Editoriales y Opiniones

Editoriales y Opiniones

By Radio YSUCANewsPolitics
Download on the App Store

Editoriales y Opiniones episodes

  • Acuerdos de Paz, un hito en la historia nacional
    Los Acuerdos de Paz son y seguirán siendo un hito en nuestra historia, aunque se intente negarlo mediante decreto. Son el único acuerdo nacional que El Salvador ha tenido desde que es república. Ningún otro esfuerzo ha obtenido el respaldo de prácticamente todos los sectores sociales, económicos y políticos del país. Ningún otro acontecimiento ha provocado tan profunda alegría colectiva. Los Acuerdos no fueron perfectos, ni siquiera los mejores, pero pusieron fin a la guerra y tuvieron el potencial de sentar las bases para construir un nuevo futuro para todos. A nivel de contenido, las grandes ausentes fueron las víctimas y sus familiares; a nivel de ejecución, quedó pendiente la reorganización del sistema judicial y la solución de los problemas socioeconómicos estructurales que fueron parte de las causas del conflicto armado.
    Sin embargo, esos vacíos no deben llevar a perder de vista que el punto central de los Acuerdos fue desmontar la militarización de la seguridad pública que provocaba graves violaciones a los derechos humanos. Los Acuerdos acuartelaron al Ejército y crearon la Policía Nacional Civil como responsable de la seguridad pública y ciudadana. También propiciaron el nacimiento de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos y la creación de un sistema electoral confiable, que hasta la fecha nunca ha sido señalado de irrespetar la voluntad popular. Además, abrieron la puerta a una prensa libre y más independiente, al derecho de acceso a la información pública y a una incipiente pero progresiva separación de los poderes del Estado.
    Ningunear los Acuerdos es congruente con el hecho de que todos los avances en materia de democracia formal que propiciaron han sufrido serios retrocesos. Se ha remilitarizado la seguridad pública y la PNC, se ha neutralizado el Instituto de Acceso a la Información Pública, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos ejerce un papel ornamental, la independencia del Tribunal Supremo Electoral está en duda y la separación de poderes ya es asunto de retórica. Es decir, conceptualizar como farsa los Acuerdos de Paz busca justificar el desmontaje de los avances del país en materia de libertades políticas y democráticas.
    El insensato menosprecio a los Acuerdos de Paz persigue, demás, destruir a los firmantes de los mismos a fin de despejar el campo de adversarios políticos. En esa línea, celebrar un día dedicado a las víctimas del conflicto armado en lugar de la fecha de la firma de la paz le posibilitará al Gobierno protagonizar el tema y sustituir la memoria con anuncios de ficción. La mejor manera de honrar a las víctimas de la guerra es propiciar el reconocimiento de la verdad de lo que pasó, hacerles justicia y reparar el daño causado. Dedicarles un día cuando se cierran los archivos militares que pudieran aclarar las injusticias y cuando se les niega participación en la formulación de una ley de reconciliación nacional es pura demagogia, una cruel afrenta al dolor y la pérdida de tantos salvadoreños.
    5 min
  • Caminos para construir una paz duradera
    El mensaje del papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz de este año tiene como eje temático el diálogo entre generaciones, la educación y el trabajo como instrumentos para construir una paz duradera. En la actualidad, según el papa, “el camino de la paz permanece desafortunadamente alejado de la vida real de muchos hombres y mujeres y, por tanto, de la familia humana, que está totalmente interconectada”. Si la paz está vinculada al desarrollo integral de las personas y los pueblos, resultan una negación de la paz los graves hechos señalados por el papa en su mensaje. Habla del ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos; la propagación de enfermedades de proporciones pandémicas; el agravamiento de los efectos del cambio climático y la degradación del medioambiente; la tragedia del hambre y la sed; y el predominio de un modelo económico que se basa más en el individualismo que en el compartir solidario. Como en el tiempo de los antiguos profetas, afirma el papa, “el clamor de los pobres y de la tierra sigue elevándose hoy, implorando justicia y paz”.
    En la visión cristiana de la paz, esta se concibe como un quehacer permanente, es decir, no es algo que se adquiere de una vez por todas, sino que es el resultado de un continuo esfuerzo. En esta línea, el mensaje del papa habla de una “arquitectura” de la paz, en la que intervienen las difrentes instituciones de la sociedad. Pero también habla de un “artesanado” de la paz, que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente. De ahí su invitación que no excluye a nadie: “Todos pueden colaborar en la construcción de un mundo más pacífico: partiendo del propio corazón y de las relaciones en la familia, en la sociedad y con el medioambiente, hasta las relaciones entre los pueblos y entre los Estados”. En este marco, el papa propone tres caminos para construir una paz duradera.
    En primer lugar, el diálogo entre las generaciones, como base para la realización de proyectos compartidos. Según Francisco, aunque el desarrollo tecnológico y económico haya dividido a menudo a las generaciones, las crisis contemporáneas revelan la urgencia de que se alíen. Explica que, por un lado, los jóvenes necesitan la experiencia existencial, sapiencial y espiritual de los mayores; por el otro, los mayores necesitan el apoyo, el afecto, la creatividad y el dinamismo de los jóvenes.
    La necesidad de dialogar, escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos deriva, para el papa, del hecho de que “los grandes retos sociales y los procesos de construcción de la paz no pueden prescindir, del diálogo entre los depositarios de la memoria ?los mayores? y los continuadores de la historia ?los jóvenes?; tampoco pueden prescindir de la voluntad de cada uno de nosotros de dar cabida al otro, de no pretender ocupar todo el escenario persiguiendo los propios intereses inmediatos como si no hubiera pasado ni futuro”.
    En segundo lugar, la educación, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo. En principio, el papa parte de una preocupación: el presupuesto para la instrucción y la educación, consideradas como un gasto más que como una inversión, ha disminuido significativamente a nivel mundial en los últimos años; en cambio, los gastos militares han aumentado, superando el nivel registrado al final de la Guerra Fría, y parecen destinados a crecer de modo exorbitante. Por tanto, es oportuno y urgente que cuantos tienen responsabilidades de gobierno elaboren políticas económicas que prevean un cambio en la relación entre las inversiones públicas destinadas a la educación y los fondos reservados a los armamentos.
    Al entender la educación como camino para el logro de una paz duradera, la propuesta del papa está relacionada con la promoción de la cultura del cuidado. Según él, esta cultura puede convertirse en el lenguaje común que rompa las barreras y construya puentes. “Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica, la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación”.
    El mensaje postula que cuando se constituyen en vectores de un desarrollo humano integral, la instrucción y la educación resultan indispensables para la defensa y la promoción de la paz. Pueden ser las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso.
    Finalmente, el tercer camino para una paz duradera es promover y asegurar el trabajo digno. Francisco parte de la situación del mundo del trabajo. Afirma que este ha sido impactado gravemente por la pandemia de covid-19. Millones de actividades económicas y productivas han quebrado; los trabajadores precarios son cada vez más vulnerables; muchos de aquellos que desarrollan servicios esenciales permanecen aún más ocultos a la conciencia pública y política.
    El papa habla también del impacto devastador de la crisis sobre la economía informal, que a menudo afecta los trabajadores migrantes. A muchos de ellos, señala, “las leyes nacionales no los reconocen, es como si no existieran. Tanto ellos como sus familias viven en condiciones muy precarias, expuestos a diversas formas de esclavitud y privados de un sistema de asistencia social que los proteja”. Ante esta realidad, el papa proclama la necesidad de promover en todo el mundo condiciones laborales decentes y dignas, orientadas al bien común y al cuidado de la creación.
    El mensaje concluye haciendo un llamamiento a los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que avancemos juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo.
    8 min
  • Visibilizar a los pobres
    Si algo temen los poderosos que se sirven del poder en
    beneficio de sí mismos, es que se visibilice a los pobres. Ellos se
    esfuerzan en decir que todo está bien, y que si hay algo deficiente
    muy pronto todo estará mejor. En América Latina no somos una
    excepción. Y en general nuestros mártires son personas que desde el
    Evangelio y el amor al prójimo contribuyeron a visibilizar a los pobres,
    reconociéndolos como personas con dignidad y derechos y dándoles
    fuerza para buscar el desarrollo de su libertad. Así fue nuestro santo
    Monseñor Romero, “padre de los pobres y voz de quienes no tienen
    voz para defender sus derechos”, y así fueron Rutilio y Cosme, a los
    que ya pronto la Iglesia beatificará, junto con sus acompañantes
    laicos. Hoy, cuando nuestra Iglesia salvadoreña se prepara para la
    fiesta de la beatificación, es importante retomar la tarea de nuestros
    mártires, que es también tarea permanente de la Iglesia: Hacer
    visibles a nuestros hermanos más pequeños y olvidados, y
    devolverles su dignidad de hijos e hijas de Dios.
    El Papa Francisco, en su reciente mensaje para la Jornada
    Mundial de la Paz, nos recordaba la necesidad de convertirnos en
    “arquitectos” de la paz. “Como en el tiempo de los antiguos profetas, -
    nos dice el Papa- el clamor de los pobres y de la tierra sigue
    elevándose hoy, implorando justicia y paz”. Clamor que escucharon y
    visibilizaron Cosme, Rutilio, Nelson y Manuel, y al que trataron de
    responder cristianamente incluso con la ofrenda de sus vidas. Hoy,
    para construir esa paz anhelada, Francisco nos propone en su
    mensaje para la jornada de la paz, el diálogo entre generaciones, la
    educación de calidad y el trabajo digno. Ello supone visibilizar a los
    jóvenes, a los ancianos, a los niños y a las mujeres como los sectores
    más vulnerables dentro de las tareas que se nos proponen. También
    nuestro arzobispo ha publicado recientemente su Quinta Carta
    Pastoral, recordando los 500 años de la Evangelización en El
    Salvador y nuestros 200 años de independencia. En ella nos invita,
    recordando a Mons. Romero, a “hacer propio el dolor, las
    necesidades y aspiraciones de los pobres, defendiéndolos en todo
    momento”. En estos días de fin de año, también un sacerdote de
    nuestro clero nos hablaba de visibilizar los sufrimientos de los
    privados de libertad y de sus familiares. Sufrimientos injustos que van
    más allá de las penas impuestas por la ley. Si no vemos a los que
    sufren, si no los visibilizamos, tanto nuestra sociedad como cada uno
    de nosotros haremos como el sacerdote y el levita de la parábola del
    buen samaritano: pasar de largo.
    Cosme visibilizaba a los pobres desde su cercanía franciscana a
    los mismos y desde su preocupación por las labores agrícolas
    campesinas. Rutilio visibilizaba a los pobres empoderándolos de su
    dignidad de hijos e hijas de Dios, con derechos a una vida digna. Dos
    de esos mismos pobres lo acompañan en esa suprema dignidad del
    martirio, que identifica con Jesús, el Señor. Las víctimas de la
    violencia física, sexual o psicológica, los y las jóvenes desaparecidos,
    los golpeados por la pandemia, los que sufren la degradación
    medioambiental, las víctimas de un modelo económico
    exageradamente individualista, que provoca marginación e incluso
    hambre, los privados de libertad, privados también arbitrariamente de
    trato digno y de la visita familiar, nos siguen mostrando el rostro
    dolorido del crucificado. Visibilizarlos es el primer paso hacia el
    diálogo constructor de paz, que debe ser intergeneracional, y hacia
    ese desarrollo integral que es factor indispensable de paz. Que San
    Óscar Romero y los beatos Cosme, Rutilio, Nelson y Manuel, nos
    acompañen en esa tarea de ser testigos de la fraternidad universal,
    de la justicia y de la paz.
    6 min
  • ¿Cazar como animales?
    La semana pasada, el fiscal general, Rodolfo Delgado, dijo textualmente, refiriéndose a la persecución penal de algunos miembros de maras: “Si se comportan como animales, los cazaremos como animales y los encerraremos, para que no vuelvan a causar luto en las familias salvadoreñas”. Las palabras son improcedentes e impropias de alguien versado en leyes, pues si bien la legislación salvadoreña exige perseguir el delito y, por supuesto, a los delincuentes, en ninguna parte autoriza a cazar como animal a ninguna persona, por mala que pueda ser. A ningún ser humano se le puede tratar como si fuera una cosa o un animal; aparte de que hay muchas maneras de actuar como animales, incluso dentro de las costumbres más o menos establecidas. Ciertas formas de tratar a la mujer en nuestra sociedad muestran una actitud más propia de animales que de humanos, más allá de su legalidad o ilegalidad. Y lo mismo podríamos decir de formas de enriquecimiento y disfrute de la riqueza que no tienen en cuenta valores humanos como el de la fraternidad. Este tipo de expresiones de cacería, que hacen pensar más en venganza que en justicia, reflejan una tendencia poco reflexionada y poco seria de algunas personas en el ámbito de las ideas y de los valores de humanidad. Hoy, que se está hablando de la posible reapertura del juicio referente al caso de la masacre en la UCA, quiero hacer un poco de historia y una reflexión personal en este contexto de cacería.
    El mismo día de los asesinatos, quienes representaban a la Compañía de Jesús dijeron que no querían venganza, sino justicia. Y pocos días después, para aclarar qué significaba para ellos justicia, exigieron un proceso en el que hubiera “verdad, justicia y perdón”. La verdad como el primer paso de la justicia; la justicia como reconocimiento estatal del crimen, con todas las consecuencias legales; y el perdón como mecanismo de reconciliación que debía extenderse a formas legales de reducción o conmutación de las penas. Los Gobiernos de aquel entonces optaron por la impunidad con la ley de amnistía, no solo para el caso jesuitas, sino para todos los crímenes de la guerra civil. Incluso en el primer juicio contra los hechores materiales, el sistema judicial terminó optando por absolverlos, condenar a los intermediarios de la orden de asesinar y encubrir a los autores mediatos o intelectuales. En aquel entonces, los jesuitas nos conformamos con que se hubiera hecho verdad respecto a lo que llevaron a cabo los autores materiales. Pero seguimos en la lucha durante 30 años en favor de que se juzgara a los autores intelectuales. En el caso del coronel Benavides, fuimos coherentes con nuestro lema de verdad, justicia y perdón, al solicitar para él la conmutación de la pena. Lo mismo hizo en su momento el papa Juan Pablo II con quien intentó asesinarle, dejándole gravemente herido en 1981.
    Cuando hoy se habla de cazar personas como animales, y viendo el humillante, ilegal y mal trato que con frecuencia se le da a personas acusadas de algunos delitos, además de la situación deplorable de la mayoría de nuestras cárceles, es bueno recordar algunos principios básicos no solo referidos a los derechos humanos, sino también a una sana tradición cristiana. Acusar a alguien no es juzgarle, sino pedirle al Estado que lo investigue y que si lo encuentra culpable, le imponga las penas adecuadas, incluida la debida reparación a las víctimas. La presunción de inocencia y, por tanto, el enjuiciamiento en libertad deben ser respetados. No queremos que el caso de la masacre en la UCA sea el único en el que se busque justicia. Hay casos más graves, como la masacre en El Mozote. Y ciertamente, y al menos, todos los casos expuestos por la Comisión de la Verdad tienen el mismo derecho a ser esclarecidos y juzgados, aunque la llegada a sentencia tenga sus tiempos propios. Con no menos importancia, todos estos juicios deberían llevarse a cabo desde una ley de justicia transicional. Ban Ki-moon decía en 2011 ante el Consejo de Seguridad de la ONU que la justicia transicional debe darse en el marco de una sociedad que busca “afrontar un legado de abusos a gran escala del pasado, para asegurar responsabilidad, rendir justicia y lograr reconciliación”. En El Salvador, durante la guerra, todos nos dimos cuenta de que se dieron “abusos a gran escala”.Y sobre el perdón como camino de reconciliación, Juan Pablo II decía que el “presupuesto esencial del perdón y de la reconciliación es la justicia”. E insistía en que “el perdón no elimina ni disminuye la exigencia de la reparación, que es propia de la justicia, sino que trata de reintegrar tanto a las personas y los grupos en la sociedad”. En este contexto de “cacería” de personas, que ojalá no fuera más que una metáfora desafortunada, no es extraño que desde la óptica de los derechos humanos y desde su inspiración cristiana, la UCA permanezca atenta a cómo se desarrolla este y los otros juicios que debe haber.
    8 min
  • La conflictividad de los profetas
    Es mal asunto provocar un conflicto religioso y dar pie a la denuncia de persecución religiosa. La imprudencia y la hipersensibilidad a la crítica hacen que el régimen de los Bukele se vuelva intolerante e insolente. El enfrentamiento religioso que asoma revive el de Mons. Romero y el del P. Rutilio Grande con el Ejército y la oligarquía agroexportadora. La inminente beatificación de este último, junto con dos campesinos, pone en aprietos a un régimen que no conoce el límite. La elevación a los altares católicos de estos últimos y del fraile Cosme Spessotto, víctimas de la persecución religiosa y del odio a la fe, es una ocasión para recapacitar sobre la función profética de la fe en una sociedad injusta y violenta.
    “Nadie se interpondrá entre Dios y su pueblo para sacar adelante a nuestro país”, ha sentenciado Bukele, en un par de ocasiones. La frase es lapidaria y equívoca. Por pueblo ha de entenderse él mismo, ya que se ha arrogado su representación, en virtud del resultado de las urnas. El mismo argumento utiliza para desechar las críticas sobre la anulación de la libertad legislativa y judicial. En clave presidencial, Bukele es el pueblo. Y nadie, según su sentencia, se interpondrá entre él y Dios. Así como nadie se interpone entre él y los otros dos poderes del Estado. En consecuencia, las improvisaciones, las contradicciones y las diatribas presidenciales serían todas ellas obra divina.
    Sin embargo, el Dios de la Biblia se vale de intermediarios para salvar a su pueblo. Los patriarcas pusieron los cimientos de dicho pueblo. Moisés lo liberó de la esclavitud de Egipto. Los jueces lo gobernaron, le administraron justicia y lo dirigieron militarmente. Cuando el pueblo pidió reyes, Dios se los dio, pero les envió profetas para recordarle que deseaba justicia, no plegarias y sacrificios. Finalmente, envió a su hijo Jesús, su palabra encarnada.
    Entre Dios y su pueblo siempre se ha interpuesto el pecado. El pueblo liberado renegó de Dios en varias ocasiones durante la travesía por el desierto. Una vez en la tierra prometida, cometió innumerables crímenes, que jueces y profetas intentaron remediar. “Ya se te ha dicho […] lo que es bueno y lo que el Señor te exige: tan solo que practiques la justicia, que quieras con ternura y camines humildemente con tu Dios” (Miq 6,8)”. A pesar de ello, el pueblo tomó otro camino. “Cuando rezan con las manos extendidas, aparto mis ojos para no verlas, aunque multipliquen sus plegarias, no las escucho, porque hay sangre en sus manos” (Is 1,15). “Alejen de mis ojos sus malas acciones, dejen de hacer el mal y aprendan a hacer el bien. Busquen la justicia, den sus derechos al oprimido, hagan justicia al huérfano y defiendan a la viuda” (Is 1,15-16). Estos llamados resultaron tan insoportables que los profetas acabaron mal. Por eso, Jesús exclamó: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!” (Mt 23,37).
    Arrogarse la encarnación del pueblo no libra del pecado. Esa apropiación es una necedad típicamente humana. Relativizarla diciendo de sí mismo que es “el dictador más cool del mundo mundial”, aparte del pésimo manejo del español, no la hace menos presuntuosa. La naturaleza humana está atravesada por la desmesura del orgullo y de la arrogancia. Sin justicia, sin reconocer los derechos del oprimido y sin defender a la viuda es imposible construir la sociedad anunciada por Bukele. Tampoco es posible caminar en la presencia de Dios, que aparta su mirada de las manos manchadas de sangre, aun cuando se levanten en oración.
    No existe, pues, conexión directa entre el Dios bíblico y su presunto representante salvadoreño. Tampoco sus obras son voluntad divina. “Soberbia, arrogancia, mal proceder y boca mentirosa, todo eso lo aborrezco” (Pro 8,13). El camino que Bukele y sus hermanos recorren no es el querido por Dios. Más prudente sería dejar a Dios fuera de la retórica política. Más sabio sería volverse hacía él y cambiar de rumbo. Bukele y los suyos no salen bien parados cuando incursionan el ámbito religioso, porque intentan manipular a un Dios mucho más grande que ellos. Sin embargo, lo sagrado parece ejercer en ellos un atractivo especial. Tal vez porque la altivez está reñida con la cordura. Tal vez porque en el ámbito de lo sagrado encuentran una legitimación que les es negada en la esfera de la secularidad política. En cualquier caso, es pretencioso manchar la divinidad con intereses egoístas para obtener la aprobación popular.
    Los profetas son necesarios para llamar a la conversión y, por ello, son ultrajados y asesinados. Sin embargo, Dios no desiste y los sigue enviando. Envió al P. Rutilio Grande, a Mons. Romero, al fraile menor Cosme Spessotto y a otros muchos, aún no reconocidos oficialmente por la Iglesia católica. Estos profetas son prueba del primor con el que Dios cuida del pueblo salvadoreño. Ojala escuchemos hoy su voz, que habla a través de sus profetas.
    8 min
  • Pronunciamiento: Ante la resolución judicial sobre el caso de la masacre en la UCA
    La justicia es un bien supremo que hunde sus raíces en la verdad y que constituye un baluarte para alcanzar la paz. Además de ser un principio fundante e inspirador de la Constitución de la República, es un valor de la fe cristiana: ningún seguidor de Jesús de Nazareth puede preciarse como tal si vuelve la espalda al clamor de quienes sufren injusticia, dolor, vejaciones, atropellos y abusos, y se goza de la mentira, la confrontación, la división, la intolerancia y la insolidaridad.
    Desde la misma ocurrencia del martirio de Elba, Celina y los seis sacerdotes jesuitas, tanto la UCA como la Compañía de Jesús han transitado un dilatado, complejo y sinuoso camino para que la verdad del crimen se conozca y se formalice dentro del sistema de justicia salvadoreño, habiendo enfrentado en cada proceso (penal o constitucional) y en cada instancia enormes obstáculos. Un paso en ese camino fue, por ejemplo, la presentación de una demanda, en el año 2000, para exigir que se hiciese justicia; otro, la petición de la reapertura del caso, en 2017.
    La Universidad siempre ha buscado que el caso sea conocido y resuelto en instancias salvadoreñas con la finalidad de que constituya un precedente que abra las puertas para que otros hechos igualmente execrables puedan ser enjuiciados en el país, sentando las bases para la construcción de un verdadero Estado democrático de derecho, en el que se reconozca, promueva y defienda la dignidad humana, piedra angular de los derechos humanos. En ese marco, el reciente fallo de la Sala de lo Constitucional —impuesta por el oficialismo— sobre la reapertura del caso solo ratifica lo que esta casa de estudios ha denunciado desde hace décadas: ha existido violación al debido proceso, pues sistemáticamente se ha bloqueado el acceso a la justicia, y se ha denegado el conocimiento de la verdad a través de la aplicación de distintos artilugios por parte de los funcionarios judiciales que en su momento han tenido participación en el caso.
    En este sentido, es lamentable que, pese al llamado ético que tienen los operadores del sistema de justicia de escuchar los intereses y necesidades de las víctimas, el inicio del proceso constitucional en el cual se ha vertido el fallo se haya realizado de manera sorpresiva y sin ninguna participación de los familiares de las víctimas, la UCA o la Compañía de Jesús. Es un completo despropósito que se haya presentado la demanda de amparo sin haber considerado directamente la palabra técnica y sobre todo ética de quienes más conocen del caso. No obstante, la UCA buscará participar en todas las instancias judiciales en que se aborde el martirio de Elba, Celina y los sacerdotes jesuitas.
    La UCA exige que el caso no se instrumentalice políticamente y que no se juegue con los anhelos y el sufrimiento de las víctimas; demanda que se respete el debido proceso, los derechos y garantías de todas las partes involucradas; y rechaza cualquier tipo de presión de actores externos sobre la instancia judicial. El caso de la masacre en la UCA puede constituirse en una primera respuesta al lamento de las víctimas de El Salvador, que en su mayoría no han obtenido verdadera justicia, sino resoluciones judiciales inmorales y tendenciosas.
    Por otra parte, la dignidad y testimonio martirial de Elba y Celina exigen que el caso se conozca como “Masacre en la UCA”, y no como lo presenta el fallo constitucional: “Masacre de los jesuitas”, pues esta denominación excluye la memoria de dos mujeres tan valiosas y dignas de justicia como los sacerdotes jesuitas martirizados; mujeres que en el violento desenlace de su vida reafirmaron el valor universal del amor y del deber de protección a los seres queridos.
    La UCA reafirma su compromiso con las víctimas de luchar por la justicia y la verdad. Lo hizo a costa de sangre durante los cruentos años de la guerra civil y lo continuará haciendo en esta época. Acompañar a las víctimas de violaciones a derechos humanos, a los pobres y marginados de la sociedad en la búsqueda de tales valores es el único camino hacia un El Salvador de hermanos que rechaza los abusos, egoísmos e impunidad de los poderosos y los violentos.
    6 min
  • Recordar a los pequeños
    En la historia abundan los olvidados. Los poderosos, sean millonarios, políticos o militares, tienden a olvidar a los débiles y marginados de nuestras sociedades. Y casi con la misma frecuencia, una alta proporción de la ciudadanía, al sentirse impotente ante los problemas que la rodean, busca refugio en el olvido, en la migración o en un desarrollo egoísta y poco solidario. Por eso, cuando comenzamos un año que deseamos sea feliz para todos, resulta indispensable recordar a los pequeños. Porque sin ellos no habrá nunca felicidad plena. Sin la posibilidad de una felicidad básica que alcance a todos, no habrá seguridad en la felicidad de nadie. Ni siquiera en la de los más poderosos.
    Los pequeños abundan en nuestro país. Los campesinos, depositarios y transmisores de cultura, tienen los peores salarios, las redes de producción más débiles y carecen de seguridad social. Los que se dedican al comercio informal están, mayoritariamente, en una situación parecida. Con los niños y niñas, a pesar de las frases laudatorias a la niñez, tenemos una enorme deuda. No puede ser que la mayor parte de las mujeres desaparecidas sean menores. O que la violencia se cebe desde la infancia en muchos de nuestros niños. El abuso a la mujer y la impunidad de muchos abusadores muestran la facilidad con la que olvidamos a los débiles y protegemos a los fuertes, que con mucha frecuencia son los más carentes de escrúpulos y los más violentos. En ese contexto, no es raro que los jóvenes tengan la tentación de asociarse en pandillas para responder desde la fuerza a una sociedad que los maltrata.
    Y si queremos llegar a los más olvidados, debemos considerar a los privados de libertad. La idea de castigo y venganza hace que muchas personas pierdan de vista que quienes están en nuestras cárceles son personas. En una sociedad que se considera cristiana mayoritariamente, resulta paradójico que muy pocos se acuerden de las palabras de Jesús cuando decía que “el que esté limpio de pecado tire la primera piedra” o “estuve en la cárcel y no me fueron a ver”. A muchos nos preocupa que a políticos y a gente conocida no se les conceda la presunción de inocencia o se les impida la visita familiar; es una verdadera violación de derechos humanos básicos. La presunción de culpabilidad y el maltrato a los detenidos si son pobres han sido una verdadera plaga en el país. La prohibición de la visita familiar lleva muchos años presente y ha sido un mecanismo de castigo generalizado, aprobado festivamente por casi todos los partidos. Los traslados sin información a las familias, los castigos físicos, la mala alimentación no son parte de la sentencia que priva de libertad; simplemente son abusos injustos aprobados por nuestro modo indiferente, o incluso vengativo, de ver a los reclusos.
    Recordar a los pequeños, a los siempre olvidados, a los débiles de nuestras sociedades, es la única vía que nos puede llevar a un desarrollo verdaderamente humano. El recuerdo solidario y compasivo nos hace humanos. El olvido de los pobres nos lleva a repetir los errores que conducen a la creación de sociedades violentas, con poca capacidad de impulsar proyectos de realización común. El poeta hondureño Roberto Sosa decía que “los pobres son muchos, y por eso es imposible olvidarlos”. Pero en esta sociedad nuestra que absolutiza el consumo y el individualismo, buscamos la manera de no verlos, aunque estén tan cerca como la comunidad La Cuchilla lo está de los condominios caros que están al otro lado de la calle que los separa. Cuando un año comienza, comprometerse con ver, escuchar, recordar y actuar en favor de los olvidados de siempre es la única manera posible de ser sinceros con la felicidad que se dice desear. Porque la felicidad, o llega a todos, o no es verdadera.
    6 min
  • Un trabajo nefasto
    En una entrevista radial sobre la actual Asamblea Legislativa, el rector de esta casa de estudios calificó de nefasta la labor realizada por la bancada cyan y sus aliados. Como era de esperarse, representantes de Nuevas Ideas y de GANA, amplificados por sus seguidores y cuentas troles, vertieron de inmediato descalificaciones y acusaciones infundadas sobre el rector a través de las redes sociales. Acusaciones que bien pueden ser consideradas ataques a la libertad de expresión, difamaciones y daño al honor, y que podrían ser objeto de demanda. Pero más allá de ello, es importante ahondar en los porqués del calificativo “nefasto”.
    De acuerdo al diccionario, “nefasto” tiene dos significados: “que causa desgracia o va acompañado de ella” y “que es extraordinariamente malo”. Siendo así, el término calza a la perfección con lo que ha hecho la bancada cyan al romper el orden constitucional para destituir a los magistrados de la Sala de lo Constitucional y nombrar en su reemplazo a personas obedientes al Ejecutivo. Ese hecho (avalado por los diputados de GANA, PDC y PCN) y las posteriores reformas a la ley judicial y a la ley de la Fiscalía General de la República han causado un grave daño, una profunda desgracia a la sociedad salvadoreña: han dejado al sistema judicial en manos de personas sin escrúpulos, sin honradez notoria, dispuestas a juzgar no de acuerdo a las leyes, sino según los intereses de un partido y del presidente de la República.
    También es una desgracia para el país que no se persiga la corrupción de los funcionarios del actual Gobierno. Con la aprobación de la “ley Alabi” se extendió un manto de impunidad sobre las transacciones indebidas que, en el marco de la emergencia nacional por la pandemia, enriquecieron a diversos funcionarios y sus familias. Una Sala de lo Constitucional independiente hubiera declarado inconstitucional esa ley, porque ningún Gobierno puede autoaministiarse y porque se impide a la población saber a ciencia cierta qué pasó con los fondos públicos, en qué se utilizaron, si fueron debidamente administrados o, por el contrario, fueron a parar a los bolsillos de empresarios y funcionarios corruptos.
    Extraordinariamente malo para El Salvador ha sido aprobar la Ley Bitcoin y destinar más de 200 millones de dólares para su implementación cuando nuestra gente tiene tantas demandas urgentes insatisfechas y en su gran mayoría rechaza el uso del bitcoin como moneda de curso legal. Igualmente nefasto es haberle quitado a los municipios una gran parte de los fondos que recibían a través del Fodes, poniendo fin a lo poco que se había avanzando en materia de descentralización, un factor clave para fortalecer a las alcaldías, que son las que mejor conocen las necesidades de desarrollo de los habitantes de los municipios. Se suma al inventario la aprobación de la Ley General de Recursos Hídricos, la cual no contempla la protección de las cuencas hídricas y la participación ciudadana, dos elementos fundamentales para garantizar el derecho al agua. La Ley, además, niega estatuto especial a las juntas de agua, conformadas por ciudadanos, mientras permite concesiones privadas de hasta mil metros cúbicos diarios por 15 años a los desarrolladores de complejos residenciales.
    La lista de acciones nefastas de la bancada cyan es mucho más larga. El conjunto de todas ellas ha dado un poder absoluto a la Presidencia de la República. Un poder que el Ejecutivo ha utilizado para continuar en su deriva autoritaria, lo que ha socavado la confianza de la comunidad internacional en El Salvador, afectando incluso la calificación crediticia nacional, que ha llegado a su nivel más bajo de la historia reciente. Por todo ello, la gestión tanto de los diputados oficialistas como del Gobierno será recordada como triste, funesta, una verdadera desgracia para el país.
    6 min
  • Que la realidad nos grite al oído
    “Más que los actos, son las palabras las que debemos hacer concordar. ¿Cómo pretendéis que la gran masa de una nación pueda juzgar si su gobierno se guía por la lógica? Basta con decirles que es así”.
    Maquiavelo, de Maurice Joly
    Recurrir a los autores clásicos siempre nos ayuda a comprender lo que acontece en el país. En esta ocasión Maurice Joly nos permite analizar tres puntos: la desconexión de la realidad del presidente, el mito de las jugadas maestras y la consolidación de la dictadura.
    1. Desconexión con la realidad y la “cosificación” del presidente
    Como bien dice el Maquiavelo de Maurice Joly, los pueblos y los hombres en los distintos tiempos se han contentado con palabras y les basta con las apariencias. Tanto así, dice Maquiavelo, que a los gobernantes les “es posible crear instituciones ficticias que responden a un lenguaje y a ideas igualmente ficticias” que el pueblo termina creyendo que son verdades. El sábado 20 de noviembre en la playa Mizata, en La Libertad, Bukele sacó de su sombrero de mago la llamada “Bitcoin City” que, según sus palabras, planea construir alrededor del Volcán de Conchagua. Antes ya había sacado del mismo sombrero la construcción del Hospital para mascotas “Chivo Pet”. Bitcoin City es una ficción de gran proporción que nos hace pensar que el presidente se ha desconectado de la realidad que vive el país. Y aquí nos referimos a esa realidad que le gritan a Bukele los desaparecidos desde las fosas clandestinas de Nuevo Cuscatlán, Chalchuapa y Lourdes por mencionar las descubiertas recientemente. También es la misma realidad que le gritan los migrantes irregulares salvadoreños detenidos en la frontera sur de los Estados Unidos y las familias desplazadas forzosamente por el control territorial ejercido por las pandillas.
    En Mizata, Bukele se dirigió a su club de alabanza, conformado en su mayoría por extranjeros (bitcoin bros), y presentó su gran apuesta (Bitcoin City) que salvará a la humanidad, según sus palabras. En ese discurso en inglés -como parte del cierre de la semana del bitcoin- Bukele se convirtió en un producto de marketing, en una marca, o mejor dicho, en una cosa. Al presidente se lo devoró o engulló su misma propaganda política y lo convirtió en una especie de marioneta de las empresas que están detrás del negocio del bitcóin a nivel internacional. Al final de su discurso, Bukele presentó al CEO de la empresa Blockchain para que explicara el plan financiero que tienen entre manos, así como el funcionamiento de la emisión de los “bonos volcán”. Nada de ese proyecto es viable ni de beneficio para las mayorías pobres del país, todo es pura ilusión. ¿A quién le habla el presidente cuando lo hace en inglés? ¿Por qué oculta información? ¿Por qué esconde sus proyectos si son de beneficio para todos los salvadoreños? La única respuesta es que todo es mentira y engaño. Bukele usa el bitcóin como sombrero de mago del cual sacará cualquier proyecto ficticio que le sea de utilidad para mantener a las masas “encantadas” con una falsa prosperidad.
    2. El mito de las jugadas maestras
    Parte del mito creado alrededor de Bukele, que es repetido por sus seguidores, es que el presidente es un hombre que piensa fuera de la caja (“Out of the Box¨) y que todas sus acciones son una especie de “jugadas maestras”. Todo esto no es más que una estrategia de comunicación política de los organismos de propaganda del Gobierno que se encuentran en los manuales que siguen y aplican los líderes populistas. Al respecto de la creación de estos “super poderes” atribuidos al líder, dice Maquiavelo: “Por lo tanto, deseo que las diversas fases de mi política sean presentadas como el desenvolvimiento de un pensamiento único en procura de un fin inmutable. Cada suceso previsto e imprevisto tiene que parecer el resultado de una acción inteligentemente conducida [...] El acontecimiento último será presentado como la conclusión lógica de todos los anteriores.”. Cualquier acción del presidente será presentada -por sus organismos de propaganda- como una gran jugada maestra en beneficio del pueblo. Aquí nuevamente la realidad terminará gritándole al oído de la población que no se dejen manipular ni desinformar por charlatanes de la comunicación política cuyo único afán es destruir el país y concentrar el poder político para satisfacer sus ambiciones e intereses económicos.
    3. La dictadura no descansa en su afán de concentrar todo el poder y de establecer un pensamiento único
    Ante la pregunta de ¿Qué hacer para consolidar el poder? Maquiavelo dice: “Deberá en primer término dedicarse a destruir los partidos, a disolver, dondequiera existan, las fuerzas colectivas, a paralizar en todas sus manifestaciones la iniciativa individual; a continuación, el nivel mismo de temple decaerá espontáneamente y todos los brazos así debilitados, cederán a la servidumbre”. Dos días después de la fiesta del bitcoin en Mizata, la FGR y la PNC desataron la persecución polìtica a oenegés de la sociedad civil y allanaron sus instalaciones, se discute la Ley de Agentes Extranjeros que ya ocasionó el retiro de algunos cooperantes internacionales, se aprueba la ley que facilita la expropiación de inmuebles por parte del Estado, se destruyen instituciones que buscaban la descentralización de fondos y proyectos para municipalidades y se concentra el manejo del Fodes en una instancia que será dirigida por el Ejecutivo. Sin lugar a dudas lo que está en marcha es el aniquilamiento de las fuerzas colectivas e individuales y el desarrollo de la preponderancia del Estado en todos los ámbitos de la sociedad. Es decir, en la consolidación de una dictadura. Ojalá estos hechos griten al oído de las masas de que el país va aceleradamente en la dirección incorrecta.
    9 min

About Editoriales y Opiniones

From the publisher's feed

Editoriales y Opiniones de la UCA que se emiten vía YSUCA, 91.7FM y en línea www.ysuca.org.sv.