Me uno al ensayo de una obra de teatro muy especial porque estos hombres y mujeres no son actores pero sí que son los protagonistas de las vidas que con valentía cuentan en escena. Vidas crueles, muy duras, que relatan en clave de humor. Lo peor ya pasó, dejaron la calle, las drogas y una vida llena de momentos que sólo ahora pueden recomponer sin dramatismo, buscándole la chispa, dándole la vuelta a lo vivido para arrancar sonrisas.
Esta es la fórmula del dramaturgo José María Peña que está rasgando las vestiduras de estas personas para que saquen lo mejor de sí en el teatro. Precisamente, uno de los integrantes que disfruta pintando cuadros le comenta al director que "eso fue lo que me gustó y me convenció, que lo íbamos a contar con humor y sin dramas y por eso me gusta tanto estar aquí". Cada una de estas personas ha vivido su propia película y todos coinciden en el Centro Amigo de Cáritas en Sevilla dónde viven y participan de actividades como ésta que existe gracias al fondo social de la SGAE.
En un descanso, cuando les pregunto si tienen un nombre, de forma casi espontánea se decide que se llaman Teatro Menguante porque como cada vez somos menos, este es el teatro menguante dice con humor José María Peña. El humor es una herramienta estupenda para hablar y contar cosas que duelen si no se enfocan así. Me confiesa Peña que él está aprendiendo mucho y que ahora ve de otra manera a las personas que hay en la calle. Aparece la persona que hay detrás porque todos tienen historias más o menos duras como los artistas de esta obra. Y emociona escucharles porque son supervivientes de su propia vida.
El teatro es terapéutico, sobre todo para personas con vidas tan intensas que luchan por salir adelante y superar sus propias circunstancias a diario. Ahora cuentan con el apoyo necesario para empezar de nuevo y el teatro es perfecto para soltar lastre y mirar hacia atrás, ahora sí, con una sonrisa.