Imaginemos la península ibérica hace 850.000 años. No es la España de climas
mayormente mediterráneos que conocemos hoy. El mundo está inmerso en una era
glacial, con ciclos climáticos que oscilan entre fases más templadas y otras brutalmente
frías. En este contexto, la Sierra de Atapuerca, en lo que hoy es la provincia de Burgos, no
es una sierra boscosa, sino una karstificación activa, un sistema de cuevas y galerías en
formación, que se erige como una atalaya estratégica en un paisaje abierto, una sabana
europea salpicada de bosques de ribera.