país esté trabajando para adaptarse a los cambios climáticos. La reforestación de algunas montañas que han perdido su vegetación, una tarea clave para la protección ante el aumento de la temperatura y para almacenar y retener el agua subterránea, no camina al ritmo que debiera. Además, El Salvador no está técnicamente preparado para una recuperación rápida de eventos climáticos desastrosos. Por ello, es mayor el riesgo de que con los desastres aumente la desigualdad ya grave. El hecho de que no se respete a los defensores del medioambiente ni se haya firmado el Acuerdo de Escazú multiplica el peligro de que continúe la degradación medioambiental. Las facilidades dadas a algunas constructoras de viviendas tampoco ayuda en nada.
    El papa Francisco, en su encíclica Laudato si, afirma que “tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre”. En el país, cerca de un 30% de la población vive en pobreza, a lo que se suma que un 40% de los salvadoreños está en situación vulnerable. Las divisiones políticas creadas por la inconstitucional reelección presidencial, la propaganda, la falta de diálogo y el discurso de odio contra toda persona que contradice la versión oficial de la realidad no favorecen la implementación de acciones nacionales de protección ambiental. Para que las cosas no vayan severamente hacia peor, urge contar con planteamientos y proyectos estatales que gocen de amplio consenso.
    5 min
  • Circo sin pan
    En la antigua Roma, los emperadores le entregaban trigo y espectáculos circenses a la población para mantenerla entretenida y controlada. La estrategia nunca perdió vigencia. El “pan y circo” sigue siendo utilizado por líderes políticos en todo el mundo. En el caso salvadoreño, dado que el pan escasea cada vez más en muchas mesas, prevalece el espectáculo. En estos días, el circo se ha montado en torno a un concurso de belleza y la reinauguración de la Biblioteca Nacional. El primero, un evento tan costoso que Panamá, con muchos más recursos que El Salvador, desistió de organizarlo. La propietaria del concurso, la empresa tailandesa JKN Group, compró la marca en octubre de 2022 y se declaró en quiebra a pocos días de celebrarse el evento de este año. El Gobierno de Bukele pagó una cantidad millonaria para que el concurso se realizara acá. Contradictoriamente, se utilizaron recursos públicos para montar un evento elitista en el que el precio de las entradas está fuera del alcance de la gran mayoría de salvadoreños. Miss Universo es parte del show político de la campaña electoral del presidente para una reelección prohibida por la Constitución. El circo desvía la atención o potabiliza una candidatura ilegal.
    El otro espectáculo ha sido la inauguración del nuevo edificio de la Biblioteca Nacional, donado y construido por el Gobierno de China, pero que la mayoría de la población percibe como obra de Bukele. Según funcionarios chinos, la obra costó más de 50 millones de dólares. Los gastos de demolición del edificio anterior, que había sido declarado patrimonio cultural en 2008, han sido reservados por 7 años. Toda biblioteca es un bien social, pero en la presentación de esta primó el culto a la personalidad del mandatario por sobre las bondades del nuevo edificio para la conservación del acervo bibliográfico y la conservación del patrimonio.
    Tanto el certamen de belleza como la reinauguración de la Biblioteca le han robado la atención a varios temas en verdad importantes para el país; uno de ellos, la detención en México de Elmer Canales Rivera, alias “Crook de Hollywood”, a raíz de una solicitud de extradición de Estados Unidos, que ya lo tiene bajo su resguardo. ¿Por qué es importante el arresto del Crook? Primero, porque es miembro de la Ranfla Nacional, la estructura de máxima jerarquía de la MS-13. Segundo, porque Estados Unidos solicitó su extradición para juzgarlo por conspiración para cometer actos de terrorismo internacional, conspiración para financiar el terrorismo y conspiración para el narcoterrorismo. Tercero, porque, de acuerdo a investigaciones periodísticas, a pesar de la solicitud de extradición (o precisamente por ello), el Crook fue liberado, conducido y escoltado hacia Guatemala por funcionarios del Gobierno de Bukele, quienes además le proporcionaron un arma de fuego.
    Todo lo anterior unido al hecho de que Estados Unidos le ha solicitado al Gobierno salvadoreño la extradición de otros 11 líderes de pandillas, sin que hasta la fecha haya obtenido una respuesta positiva. Esto refuerza la tesis del pacto entre la administración Bukele y los máximos líderes de las pandillas; un pacto que a estos les garantiza protección. La captura del Crook podría demostrar que la narrativa del Gobierno no responde a la verdad. Por eso, mientras más volumen se le suba a los espectáculos, mientras más se deslumbre a la población con fantasías lumínicas y de cartón piedra, menos reparará en las artimañas, abusos y posibles delitos del oficialismo. Todo esto sucede mientras la situación económica de los hogares salvadoreños empeora día a día. La pregunta obligada es hasta cuándo la población preferirá los espectáculos a una atención real a sus condiciones y necesidades de vida, hasta cuánto la diversión contendrá el malestar de una época de penurias.
    6 min
  • Reconocimiento y verdad
    José María Tojeira
    14/11/2023
    El 34.° aniversario del martirio de los jesuitas de la UCA nos lleva siempre a reflexionar sobre la verdad y las deudas con la misma. Desde la firma de la paz, los sucesivos Gobiernos han oscilado entre el aseguramiento de la impunidad y la utilización política del caso. Evidentemente, algo se ha avanzado. Y las declaraciones recientes de los soldados que dispararon contra los jesuitas y contra Elba y Celina muestran la crudeza de la realidad de aquellos tiempos. Absueltos en el primer juicio y con la garantía constitucional de no poder ser juzgados dos veces por el mismo delito, no tienen reparo en asegurar que las órdenes de matar había que cumplirlas; de lo contrario, el mismo Ejército se encargaría de matar a los desobedientes. E incluso pensaron, eso decían en sus declaraciones judiciales, que los tiros que recibieron cuando volvían a integrarse en su batallón habían sido disparados por militares para eliminar posibles testigos de la “luz verde” dada por el Estado Mayor para el crimen. La deshumanización del momento hacía que cualquier situación fuera posible.
    Las numerosas masacres llevadas a cabo por la Fuerza Armada muestran un panorama semejante. La impunidad domina y la institución judicial apenas ha comenzado algunos casos. La Asamblea Legislativa, la actual y las anteriores, ha sido incapaz de redactar una ley de justicia transicional que garantice en el país verdad, justicia, reparación a las víctimas, garantías de no repetición y caminos de reconciliación. Con el paso del tiempo, la tendencia ha sido a enjuiciar a algunos militares ancianos, pero en el reconocimiento de verdades clave no se ve avance. En realidad, la enorme cantidad de violaciones graves a derechos básicos nos acaba diciendo que los crímenes cometidos son responsabilidad de una política aceptada y establecida por la propia Fuerza Armada. En otras palabras, los crímenes del pasado en guerra no son en su mayoría fruto de la maldad individual de algunos miembros del Ejército, sino verdaderos crímenes institucionales. Y esto, aunque se pueda decir públicamente como una opinión, no ha sido reconocido por el Estado ni por la institución castrense.
    Aunque hoy la Fuerza Armada se encuentre alejada de los terribles abusos del pasado, la falta de reconocimiento de los males institucionales del tiempo de guerra no le hace bien. Reconocer problemas institucionales, pedir perdón por los mismos, honra a quienes lo hacen y da la seguridad de que el pasado no se repetirá. No basta con decir que no hay que pedir perdón por acciones cometidas por otros. Por pertenecer a la institución castrense, se debe reconocer los problemas, los errores y, en muchos casos, los crímenes cometidos o consentidos desde la dirección institucional, aunque estos hayan sucedido en un pasado lejano. Es cierto que no solo la Fuerza Armada ha cometido o encubierto crímenes o delitos; otras instituciones, estatales o no estatales, lo han hecho. Pero sean quienes sean, solo resultan fiables y confiables quienes son capaces de reconocer sus errores. Lo que admiramos en las personas que saben reconocer y corregir sus equivocaciones vale también para las instituciones.
    En ese sentido, es importante que la sociedad civil y las organizaciones de víctimas, además de reclamar justicia en casos particulares, traten de incidir en que las instituciones reconozcan errores y pidan perdón. Solo de esa manera se establecerá cultura y se construirá seguridad en el futuro. Que se consiga juzgar o condenar a diez, quince o veinte personas por los crímenes del pasado es bueno para el país. Pero si no hay capacidad institucional de reconocer crímenes o errores del pasado, y además en casos tan graves, las garantías de no repetición, en las que insiste la justicia transicional, pueden quedar en nada.
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