Hoy vamos recuperar testimonios de personas con talla baja y vamos a compartir con ellos su día a día pero también vamos a conocer sus miedos, sus vivencias y cómo con el paso del tiempo estas personas pueden intentar que su discapacidad no les condicione la vida. Ellos se esfuerzan y sus familias también pero todavía hay miradas que duelen.
Joan y Ana tienen acondroplasia, es decir que sus extremidades son más cortas de lo normal entre otras cosas. Su talla baja les ha obligado a adecuar el mobiliario de su casa como me muestran. Pero también se han sentido discriminados cuando intentaron adoptar a un niño porque su estatura condicionó desde el principio y al final no tuvieron esa posibilidad. No es fácil vivir en un mundo de grandes siendo bajitos.
Hemos escuchado a Joan y Ana, cuando ellos nacieron, nadie sabía muy bien qué les pasaba ni por qué tenían una talla más baja. Ahora, las cosas han cambiado mucho. Ahora los padres de niños con acondroplasia tienen referentes y hay médicos a los que acudir y valorar si procede una elongación según cada caso. Escuchamos a algunas mamis y a una de las primeras mujeres elongadas.
La medicina, los accesorios, sociedad en general va cambiando para bien pero todavía falta educación para evitar que nadie con acondroplasia se sienta ofendido por una mirada o una burla por su estatura. Porque esta discapacidad es la única que todavía produce risa y no debería ser así.